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ACERO HISTORIA SOBERANÍA

Fray Luis Beltrán dio alas a la Independencia

Por Sergio Juan Coppoli

Después de la sorpresa y desastre de Cancha Rayada, el Ejército de los Andes había perdido gran parte de su armamento, municiones, casi toda la artillería y el puesto de comando con sus mapas y planes. Cundía el desaliento, y el optimismo surgido a partir de la victoria de Chacabuco se había diluido casi por completo. Muchos patriotas, llamémoslos así, habiendo perdido las esperanzas, escribieron al jefe del ejército realista, general Osorio, jurando fidelidad al rey, intentando salvar sus vidas de posibles represalias.

En una reunión del Estado Mayor, discutiendo sobre las posibilidades de enfrentar al ejército realista, se evaluaba la pérdida y consecuente escasez de armamento y la falta de municiones suficientes. San Martín se dirigió al Capitán Luis Beltrán, más conocido como fray Luis Beltrán, aunque había dejado los hábitos, y le preguntó cómo estaban de municiones. El fraile miró a los oficiales expectantes de su palabra, observó detenidamente la sala donde estaban, y muy seguro de sí mismo señaló una línea imaginaria cercana al techo, contestando que podrían llenar la habitación hasta esa altura. Esta respuesta llenó de júbilo a la oficialidad reunida: podían presentar batalla teniendo municiones suficientes para enfrentar al enemigo. El buen fraile salió disparado hacia los talleres de la maestranza para comenzar, a marcha forzada, la fabricación de munición, fusiles y cañones para recuperar lo perdido. Niños, mujeres y ancianos fueron reclutados masivamente y trabajaron día y noche. Fruto de este esfuerzo, para la batalla decisiva de Maipú, dos semanas después, el ejército patrio tenía su parque recuperado, la munición abundante y la victoria fue total. Quizás nunca sepamos si hubo un acuerdo previo con San Martín para generar optimismo o fue iniciativa de Beltrán mentir a la oficialidad y, quizás, al propio general San Martín, ocultando la situación desastrosa.

Lo cierto, es que el capitán Luis Beltrán no se preguntó si era posible reconstruir lo perdido, consideró que era imprescindible hacer posible lo necesario y basándose en las fuerzas propias y en los sentimientos patrióticos, movilizar al pueblo para resolver la situación.

Dice Bertold Brecht:

“El joven Alejandro conquistó la India.

¿Él sólo?

César venció a los galos.

¿No llevaba siquiera a un cocinero?”

Podemos agregar:

San Martín cruzó los Andes y liberó a Chile y Perú.

¿Nadie cruzó con él?

San Martín realizó la hazaña acompañado por miles de protagonistas, hombres y mujeres que hicieron su parte con esfuerzo, valor y patriotismo. Llevaba baqueanos, cocineros, arrieros. Muchas mujeres, cosieron uniformes y banderas; un molinero transformó su molino en batán para preparar las telas para los uniformes; Andrés Tejeda era el molinero, inventor, mecánico, había diseñado alas de cuero para volar y es considerado un precursor de la aviación argentina. Con él, San Martín discutía quién tenía el proyecto más loco, si San Martín cruzando los Andes con un ejército o él, que construía alas artificiales para remontar el vuelo. Es de considerar que ambos lo lograron. Tejeda logró volar unos cincuenta metros lanzándose desde la altura de su molino, dicen unos; de una iglesia, dicen otros. Finalmente cayó y se rompió las piernas. Afortunadamente, San Martín tuvo más vuelo. Y finalmente, contó con el genio de un fraile, que dejó los hábitos para poder luchar por la patria y, parafraseando al propio Beltrán, que decía que si era necesario los cañones tendrían alas, puso alas al ejército que se formaba en El Plumerillo.

Cuando tras la revolución de mayo debieron ponerse en pie los ejércitos de la independencia, armarlos y pertrecharlos era urgente. Estaban disponibles las viejas armas de los cuerpos coloniales, las armas quitadas a los ingleses en las invasiones, el ingenio popular construía armas improvisadas: lanzas de caña tacuara con chuzas hechas con cuchillos y sables rotos. Pero era necesario más, mucho más.

Una fábrica de armas blancas se creó en Colonia Caroya, para abastecer al Ejército del Norte. Allí se forjó, entre otros, el sable de Artigas. En Tucumán se creó una fábrica de fusiles y cañones, cuya calidad mejoró cuando Belgrano encargó al barón de Holmberg su dirección. Más tarde, en su breve período al frente del Ejército Auxiliar al Alto Perú, San Martín instaló el campamento de la Ciudadela en San Miguel de Tucumán, antecedente directo de El Plumerillo, donde se formó a la oficialidad y se intensificó la fabricación de armas.

Para la guerra gaucha, en Tastil, localidad de la Quebrada del Toro, donde actualmente circula el famoso tren de las nubes, y en Casabindo, localidad de la puna jujeña, se instalaron fábricas de pólvora a cargo del coronel Fernández Campero, marqués de Yavi. Proveían a las no muy numerosas armas de fuego de los gauchos de Güemes, pero les daba ventajas por su superior calidad.

En sus conversaciones con Belgrano, Güemes, Tomás Guido y quizás Enrique Paillardelle, militar francés que participó en las expediciones al Alto Perú, San Martín fue diseñando su plan continental. Este no implicó dejar de lado el camino del Alto Perú hacia Lima, sino un doble camino, un avance en pinzas sobre la sede del poder español en América.

Entre Buenos Aires y Lima, hay más distancia que entre París y Moscú y los caminos hacia Lima eran caminos difíciles.

El del Alto Perú, implicaba combatir en grandes alturas. Por ejemplo Vilcapugio, donde es derrotado el ejército patrio, es una pampa ubicada a 4.200 metros sobre el nivel del mar. Estas alturas implicaban una gran dificultad para usar los caballos y escasa provisión de agua. Además, se debía enfrentar a tropas realistas numerosas y aguerridas.

San Martín confió en las masas para sostener una guerra defensiva que ya había comenzado Belgrano y siguieron Güemes y las republiquetas, donde se destacaron Juana Azurduy, el Moto Méndez, Muñecas, entre otros. Pero el plan preveía que, después del cruce de los Andes y desde Chile, cuando el Libertador iniciara la expedición hacia el Perú, Belgrano y Güemes, con el Ejército del Norte y las milicias gauchas, emprenderían la ofensiva, completando una maniobra de pinzas. Esto no pudo ser, el Ejército del Norte fue llamado desde Buenos Aires para la lucha contra los caudillos litoraleños y tras el motín de Arequito, quedó disuelto. Quedaba el ejército gaucho, San Martín nombró a Güemes, General en Jefe del Ejército de Observación, pero el héroe salteño fue traicionado, emboscado y muerto.

