Seamos libres, y lo demás no importa nada”
Ante un nuevo 17 de agosto, aniversario del paso a la inmortalidad del General José de San Martín, es de gran trascendencia traer al presente la semblanza y el legado de este gran revolucionario, nuestro Padre de la Patria y Libertador de América.
Hoy, como entonces, la Patria está en peligro, y rescatar su figura y su obra resulta imprescindible, porque nos ayuda a restablecer la dignidad, el honor y el amor por la Argentina; a recuperar nuestros sueños colectivos inconclusos y ubicarlos en el lugar que les corresponde, ese que nunca debemos abandonar.
Excepcional jefe y estratega militar, San Martín fue también un político brillante, con un proyecto para todo el continente americano. Comprendió que la dominación colonial constituía el eje central de los males que aquejaban a los pueblos de América. Su ejemplo de lucha por la libertad, la emancipación y la independencia de estos pueblos, sometidos al yugo feroz de las potencias imperiales de su tiempo, constituye un legado fundacional siempre vigente que jamás debemos olvidar.
En aquella expresión con la que arenga a su ejército, nuestro Libertador deja un claro mandato: “Cuando la Patria está en peligro, todo está permitido, excepto no defenderla”.
En la Argentina actual, donde enfrentamos al gobierno de Milei, sus secuaces y sus socios afines de adentro y de afuera, y sus intentos exacerbados por entregar el país, nuestras tierras y nuestros territorios a los extranjeros, aquel mandato vuelve a cobrar plena vigencia: “Todo está permitido, excepto no defenderla”, frente a los enemigos exteriores e interiores.
Nuestro General San Martín asumió también la defensa y la lucha por la construcción de una industria nacional, por la educación y por la tierra comunitaria.
¿Qué diría hoy de los desalojos forzosos o de las leyes indignas que promueven Milei y sus socios para quitarles las tierras a los pueblos originarios, a quienes él consideraba dueños de este territorio?
San Martín decía: “La patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes, ni le da armas para que cometa la bajeza de abusar de estas ventajas, ofendiendo a los ciudadanos con cuyos sacrificios se sostiene…”. ¿Qué pensaría hoy de las fuerzas de seguridad y defensa reprimiendo a jubiladas y jubilados, así como a toda expresión que se manifieste en las calles en oposición a los planes de ajuste, entrega y feroz saqueo a los que han sometido a nuestra Patria?
Sobre la Guerra del Paraná, expresaba nuestro Libertador: “…en mi opinión es de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de España”. Y, por si cabe alguna duda, entrega su sable a Rosas por la defensa y el triunfo ante las dos potencias europeas más poderosas de entonces, Francia e Inglaterra, que pretendían circular por nuestros ríos como si fuesen suyos y no pertenecieran a todos los argentinos y argentinas, quienes supimos propiciar su derrota para proclamarnos soberanos de nuestra Patria.
Al entregar su sable, lo hace “como prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarnos”.
¿Qué haría hoy el General San Martín, que acuñó aquella frase “Seamos libres, y lo demás no importa nada”, viendo que acaban de entregar por treinta años a empresas extranjeras nuestro río Paraná, nuestra puerta de entrada y salida, sabiendo que es allí donde los pueblos se hacen “esclavos en la entrega” o “naciones libres” en su recuperación?
Diría, como entonces, firmemente: “Lo que no puedo concebir es que haya americanos que, por un indigno espíritu de partido, se unan al extranjero para humillar a la patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en el tiempo de la dominación española…”
Porque la economía y la política no son, como fanáticamente expresa el presidente Milei, una “cuestión de mercado”. La política y la economía deben forjar el camino hacia nuestra plena soberanía nacional y la felicidad del pueblo, avanzando hacia una segunda y definitiva independencia que permita conquistar nuestros sueños fundacionales: los sueños colectivos inconclusos.
Como dijo el General San Martín: “Un día se sabrá que esta patria fue liberada por los pobres y los hijos de los pobres, nuestros indios y los negros, que ya no volverán a ser esclavos de nadie”.
Los hombres y las mujeres somos hijos e hijas de nuestro tiempo. San Martín fue protagonista del suyo. Hoy nos toca a nosotros protagonizar el nuestro porque, parafraseando a nuestro Libertador de América: ¡los argentinos no somos empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca!
¡Viva el General San Martín!
¡Viva la Patria!
¡La Patria no se vende, se defiende!
