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Argentina y los BRICS: un orden mundial en movimiento

Desde el primero de enero del 2024, Argentina junto a otros países formaran parte del grupo de los BRICS compuesto actualmente por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Esta iniciativa reagrupa a los mercados emergentes, proyectados a dominar la economía para el 2050, basados en la gran población, su extensión territorial, recursos humanos y concentración del PBI.

Inicialmente el bloque estaba compuesto por Brasil, Rusia, China e India siendo incorporada Sudáfrica en el 2011. Además de Argentina, en el 2024 se incorporarán Arabia Saudita, Egipto, Emiratos Árabes, Etiopía y la República Islámica de Irán, lo que implica un cambio en el escenario geopolítico. En ese marco ¿Cuál es la influencia geopolítica de los BRCIS?, ¿Qué implica el ingreso para Argentina?, y ¿representa un cambio de orientación en la política exterior alinearse dentro este bloque?. 

El nacimiento de los BRICS

La crisis financiera desatada en el 2008 como consecuencia del estallido de la burbuja inmobiliaria removió los cimientos de un orden mundial devenido tras la Segunda Guerra Mundial liderado por Francia, Estados Unidos y Gran Bretaña. La consolidación de estos países y otros en la geopolítica mundial se consolidó mediante organismos internacionales como el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el G-7, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio.

Esta crisis conllevo una parálisis en las economías centrales, que prácticamente vieron estancarse sus PBI y que en simultáneo, fueron ganando peso las economías denominadas emergentes, que a partir de su crecimiento económico primero, y su capacidad de influencia política después, comenzaron a plantear nuevos desafíos, mostrándose críticos de la arquitectura financiera y proyectaron lineamientos multipolares para superar a las potencias reagrupadas en el G7: Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido.

En julio del 2015 Putin afirmó “Los países BRICS son los futuros líderes del mundo”, a pesar de que la sigla fue utilizada por primera vez en el 2001, por Jim O’Neill un ejecutivo del banco norteamericano Goldman Sachs en un artículo titulado a “Building Better Global Economic BRICs” haciendo un juego de palabras con las iniciales de los países y del homónimo de ladrillo brick,
esbozando la idea de que estos países serían los pilares de la nueva economía global.

Actualmente los BRICS representan el 42% de la población mundial, el 23% del PBI y el 17% del comercio, ubicando a cuatro de sus miembros entre las diez economías más grandes del planeta -China (2), India (3), Rusia (6) y Brasil (7).

En la actualidad China es considerada la economía más importante del grupo, representando más del 70% del poder económico colectivo, seguido por la India con un 13%, Rusia y Brasil cada uno con aproximadamente el 7%, y finalmente Sudáfrica con un 3%. Por lo tanto, si bien no se trata de una alianza de libre comercio, la principal fortaleza de este bloque radica en la asociación establecida entre la primera economía del mundo China y el principal proveedor de energía Rusia. En el caso de India se presenta como una de las principales potencias económicas según exportación de recursos naturales y cereales. Por su parte Brasil es uno de los principales actores en el mercado agroalimentario y Sudáfrica se consolida en un rol clave, el de aprovisionar de metales y minerales para usos tecnológicos.

Implicancias de la incorporación argentina

El presidente Alberto Fernández en el anuncio de la incorporación declaro que se incrementaran: “las posibilidades de abrir nuevos mercados, de consolidar los existentes, de favorecer los flujos
de inversión creando empleo, de aumentar las exportaciones y de desarrollar la aplicación de nuevas y mejores tecnologías”.

Es necesario resaltar que los BRICS son un acuerdo del tipo estratégico, y no de una alianza de libre comercio, por lo que el ingreso no repercute en un beneficio económico directo, ni en la reducción de aranceles o confluencia regulatoria para reducir costos (como si lo hace el Mercosur). No se trata de una integración de mercados, sino de una alianza de gobiernos lo que facilita la toma de decisiones en conjunto y proyectos específicos.