El camino por Chile era más favorable. La tierra trasandina tenía gobierno propio, independiente, que podía colaborar activamente en la empresa. Y desde allí, el ejército libertador podía dirigirse por mar hacia Lima, aprovechando la crisis de la marina hispana. Solo había que cruzar esos enormes montes. Pero cruzar los Andes con un ejército, requería mucho más: armas de fuego, cañones, proyectiles, armas blancas, carretillas para transportar pertrechos, municiones y alimento por caminos inexistentes o precarios.

Y la necesidad encontró la cabeza y las manos. Con la derrota de Rancagua, cambió todo, en Chile ya no había gobierno favorable detrás de los Andes, sino fuerzas realistas triunfantes. Pero con los derrotados de Rancagua, llegó el fraile y teniente Luís Beltrán. O Higgins, encabezando los restos del ejército chileno derrotado, se lo presenta a San Martín.

Fray Luis Beltrán había ingresado en Mendoza a la orden franciscana, para seguir la carrera eclesiástica. En sus estudios, se interesó mucho por la física, la química, la mecánica, y las matemáticas. Trasladado a Chile, allí se encontraba cuando estalló el levantamiento chileno y Beltrán lo apoyó. Su colaboración en los talleres de maestranza trasandinos, hizo que O Higgins lo nombrara teniente y lo pusiera al frente de los mismos.

Tras la derrota, reitero, Beltrán fue uno de los fugitivos que cruzaron los Andes y se unieron al Ejército que preparaba San Martín. Este lo puso al frente del parque y la maestranza del Ejército de los Andes. Instaló una fragua y talleres en el campamento de El Plumerillo, donde lideró el trabajo de cientos de obreros en la fabricación de todo tipo de armamentos, cañones, fusiles, espadas, munición y pólvora. Los talleres también produjeron uniformes, botas, mochilas, carretillas, puentes portátiles para superar los precipicios y obstáculos andinos, herraduras que permitieran a los caballos llegar en condiciones de combate a tierras trasandinas. Para los cañones, dirigió la fabricación de carros especiales para que pudieran ser llevados a través de las cumbres andinas.

Para fabricar armas y equipos, se juntaron a lo largo de Cuyo, rejas, campanas, herrajes, candados y todo tipo de piezas metálicas; todo se fundía y de allí surgían armas y equipos.

Podemos decir, sin riesgo a exagerar, que gran parte de la hazaña del cruce de los Andes, se debe a su incansable labor en los talleres, a la cabeza de los trabajadores y trabajando en persona, y al aparataje que creó para cruzar desfiladeros, precipicios, salvar obstáculos.

Ya hemos hablado de la reconstrucción del parque después de Cancha Rayada. Su labor, siguió incansable en Valparaíso, preparando el material bélico para la flota que iba a emprender viaje al Perú y en el propio Perú, donde instaló talleres en Lima y luego Trujillo, en los que siguió preparando armas para expediciones marítimas y terrestres, hasta que fue reemplazado por oficiales de Bolívar. Más tarde, a órdenes de Sucre, participó en la batalla decisiva de Ayacucho.

Su labor militar culminó en la guerra con el Brasil. Luego se retiró y volvió a los hábitos franciscanos hasta su muerte.

En homenaje a este “Vulcano de la patria”, Vulcano por el dios romano del fuego y los metales, el día de su nacimiento, 7 de setiembre, es el día del metalúrgico. Y en su honor, se denomina con su nombre la localidad del cordón industrial santafesino, donde se halla la homónima FÁBRICA MILITAR FRAY LUIS BELTRÁN. Un justo homenaje a quien puso, como él mismo decía al general San Martín, alas a los cañones. El molinero Tejeda creó alas para volar y Fray Luís Beltrán creó alas para que vuele el ejército sobre los Andes y sobre los mares.

Bibliografía sugerida para profundizar sobre el cruce de los Andes:

“¡Vámonos!”. San Martín camino a Chacabuco, de Ariel Gustavo Pérez. Editorial Prosa. Año 2021

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HISTORIA

El sable de San Martín y el sable de Mansilla

Hace algún tiempo visité el Museo Histórico Nacional. Con emoción enorme, recorrí una sala donde están expuestos los sables de algunos de los patriotas de la Independencia.

Al fondo de la sala y custodiado por los granaderos, está el sable corvo de San Martín. Ese sable corvo, qué más que sable es un shamsir, un alfanje o sable persa, acompañó a San Martín en toda su campaña libertadora menos, quizás, en el combate de San Lorenzo. El sable o espada que usó en este combate, puede que lo haya regalado a su edecán Lamadrid, en su estadía al mando del Ejército del Norte.

En los artículos sobre el traslado del sable desde el Museo Histórico Nacional, no se ha tomado en cuenta que, en el otro extremo del salón de los sables, está el que perteneciera a Lucio Norberto Mansilla, quien comandó los combates y batallas de la Vuelta de Obligado, el Tonelero, el segundo combate de San Lorenzo y la Angostura del Quebracho, en la Guerra del Paraná. Todo un símbolo esos dos sables, uno frente al otro: el sable de la Guerra de Independencia y el sable de la Guerra del Paraná, esta última tan importante como la anterior, desde el punto de vista del Libertador.

Cuando visité el Museo, un docente estaba explicando a sus alumnos, futuros docentes, que el sable sanmartiniano fue cedido a Rosas por su defensa del río Paraná ante las pretensiones y la invasión anglo-francesa, y que el sable de Mansilla había dirigido esa defensa. Esa relación entre los dos sables y la relación entre independencia y defensa del río Paraná en manos nacionales, es lo que quiere romper el gobierno de Milei, entreguista y cipayo.

Además de manosear y transformar el sable del Libertador en un juguete desvalorizado en sus maniobras antinacionales y antipopulares.

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ENSAYO HISTORIA

El combate de San Lorenzo y una cuestión ocultada

Por Sergio Juan Coppoli

El siguiente es un pequeño ensayo o un borrador sobre un tema que, a mi entender, es importante. El 3 de febrero es aniversario del combate de San Lorenzo; un pequeño combate para algunos y que sirvió como un simple ensayo para los Granaderos a Caballo, regimiento recientemente creado por San Martín. Un ensayo qué sirvió para probar su capacidad de combate y la eficiencia del arma de caballería en la guerra de Independencia.

