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HISTORIA

El sable de San Martín y el sable de Mansilla

Hace algún tiempo visité el Museo Histórico Nacional. Con emoción enorme, recorrí una sala donde están expuestos los sables de algunos de los patriotas de la Independencia.

Al fondo de la sala y custodiado por los granaderos, está el sable corvo de San Martín. Ese sable corvo, qué más que sable es un shamsir, un alfanje o sable persa, acompañó a San Martín en toda su campaña libertadora menos, quizás, en el combate de San Lorenzo. El sable o espada que usó en este combate, puede que lo haya regalado a su edecán Lamadrid, en su estadía al mando del Ejército del Norte.

En los artículos sobre el traslado del sable desde el Museo Histórico Nacional, no se ha tomado en cuenta que, en el otro extremo del salón de los sables, está el que perteneciera a Lucio Norberto Mansilla, quien comandó los combates y batallas de la Vuelta de Obligado, el Tonelero, el segundo combate de San Lorenzo y la Angostura del Quebracho, en la Guerra del Paraná. Todo un símbolo esos dos sables, uno frente al otro: el sable de la Guerra de Independencia y el sable de la Guerra del Paraná, esta última tan importante como la anterior, desde el punto de vista del Libertador.

Cuando visité el Museo, un docente estaba explicando a sus alumnos, futuros docentes, que el sable sanmartiniano fue cedido a Rosas por su defensa del río Paraná ante las pretensiones y la invasión anglo-francesa, y que el sable de Mansilla había dirigido esa defensa. Esa relación entre los dos sables y la relación entre independencia y defensa del río Paraná en manos nacionales, es lo que quiere romper el gobierno de Milei, entreguista y cipayo.

Además de manosear y transformar el sable del Libertador en un juguete desvalorizado en sus maniobras antinacionales y antipopulares.

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