En el caso de Argentina su principal fortaleza dentro de los BRICS esta dada por el rol que ocupa dentro del sistema internacional, su capacidad para proveer de soja y otros cereales, junto con recursos estratégicos como el gas natural, el gas de esquisto, distintos minerales y, especialmente el litio. Además, Argentina posee un capital científico plenamente consolidado, entre otros aspectos, con especialización en biotecnología y en tecnología logística aplicada.

La participación de los BRICS en el comercio exterior argentino oscilo entre el 20% y el 30% del total exportado. Para cuatro provincias, el principal socio comercial y el primer destino de las ventas al exterior es Brasil (Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, La Rioja), pero para ocho es China (Jujuy, Santiago del Estero, Formosa, Chaco, Catamarca, Entre Ríos, San Luis y La Pampa).

En el caso de San Juan y Santa Fe el principal socio comercial es la India. El 30 por ciento de las exportaciones argentinas se dirige a los BRICS, donde la India es el principal comprador de maíz y de aceite de soja. China representa un mercado clave para la carne, y el poroto de soja; y Brasil concentra la mayor demanda de cebada y en segundo plano de maíz.

Entre la cooperación sur-sur y el mundo post-occidental

Argentina se incorporará al grupo de los BRICS, conformado para contrarrestar el peso de Estados Unidos en el sistema internacional, siendo clave la presión ejercida por China. Esta ampliación del bloque transita en un mundo atravesado por la invasión rusa a Ucrania, la disputa entre China y Estados Unidos por la hegemonía del sistema internacional y a nivel doméstico una crisis financiera consecuencia de la dependencia de la balanza de pagos doméstica al Fondo Monetario Internacional. Por lo tanto, ¿el ingreso a los BRICS implica un cambio en la orientación de la política exterior?

Los BRICS perciben una mirada reacia por parte de Estados Unidos y de la Unión Europea, ya que la estrategia geopolítica radica en la búsqueda de un reequilibrio en el poder mundial, dominado por el G7, donde se reúnen las principales economías industrializadas de occidente. Según Tokatlian “desde el siglo XVIII predominaron los valores, creencias, y las instituciones de occidente, lo que estamos viendo ahora es el tránsito hacia un mundo post- occidental. Por lo que el centro de gravitación del mundo se mueve hacia el Este y hacia el Sur, (…) convirtiendo la creciente influencia de China no en un desafío ideológico, sino material”.

La posible transición hacia un mundo post-occidental pone en el centro la estrategia de China, por lo que no se trata únicamente de la exacerbación de la pugna entre Washington y Beijing, sino del “hecho de que Occidente, o sea Estados Unidos y la Unión Europea, ha iniciado un proceso selectivo de desacople parcial (EEUU) y de distanciamiento paulatino (UE) respecto a China. Ello, a su turno, reimpulsa la dimensión Sur de la proyección de Beijing. La Repúblical Popular China ya no es del Sur; en realidad es el epicentro de un segundo Norte aún difuso y complejo que compite con el Norte clásico (Occidente liderado por Washington) en un contexto de reubicación del centro de gravedad mundial en Asia. Estamos ante dos modelos de capitalismo: lo que no puede emularse con lo que fue la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética.” J.G Tokatlian, revista DanGai.

Además, como consecuencia de la ampliación, los BRICS fortalecerán lazos con instituciones no ligadas a Estados Unidos, como la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), la OPEP y la
Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI). La asociación también tiene estrechos vínculos con bloques comerciales regionales como la ASEAN, el Mercosur, el CCG (Consejo de Cooperación del Golfo),
la Unión Económica de Eurasia (UEEA), la Zona de Comercio Árabe, la Zona de Libre Comercio Continental Africana, el ALBA, la SAARC y la Asociación Económica Integral Regional (RCEP), el mayor acuerdo comercial del planeta.

El debate no concluye únicamente los términos de un mundo post-occidental o de cooperación sur-sur, sino en los márgenes de autonomía y desarrollo que logrará Argentina ingresando a los BRICS. Si se tiene en cuenta que China, Brasil e India son los principales socios comerciales de Argentina, no es irrisorio pensar su ingreso a los BRICS. Tampoco si se tiene en cuenta el capital financiero, y de recursos naturales que Argentina posee. Sin embargo, su ingreso debe ser enmarcado en la dependencia del sistema financiero argentino al FMI y la búsqueda de nuevas formas de financiamiento, como es el caso de los SWAP. Además, parte del BRICS son el Nuevo Banco de Desarrollo (NDB) y el Acuerdo sobre Reservas Contingentes (CRA) creados en 2014.