Pero fue mucho más que eso, fue parte del proceso de defensa de las costas del río Paraná, frente a las incursiones de la flota realista que, desde Montevideo, operaba contra la revolución y abastecía la plaza sitiada por las tropas patriotas.

La consecuencia inmediata del combate fue que los realistas, dueños de la navegación hasta el momento, ya no podían reabastecerse ni hostigar la población insurrecta. Hay fundadas hipótesis acerca del intento de crear una cabeza de playa en una zona que los realistas estimaban poco defendida. Si las fuerzas realistas al mando de Pío Tristán, lograban finalmente derrotar al ejército auxiliar comandado por Belgrano podían unirse y avanzar sobre la rebelde Buenos Aires. Esto haría aún más importante la victoria en el pequeño combate.

Pero hay una cuestión que me interesa señalar: el combate de San Lorenzo, no fue el único de San Martín y sus granaderos en tierras que actualmente son parte de la Argentina. Después de las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, Belgrano es reemplazado por San Martín en el mando del ejército auxiliar al Alto Perú. Con San Martín al mando, se libran algunos combates y se inicia la guerra gaucha. San Martín nombró a Güemes, comandante de la fuerza de vanguardia a la altura de Guachipas y el Río Pasaje y, reitero, los primeros combates de la guerra gaucha se libraron con San Martín al mando.

Batalla del Tuscal de Velarde

En una de las pocas batallas campales librada por Güemes, la de Tuscal de Velarde, es San Martín quién informa a Buenos Aires los resultados de este combate y la victoria obtenida mediante lo que San Martín describe como un “ataque a la brusca” de Güemes y sus gauchos.

Batalla del Tuscal de Velarde

 

Por otra parte, en los primeros momentos de la jefatura de San Martín, cuando aún se encontraba con Belgrano en cercanías del río Pasaje, se produjo un combate en las Lomas de San Lorenzo, cercanías de Salta, entre la vanguardia realista y la retaguardia patriota comandada por Dorrego, donde participó un escuadrón de Granaderos a Caballo.

Posteriormente, cuando el Ejército del Alto Perú se hallaba bajo el comando del General Rondeau, yal mando directo de Martín Rodríguez y de Güemes, los granaderos combatieron en El Tejar y en Puesto del Marqués, respectivamente.

Batalla de Puesto del Marqués

Batalla de Puesto del Marqués

¿Por qué se esconde esta participación de San Martín y sus granaderos en estos hechos importantes de nuestra historia?

Quizás por qué se esconde el abandono del Alto Perú por parte sectores, que si bien fueron protagonistas de los hechos de mayo y de la guerra de Independencia, comenzaban a preparar otras alianzas y otras dependencias.

El cuero y el tasajo eran buen negocio para comerciar con los ingleses para proveer su industria y alimentar esclavos en sus plantaciones.

Para justificar esta defección, era necesario crear la idea de un San Martín que consideró imposible avanzar hacia Lima por el Alto Perú, borrando parte del plan sanmartiniano de avanzar en pinzas sobre la capital virreinal. Y había que borrar la actuación sanmartiniana en el Ejército del Norte.

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HISTORIA

Cuestión calle Balcarce en Rosario

Por Sergio J. Coppoli

En este 2024, se cumple el bicentenario de Ayacucho, batalla que cierra el proceso de guerras de independencia de las nacientes naciones sudamericanas respecto a la corona española. Sí bien aún se librarían combates como la batalla de Tumusla, en la hermana República plurinacional de Bolivia,  entonces Alto Perú, Ayacucho fue decisiva. En este contexto  recordamos la batalla de Suipacha y este escrito va a manera de homenaje a quien  encabezó el Ejército Auxiliar al Alto Perú, en el primer triunfo de las armas de la patria, el general Antonio González Balcarce, un 7 de noviembre de 1810. Lo hacemos aclarando una confusión frecuente respecto al nombre de una calle de la ciudad de Rosario. Luego de Suipacha, Antonio González Balcarce fue parte del cruce de Los Andes  y la independencia de Chile, motivos más que suficientes para justificar el homenaje.

En otro ensayo retomaremos la Batalla de Suipacha, el papel de Martín  Miguel de Güemes y su figura opacada en el parte de batalla, las contradicciones en las fuerzas Patriotas y cómo estas contradicciones afectaron el desarrollo posterior de la guerra de Independencia y la constitución de la nueva nación a través de un proceso de guerras civiles.

 

Rosario posee, entre sus calles, una con un nombre muy particular: Balcarce. Así, sin más, solo el apellido Balcarce. En casi toda la cartelería, no hay un nombre de pila que pueda diferenciar o dar claridad respecto al protagonista de nuestra historia, al cual, la ciudad y la calle rinden homenaje. No sería tan importante este tema, si no fuera por un “pequeño” detalle: un Balcarce, incendió la Villa del Rosario en enero de 1819.  Si fuera este Balcarce, el general Juan Ramón Balcarce, la ciudad estaría homenajeando a su incendiario, quien, más allá de los méritos que hubiera acumulado a lo largo de su vida, tiene esta mancha en su trayectoria.

Fue don Juan Ramón quien incendió la villa. Un militar que participó heroica y meritoriamente en el Ejército Auxiliar del Perú, en las victorias de Tucumán y Salta y las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, durante la segunda expedición al Alto Perú. Después, convocado por el Directorio para enfrentar al Brigadier López, en el contexto de las iniciales guerras civiles, no tuvo mejor idea que aplicar la tea incendiaria, ante la impotencia y la imposibilidad de vencer al ilustre santafesino. (1)

Pero Juan Ramón no es el único Balcarce. Hubo varios.  Antonio González Balcarce, hermano menor  de aquel y segundo hijo de los Balcarce, participó en la primera Expedición al Alto Perú y estuvo al mando en la primera victoria de las armas de la patria en Suipacha y después en la derrota de Huaqui. Destinado al Ejército de los Andes, fue el segundo de San Martín en Cancha Rayada y Maipú, reemplazó a San Martín en su ausencia y después, comandó la campaña al sur de Chile, donde obtuvo la victoria en la Batalla de Bio Bio, el 19 de enero de 1819, diez días antes de que Juan Ramón, incendiara la villa. Regresa a Buenos Aires por problemas de salud, donde fallece y sus restos están sepultados en Santo Domingo, donde también se encuentran los restos de Belgrano.

Son muchos más los Balcarce, pero nos quedamos con estos dos que son los que nos interesan.

La ordenanza de 1905, que modifica la denominación de varias calles de Rosario, denomina a la antigua calle De las Conquistas o 32, como calle Balcarce, sin aclarar a cuál de los Balcarce se refiere. (2)

Casi todas las consideraciones encontradas, hacen referencia a que la calle, lleva el nombre del incendiario, Juan Ramón.

En una nota de Alfredo Montenegro en Redacción Rosario, leemos: “El 29 enero de 1819, en medio de las guerras entre el centralismo porteño y los federales litoraleños, el general Juan Ramón González Balcarce (1773-1836) incendió la villa de Rosario. Sólo se salvó la capilla en la que hoy se erige la Catedral. Sin embargo, por eso de la falsificación de la historia que denunciaba don Arturo, una calle rosarina aún lleva el nombre de Balcarce (entre Oroño y Moreno, para ser más precisos). En tanto, quienes defendieron y corrieron a la tropa porteña, fueron ocultados.” (3)

Lo mismo sostiene Horacio Vargas, periodista rosarino, autor de “Desde el Rosario”, donde noveliza parte de la historia de la ciudad: “¿Cómo puede ser que una de las calles más importantes de la ciudad, más grandes de la ciudad, lleve como nombre, un militar que incendió la aldea, que se llamó Balcarce?”. (4)

Finalmente, la profesora Guadalupe Palacio de Gómez, en su página web sobre las calles de Rosario, adjudica la denominación de la calle en cuestión al General Juan Ramón Balcarce, dedicando buena parte del texto sobre su biografía al episodio del incendio. (5 y 6)

Pero, en el folleto hecho imprimir por el intendente Luís Lamas en 1903, con el estudio realizado por una comisión nombrada ese mismo año, “sobre los hechos y personajes históricos que han motivado  la designación de calles y plazas de la ciudad”, encontramos la siguiente información: ‘Balcarce-calle-Por Antonio González Balcarce, guerrero de la Independencia Argentina que al mando del ejército patriota luchó en el Alto Perú (Bolivia)y obtuvo en Suipacha la primera victoria de la revolución (noviembre 7 de 1810). Fue también Director Supremo del Estado.’  (7)

Si leemos en la página web de Silvia Greco, Rosario y sus calles, encontramos:

“BALCARCE, ANTONIO GONZÁLEZ

Calle (N-S) Córdoba 2000/Arijón 2000

Ver Normativa

(1774-1819) Militar y político argentino. Derrotó en la batalla de Suipacha a las tropas realistas (1810). Fue gobernador intendente de Buenos Aires (1814) y Director de las Provincias Unidas del Río de la Plata (1816). Fue segundo del general San Martín en las batallas de Cancha Rayada y Maipú.” (8)

Finalmente, si recorremos calle Balcarce, en el cartel señalizador del cruce  con calle Catamarca,  veremos el nombre completo: Antonio G. Balcarce, el muy meritorio jefe, vencedor en Suipacha y segundo de San Martín en la campaña de Chile ¿Por qué es la única cuadra con el nombre completo? O casi completo, ya que de González solo aparece la inicial ¿Hay alguna ordenanza que lo disponga? No he hallado nada al respecto. Pero allí está el cartel de señalización, clarito para quien quiera llegarse a esa esquina.

Está en discusión el cambio de nombre de la calle. Entiendo que si la calle homenajeara a Juan Ramón, sería más que correcto el cambio de nombre. Más allá de toda consideración, homenajear al que la incendió, no parece adecuado, más aún en un contexto absolutamente injusto. Pero la designación de esta calle, sin dudas homenajea al General Antonio González Balcarce, y ello resulta en un muy merecido homenaje a quien venció a los realistas en Suipacha, logrando el primer triunfo patriota en las guerras de independencia y secundó a San Martín, colaborando para que el Ejército de Los Andes se reorganizara luego de la derrota de Cancha Rayada. En este caso, creo necesario ratificar el nombre y  conveniente dejar esclarecido,  documentado el verdadero nombre de la calle y a quien verdaderamente homenajea y dar la difusión necesaria para evitar la confusión entre ambos Balcarce.

Esquina de Balcarce y Catamarca, con el nombre de Antonio G. Balcarce en el cartel indicador.

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(1) El día que quemaron el Rosario  por Horacio Vargas

https://www.pagina12.com.ar/167868-el-dia-que-quemaron-el-rosario

(2) Ordenanza Modificando la denominación de varias calles del Municipio – 7 de Abril de 1905

https://www.rosario.gob.ar/normativa/verArchivo?tipo=pdf&id=48754#:~:text=Modificando%20la%20denominaci%C3%B3n%20de%20varias%20calles%20del%20Municipio%20La%20Municipalidad

(3) La olvidada y cobriza flota que defendió a Santa Fe por Alfredo Montenegro

https://redaccionrosario.com/2017/11/29/la-olvidada-y-cobriza-flota-que-defendio-a-santa-fe/

(4) “Calle Balcarce debería llevar el nombre del Brigadier López” El periodista Horacio Vargas pasó por Mesa de Diálogo Nota de A Simonetto en Rosario 3

https://www.rosario3.com/especiales/1724-es-el-ano-de-origen-de-la-ciudad-de-Rosario-20190326-0012.html

(5) “Historias en las calles y calles en la historia” por la profesora Guadalupe Palacio de Gómez

http://www.callesderosario.com.ar/index2.html

(6) “Historias en las calles y calles en la historia” por la profesora Guadalupe Palacio de Gómez Calle BALCARCE JUAN RAMÓN (1773 – 1836)

http://www.callesderosario.com.ar/balcarce%20juan%20ramon.htm

(7) “Nomenclatura de las calles y plazas del municipio”  – Municipalidad de Rosario – 1903. Folleto hecho imprimir por el intendente Luís Lamas. Información mencionada en el grupo de Facebook: Fotografías y Estampas del Rosario Antiguo – FyERA, donde fue publicada la información y la foto de la tapa del folleto.

https://www.facebook.com/groups/fotografias.estampas.rosario.antiguo/posts/2604918659543187/

(8) Rosario y sus calles  (Pagína web) de Fátima Silvia Greco, autora del libro “Rosario y sus calles”

https://rosarioysuscalles.com/

https://rosarioysuscalles.com/street_book/street/159/

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BANDERA SOBERANÍA

Sobre Belgrano, nuestra bandera, la Independencia y el río Paraná

Por Sergio Juan Coppoli

Que ate bien la bandera para llevarla hacia lo alto, para que allí se mantenga, le habría dicho Belgrano a Cosme Maciel, al ordenarle izar por primera vez la bandera nacional en las barrancas del Paraná, en el pequeño caserío del Rosario del pago de los Arroyos.