Si bien las posibilidades de crecimiento dentro de los BRICS parecen innegable, la dicotomía sobre cuál debe ser el marco de alianza en el sistema internacional divide aguas. Durante la reciente Cumbre de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina (AmCham 2023) Patricia Bullrich, destacó que en caso de ser ella la nueva presidenta, Argentina “no irá a los BRICS” porque su principal marco de alianza sería con Estados Unidos, Europa Occidental e Israel.
En esa misma línea Javier Milei afirmó que “nosotros no nos vamos a alinear con comunistas”.

La incógnita de la incorporación de Argentina al bloque se mantiene abierta, y no habrá ninguna resolución hasta las elecciones presidenciales de octubre.

El manifiesto de ampliación de los BRICS se sustenta a favor del multilateralismo como un factor de inclusión de los países al escenario internacional, defiende diferentes organismos como la ONU, OMC ( y por lo tanto el libre comercio), el FMI y otros espacios de gobernanza global de los que varios miembros de los BRICS forman parte. Por lo tanto, es posible deducir que los BRICS no se presentan con la voluntad de romper con el actual orden del escenario internacional, y que a pesar de incluir a China, se encuentran alineados dentro del marco de normas internacionales basados en valores occidentales.

En lo que respecta al plano económico, la agenda de desarrollo de los BRICS propone una alianza para el crecimiento mutuamente acelerado (partnership for mutually accelerated growth) partiendo desde un punto clave de disidencia: no todas las economías mantienen los mismos niveles de crecimiento, por lo que plantear la idea de un crecimiento mutuo acelerado esconde la relación de complementariedad que existe entre las diferentes economías, diferencia que se sustenta en la división internacional del trabajo.

En un contexto internacional en el que Estados Unidos y Europa se plantean una autonomía estratégica abierta o, de política industrial, existe un fuerte control sobre la cantidad o la composición de las importaciones. Plantear la ampliación de los BRICS como el fortalecimiento de la cooperación sur-sur o en términos de win-win, oculta la idea de complementariedad de las economías, en las que para que una economía se desarrolle (como es el caso de China) debe complementarse con una economía que le provea de los recursos necesarios (como es el caso de Argentina). Esta relación de complementariedad se ve reflejada en la dependencia de la balanza de pagos de la economía exportadora en recursos primarios, en la falta de industria de valor agregado, y en la necesidad de encontrar formas de financiamiento en organismos como el FMI o mediante mecanismos como el SWAPS.

La agenda de desarrollo económico es, en realidad, una agenda de crecimiento de determinados países, sustentada en el comercio internacional y en la explotación de las ventajas comparativas.

En lugar de incrementar los márgenes de autonomía estratégica de los países, los BRICS ponen a China en el centro, cristalizando capacidades productivas y exportadoras de mayor valor añadido en el gigante asiático que en el resto de sus socios y, como consecuencia limitando en estos últimos las posibilidades de un desarrollo económico basado en la creación de mayores y mejores capacidades productivas.

Según datos de la UNCTAD, China es el primer socio comercial de cinco de los BRICS (Arabia Saudí,
Brasil, Irán, Rusia y Sudáfrica); el segundo de otros tres (Argentina, Emiratos, India). Estados Unidos, por su parte, es primer o segundo socio comercial de seis de estos países, China entre ellos. A China se exportan productos agrícolas (Argentina, Brasil) y energéticos (Arabia Saudí, Emiratos, Rusia), metales preciosos (Emiratos, Sudáfrica). Además, también se comercializan productos químicos para la manufactura con plásticos (Irán) o servicios de telecomunicaciones
(India), de modo que China pueda ser el primer productor y exportador mundial de productos de consumo y otras manufacturas que el conjunto del planeta, en general, y sus socios BRICS+, en particular, necesitan.

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