¿Por qué fue Cosme Maciel designado para semejante honor? Es cierto que era sobrino del sacerdote que bautizara al propio Belgrano, es cierto que era la máxima autoridad civil presente. Pero creo que hay otro motivo…

Belgrano, nuestra bandera, la Independencia y el río Paraná, son inseparables.

¿Quién era Cosme Maciel? Ya dijimos que era la máxima autoridad civil de una región que aún no era provincia, ya que era regidor en el Cabildo de Santa Fe. Pero, y es un hecho de la mayor importancia, Cosme Maciel armaba barcos y barcazas y recorría el tramo del río entre Santa Fe, la bajada del Paraná (hoy ciudad de Paraná) y Buenos Aires. Cuando Belgrano pasó por Santa Fe, rumbo al Paraguay, los barcos y barcazas de Cosme Maciel colaboraron en el cruce del Paraná para que el pequeño ejército, al  mando de Belgrano, pudiera seguir camino a través de Entre Ríos, Corrientes y Las Misiones. Y cuando Belgrano llega al caserío del Rosario, tiempo después, a inicios de 1812, Maciel está colaborando con el coronel Monasterio en el armado de las baterías y las defensas en el río, para evitar el paso de la flota española. Sus barcazas, traían maderas de las islas para armar las defensas y  llevaba materiales hacia las Islas, cañones, pólvora, proyectiles y armamento para la batería Independencia. Belgrano era plenamente consciente que el dominio de las aguas de los ríos interiores era la llave que abría o que cerraba la expoliación de nuestra riqueza por parte de las grandes potencias europeas, España en primer lugar que llegó para apoderarse de la plata  y del oro americano. Recordemos que Garay hablaba de abrir puertas a la tierra; puertas / puertos para entrar tierra adentro y llegar a la zona de las riquezas que tanto ambicionaban. El dominio del río y de los puertos era vital para nuestra soberanía e independencia y el dominio de los ríos y de los puertos era vital para las grandes potencias en su empeño de adueñarse de lo nuestro y el armado y la posesión de barcos propios, era la otra gran llave, para asegurarnos nuestra independencia y soberanía.

Podemos pensar que Belgrano, que tanto ha insistido en la conformación de una marina propia; en la construcción de barcos propios, proponiendo el uso de los bosques de nuestra tierra y cuidando la reposición de los árboles; proponiendo una industria del cáñamo para cordelería y velas y proponiendo la explotación de betunes para el calafateado de las naves,  al encomendar el izado por vez primera de la bandera a un armador de barcos, navegante de este río que corre frente a lo que en una época era el caserío de Rosario, es coherente al estimular de este modo, la defensa de nuestro río, de nuestros mares, de nuestra tierra y el desarrollo de un poderoso comercio que fomente la riqueza de nuestro pueblo y de nuestra patria.

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DEBATES HISTORIA

Sobre paraguas, el té de las 5 de la tarde y una revolución que si fue.

Por Sergio Juan Coppoli (*)

¿Que fue la revolución de mayo?  ¿Una plaza con paraguas? Los paraguas existían pero solo para los ricos y, en la Buenos Aires revolucionaria, eran muy escasos. La mayoría usaba capotes encerados o ponchos y las mujeres, con lluvia, casi no salían. Una buena pregunta ¿Había mujeres en la plaza? Entre los cabildantes no, por supuesto. Se citaba a cabildo abierto a los vecinos, no a las vecinas. Puede ser que algunas estuvieran en la plaza; quizás Guadalupe Cuenca y algunas más dijeran presente; aquellas que, pistolones a la cintura, convencieron a Saavedra que las brevas estaban maduras.

Los presentes en la plaza gritaban “¡El pueblo quiere saber de qué se trata!” y  figura en las actas del cabildo. Otros gritos deben haber resonado en las recovas de la plaza pero no quedan bien palabrotas e insultos en las actas. La historia oficial nos muestra una lámina de Billiken y el relato de un hecho fortuito y sin violencia. Es un mecanismo ideológico para mostrar que en mayo de 1810 no pasó nada importante. Los revolucionarios formaron una junta de gobierno sin molestar a nadie, sin disparar un tiro, sin romper un plato. Eran  un pequeño grupo activo y espectadores que querían noticias.

Los hechos de mayo no habrían sido una revolución sino un simple cambio de gobierno y el 25 no pasó nada significativo. ¡Como si las revoluciones se hicieran en un día! Como si la revolución francesa hubiera sido solo el 14 de julio con la toma de la bastilla. Como si la revolución de independencia norteamericana, solo hubiera sido el motín del té, donde los colonos, rebelados contra los impuestos, arrojaron el té al mar en Boston. Como si la revolución rusa, solo hubiera sido solo la toma del palacio de invierno.

¡No pasó nada! Pero, “(…) la Revolución no sería un té servido a las cinco de la tarde”, le hace decir Andrés Rivera a Castelli, en su hermoso libro “La revolución es un sueño eterno”. No es un té servido a las 5 de la tarde ni la revolución ni una huelga ni una manifestación ni un corte de ruta o de calles. Los revolucionarios cortaron calles, no dejaron llegar al cabildo a los cabildantes realistas, hicieron pasar cabildantes que no lo eran, amenazaron con sables, pistolas y garrotes. Y si esto no alcanzaba, tocarían generala y acudirían las milicias y regimientos, con inmensa mayoría de criollos, pardos y morenos; el pueblo de Buenos Aires estaba en armas desde las invasiones inglesas. Los hispanos eran minoría y la correlación de fuerzas era abrumadora  en favor de los criollos.

No es nada fácil quitarse un rey de encima. Los reyes lo son por derecho divino, tienen mando y poderes y por disposición divina deben ser obedecidos, jurados de fidelidad. Las nuevas teorías sobre soberanía originada en el pueblo, solo las conocían los jefes revolucionarios. Por eso, después de la revolución, Moreno funda la “Gazeta de Buenos Aires” para difundir las ideas independentistas y revolucionarias, traduce y hace publicar el contrato social de Rosseau y Belgrano se preocupa por traducir la carta de despedida de Washington. Pero hay un largo tiempo de trabajo y pensamiento revolucionario, un largo período de formación del partido de la independencia, del partido revolucionario. Y hubo una larga historia de sufrimiento popular, generado por la colonia. A la lista de antecedentes revolucionarios en Europa y Norteamérica que habitualmente toma en cuenta la historia oficial, la revolución de independencia estadounidense, la revolución francesa y las nuevas ideas que surgen y se difunden, se debe agregar y tomar en cuenta en su enorme dimensión, la insurrección de Túpac Amaru, los levantamientos en el noroeste, las guerras calchaquíes y la revolución de los 7 jefes en Santa Fe  (mayo / junio de 1580), la resistencia de los pueblos del chaco y del sur americano, enfrentando la invasión, reducción a servidumbre y sus consecuencias de genocidio y miseria. Agreguemos los sufrimientos de miles y miles de africanos, traídos para el trabajo esclavo. Había un polvorín de odio bajo los pies de la monarquía española en toda América y, en particular,  en el virreinato del río de La Plata, futuras Provincias del Río de La Plata.

En general la noticia del nuevo gobierno fue recibida con júbilo por los pueblos y rechazada por los beneficiarios del sistema virreinal. En Cuyo fue muy bien recibida, en Catamarca también, en Salta fue bien recibida por una parte del cabildo y rechazada por otra. En Córdoba se generó la resistencia más seria. Santa Fe no era provincia pero tenía cabildo ya Santa Fe, la noticia del nuevo gobierno, llegó el 5 de junio. El teniente de gobernador, don Prudencio Gaztañaduy, lo puso a consideración del Cabildo Abierto que se reunió el día 9. La noticia de la Revolución de Mayo llegó a Rosario el 14 o 15 de junio y celebrada por el capitán Gregorio Cardoso con salvas de fusil de los milicianos del caserío. El cura Julián Navarro envió felicitaciones al presidente de la Junta.

La formación de la junta provisional el 25 de mayo, fue el inicio de un largo proceso de lucha por la independencia que duró 15 años, hasta Ayacucho y Tumusla. Y fue parte de la enorme gesta de independencia americana contra el colonialismo, incluida la única revolución de esclavos triunfante, la de Haití. Ya el  29 de mayo la Junta dispuso preparar para la guerra al ejército que iba a defender la patria naciente contra la reacción realista hispana. Todo apuntaba a la independencia. ¿Fue o no fue revolución la de mayo? ¿Qué elementos de continuidad y de ruptura introduce?

La historia oficial mostró solo el gobierno propio y la independencia política. En primer lugar, si, se logró declarar la independencia de España, sus reyes y sucesores y de toda dominación extranjera, tal como proclamara el Congreso de Tucumán. Esto se mantuvo, no sin contradicciones, hasta la Vuelta de Obligado y Angostura del Quebracho., en la victoriosa guerra del Paraná.

Pero la revolución destruye la sociedad monárquica absolutista y empieza a construir otra, republicana o monárquica constitucional y hay cambios importantes en una economía centrada en torno a la producción de plata (Potosí). Los sectores más privilegiados eran los del llamado interior, tanto es así, que las universidades estaban en Alto Perú y Córdoba. Cambian las clases dominantes: un sector subalterno de comerciantes de Buenos Aires y terratenientes de esta provincia y de las restantes, en feroz disputa, pasan a ser los dominantes y la economía pasa a ser agroexportadora y se va asociando a Inglaterra. Hasta lo más retrógrado y conservador, implicó cambio.

Dentro de los más avanzado: la sociedad dejó de ser de castas, de acuerdo al color de piel, había derechos y obligaciones diferentes. La sociedad siguió siendo racista pero ya no estaba fijado por ley. Los sectores más avanzados de la revolución, lucharon duramente por esto.

Recordemos que en nuestro país, gran parte de los habitantes eran de origen africano, traídos como esclavos. Para ellos también la revolución trajo cambios profundos. Ganaron su libertad con un altísimo costo: como soldados de infantería, transitaron leguas por el continente, regando su sangre en cientos de combates y batallas. Mi homenaje a ellos en María Remedios del Valle, la madre de la patria.

También irrumpen otros grupos marginales como los gauchos y los pueblos indígenas.

Un conjunto de disposiciones intentan reparar la situación de las comunidades originarias, tratando de atraer a esos pueblos a la causa revolucionaria.

En la petición con la que se formó el Primer Gobierno Patrio, hay dos lonkos o caciques. Más tarde, la Junta convocó a los oficiales indígenas de los cuerpos de pardos y morenos y Mariano Moreno leyó la Orden del Día, que disponía su  igualdad jurídica y los incorpora a los regimientos criollos. La proclama de Castelli en Tiahuanaco, el reglamento de Belgrano para los 30 pueblos misioneros, asegurando libertad, igualdad y tierra para los pueblos originarios y las disposiciones de Artigas, con el Reglamento de Tierras, son algunas de las principales medidas. El movimiento de Mayo tuvo consecuencias para los pueblos indígenas y algunos hechos sugieren que los principales revolucionarios, iniciaron un camino diferente al que más tarde   tomó la organización nacional.

 

(*) Sergio Coppoli. Psicólogo. Miembro de Foro por la recuperación del Paraná.

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MALVINAS SOBERANÍA

Sobre el 2 de abril: Un viejo enemigo y la última batalla

Por Sergio J. Coppoli (*)

Los ingleses son viejos enemigos que se presentan como grandes amigos. Raros amigos que nos han invadido varias veces, desde 1806 y 1807, hasta la nueva usurpación de Malvinas en 1982.

Pese a las derrotas que han sufrido, proclaman orgullosos: “Inglaterra vence siempre la última batalla”.

En este período histórico, se están cumpliendo centenarios: los quintos centenarios de la invasión europea a América y la  llegada de las primeras expediciones de la corona hispana a estas tierras. Primero Solís, que ayunó y los indios comieron, según poetizaba Borges. Más tarde Sebastián Gaboto, fundador de la primera población europea en estas tierras, Sancti Spiritus y de los primeros abusos que sufrirían los pueblos de la zona. Sin olvidar a Magallanes, descubridor del estrecho de su nombre, ya conocido por los americanos desde milenios. Y también es tiempo de bicentenarios de hechos de la independencia, desde el levantamiento de Túpac Amaru hasta los próximos, los de las batallas de Ayacucho y Tumusla, que cerraron triunfalmente este período.

Los conquistadores llegaron a esta tierra con un lema tácito: “enriquézcase quien pueda”.

 Venían a América para ser hidalgos o aumentar nobleza. Por esos blasones de nobleza lucharon entre sí: Jerónimo Luis de Cabrera, fundador de Córdoba, con Juan de Garay, fundador de Santa Fe. Abreu, gobernador de Tucumán, con Hernando de Lerma, fundador de Salta. Pizarro y Almagro, se enfrentaron en el Perú y corrió sangre, incluso la de ellos.

Pero, más que blasones, vinieron a buscar oro y plata. Colón en su diario, nombra muchas veces “el oro” y muy poco recuerda nombrar a dios. Y en esa ambición, Argentina tiene este nombre derivado de “argentum”, plata; y el Río de la Plata se llama así por creer que esta era la tierra de la plata, cuando el metal estaba en las montañas y valles andinos y subandinos. Pero fue el río y la región, por donde salía riqueza hacia los puertos españoles.

“Poderoso caballero es Don Dinero, nace en las indias honrado, viene a morir en España y es en Génova enterrado”, cantaba el poeta español Francisco de Quevedo.

El puerto de Buenos Aires creció porque permitía la protección de los metales preciosos contra los piratas ingleses. Desde los puertos de Perú, debía recorrerse  un largo camino por el océano Pacífico, cruzar el estrecho de Magallanes y hacer otro largo trayecto hacia España por el Atlántico. ¡Gran oportunidad para los ingleses, en su afán orgullosamente piratesco de apropiarse del oro y la plata de América!

Por tierra venían los cargamentos de mulas hacia el puerto de Buenos Aires y de  allí partían hacia España en un viaje marítimo más corto.

Los ingleses acompañaron, amablemente, toda nuestra historia y, como decía Moreno, había que desconfiar de ellos porque se fingían amigos para ser señores y entraban vendiendo para salir mandando.

Ese acompañamiento, es origen de la macrocefalia que tiene nuestro país, de esta Buenos Aires enorme. Buenos Aires era una ciudad pobre, en un territorio donde las ciudades del llamado interior eran mucho más importantes y más ricas: en Córdoba, Salta, Jujuy, lo que generaba el transporte de oro y plata hacia el puerto, enriquecía a sus sectores aristocráticos dentro de la estructura económica colonial.

La ruptura de lazos con la corona de España, dio oportunidad a los propietarios bonaerenses de tierras y vacas para establecer nuevos lazos y hacer añicos la declaración de 1816, que expresa ser independientes “de toda dominación extranjera”.

El “enriquézcase quien pueda”, fue heredado por nuestras clases dominantes nativas en general y más aún por las bonaerenses, cuyas riquezas eran tierras y vacas, y esas vacas nos ligaron a los Ingleses que “entraron comprando y vendiendo para salir mandando”.

Moreno falleció, más que sospechosamente, en viaje a Europa en un barco inglés; Belgrano fue obligado a participar en los primeros enfrentamientos entre porteños y caudillos del litoral y, abandonado, falleció en la pobreza. Güemes fue asesinado ante el abandono de Buenos Aires y la traición de las oligarquías de Salta y Tucumán. San Martín, abandonado por Buenos Aires y Rivadavia, debió partir a Europa. El Alto Perú fue desechado por Rivadavia, a quien no le molestaba que el Perú estuviera en manos  de la corona. Así, de esta forma, dio inicio la fragmentación americana.

En todo estuvieron y en todo cosecharon los ingleses, interviniendo una y otra vez. No solo con las invasiones de 1806 y 1807, donde robaron el tesoro depositado en Buenos Aires y lo pasearon en triunfo por las calles de Londres, ocasión en que Belgrano proclamó el “amo viejo o ninguno”, definiéndose por “ningún amo”, ante los cantos de sirena de los invasores.

Su diplomacia, intrigas y perfidia marcó cada paso de nuestra historia, pero no fue suficiente: ocuparon  nuestras islas Malvinas; iniciaron el bloqueo y la guerra del Paraná, con la Vuelta de Obligado y la Angostura del Quebracho, para forzar a su favor la libre navegación de los ríos; después amenazaron bombardear Rosario porque a Nicasio Oroño, gobernador de la provincia de Santa Fe, se le ocurrió que el banco de Londres no podía emitir moneda y lo podía hacer el banco de Santa Fe; luego, los empréstitos y los Remington que favorecieron a Roca en su campaña al “supuesto” desierto y el enriquecimiento de una oligarquía que lo hacía con solo mirar parir las vacas. Y los propios ingleses, incorporándose a esa oligarquía, porque a cambio de los empréstitos y Remington, se hicieron de muchas leguas de tierra.

Cuando los ingleses necesitaron carnes y cueros, moldearon una oligarquía que proveyera carnes para alimentar esclavos en las plantaciones algodoneras y azucareras, y cueros para correas de sus telares. Cuando necesitaron lanas para esos telares, moldearon un sector de oligarquía para proveerlos. Y cuando quisieron hacer convenios y tratados para su conveniencia y en desmedro de nuestra soberanía, siempre encontraron un Rivadavia que les garantizara libre navegación de nuestros ríos, un Miranda que aconsejara bombardear Rosario en beneficio de los bancos ingleses, un Roca para un tratado infame en una década infame, tratado que lleva su nombre nefasto junto al del pirata Runciman  y un Foradori borracho, vicecanciller de Macri, que firme un tratado lesivo para nuestra soberanía en Malvinas.

En estos años, los americanos hemos aprendido que cuando nos unimos podemos ser vencedores, pero desunidos como pueblos o como naciones perdemos ante enemigos poderosos. No nos salvamos solos, eso del “sálvese quien pueda”, no vale para los pueblos y naciones americanas.

Con unidad popular, unidad nacional y unidad de la “patria grande”; con solidaridad y cooperación, grandes riquezas de nuestros pueblos americanos, se lograron grandes empresas. Y con esa unidad, solidaridad y cooperación, se va a derrotar a quienes se oponen a lasegunda independencia” de nuestros pueblos. La guerra de Malvinas, la guerra del Atlántico sur, demostró que esa unidad es necesaria y posible.

Inglaterra dice que siempre gana la última batalla. Y esto no es cierto, Inglaterra fue derrotada en las invasiones Inglesas y en la guerra del Paraná, en la Angostura del Quebracho; ocupó Malvinas hasta hoy, con los intervalos de la heroica lucha de los gauchos de Malvinas, con Rivero a la cabeza y el período de la guerra de 1982, con el heroísmo de nuestros soldados y suboficiales y oficiales patriotas. Las dos veces logró volver a usurparlas. Pero no ha ganado la última batalla, porque la última batalla aún no se disputó y la última batalla será de los pueblos y naciones oprimidas.

Para el 2 de abril del año pasado, escribí:

Mares inmensos del sur,

acunen los sueños criollos.

Lancen a los cuatro vientos,

valor patrio en un cogollo.

Incendien aguas y vientos,

nublen los ojos piratas,

arrasen todo su orgullo,

suban la bandera patria.

Volveremos, Malvinas, volveremos.

 

León Felipe cantó en “Vieja raposa”:

Abajo quedas tú, Inglaterra,

vieja raposa avarienta,

que tiene parada la Historia de Occidente hace

más de tres siglos,

y encadenado a Don Quijote.

Cuando acabe tu vida

y vengas ante la Historia grande

donde te aguardo yo, ¿qué vas a decir?

¿Qué astucia nueva vas a inventar entonces para engañar a Dios?

¡Raposa! ¡Hija de raposos!

Cuando abran sus puertas a los vientos del mundo,

cuando las abran de par en par

y pase por ellas la justicia

y la democracia heroica del hombre,

yo pactaré con las dos para echar sobre tu cara

de vieja raposa sin dignidad y sin amor,

toda la saliva y todo el excremento del mundo.

¡Vieja raposa avarienta, has escondido,

soterrada en el corral,

la llave milagrosa que abre la puerta diamantina de la Historia….

¡No sabes nada!

¡No entiendes nada y te metes en todas las casas

a cerrar las ventanas y a cegar la luz de las estrellas!

¡Y los hombres te ven y te dejan!

Te dejan porque creen que se le han acabado los rayos a Júpiter.

Pero las estrellas no duermen.

Tu imperio es solo una torre artificiosa de

ambiciones encadenadas

que se las llevará el viento como las cuentas

vencidas de un avaro monstruoso.

A la larga, la Historia es mía, porque yo soy el hombre

y  tú eres sólo un trust de mercaderes.

Vieja raposa avarienta,

has amontonado tu rapiña detrás de la puerta,

y tus hijos ahora no pueden abrirla para que entren

los primeros rayos de la aurora del mundo…

Leon Felipe, “Raposa”

 

(*) Sergio Coppoli. Psicólogo. Miembro de Foro por la recuperación del Paraná.

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BANDERA CULTURA DEBATES

Belgrano: “banderas para la independencia y la libertad”

Por Sergio Coppoli (*)

Belgrano fue creador de banderas que expresaran un proyecto de independencia y libertad.

Cuando se dirigía hacia el Paraguay, con el objetivo aparente de facilitar instrucción y disciplina a los reclutas, separó las bisoñas tropas en tres partes, cada una de las cuales se diferenciaba por un color: amarillo, rojo y azul. Colores que correspondían a bayeta, una tela de lana, comprada al pasar por Santa Fe.

En CuruzúCuatiá, al parecer, formó con los tres colores una sola bandera que acompañó al pequeño ejército en la expedición al Paraguay. Esa bandera hoy  es la bandera de la ciudad de CuruzúCuatiá. La bandera tenía los colores que  caracterizaban a los partidarios de Francisco de Miranda: los colores amarillo, azul y rojo, que hoy encontramos en las banderas de Venezuela, Colombia y Ecuador. ¿Fueron elegidos al azar esos colores? ¿Eran los únicos colores de tela existentes en Santa Fe? No lo puedo probar, pero estimo que la elección de colores mostraba ya la decisión independentista de Manuel Belgrano. Una decisión osada; la revolución se había iniciado con la máscara de Fernando VII y la Junta gobernaba en su nombre. Una decisión que va contra la tesis de que todos los “revolucionarios de mayo” no tenían proyectos de independencia desde un principio, sino que esta fue una consecuencia no buscada. Belgrano y otros integrantes del partido de la revolución no querían amo nuevo, pero tampoco el amo viejo.

Bandera de Curuzú Cuatiá

¿El gobierno de la Junta habría permitido semejante expresión independentista? Es de suponer que no, por eso la bandera tricolor se habría perdido en los campos del Paraguay.

Posteriormente, en su segundo paso en Rosario, creó el 27 de febrero, un caluroso día veraniego, la bandera argentina. Cosme Maciel, cabildante por Santa Fe, la izó por primera vez. El triunvirato, con Rivadavia a la cabeza, le ordenó destruirla y le envió una bandera española.  Seguramente, lo que Belgrano temía sucediera con la bandera tricolor, sucedió con la creada en el Rosario, en las baterías Libertad e Independencia, nombres igualmente osados para gobernantes timoratos o con vocación no tan firme por la independencia.

Belgrano la ocultó y resolvió volver a usarla cuando un triunfo de las armas de la patria generara las condiciones para volver a enarbolarla. Eso fue después de la batalla de Tucumán, el 13 de febrero  de 1813, a orillas del río Pasaje o Juramento.

Hay mucha polémica por la elección de los colores azul celeste y blanco…

¿Los colores de los Borbón, los del manto de la virgen, los del cielo? Esta polémica, en muchos aspectos vana y formal, tiene un aspecto interesante: Belgrano le dio esos colores, también, a la bandera del Consulado de Comercio de Buenos Aires. Ese consulado desde donde comenzó a diseñar un proyecto revolucionario con un país independiente y desarrollado económicamente.

Es muy probable que para Belgrano, los colores del cielo, del manto de la Virgen y de los Borbón, permitieran que se aceptara con más facilidad una bandera que unificara a los pueblos en la gigantesca tarea de dar independencia y libertad y nos diferenciara de otras naciones.

Belgrano entregó la bandera a San Martín, quien la llevó, con variantes, en la campaña libertadora a Chile y Perú.

Luego, Hipólito Bouchard la llevó en su campaña de corso a través de los mares del mundo, acosando el comercio y movimientos marítimos hispanos, en el mástil de su nave “La Argentina” y nuestra bandera fue modelo para otras acciones emancipadoras en centro América, donde varios países tienen banderas diseñadas en forma semejante. Los objetivos de Belgrano, de libertad e independencia, tras una bandera que unificara los pueblos, fue más que lograda en su momento.

¡Que la bandera de Belgrano siga encabezando la lucha por la independencia y la libertad!

 

(*) Sergio Coppoli. Psicólogo. Miembro de Foro por la recuperación del Paraná.

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ENSAYO HISTORIA

20 de Febrero, aniversario de la batalla de Salta. Belgrano militar.

Por Sergio Juan Coppoli (*)

La batalla de Salta, es una de las grandes batallas de la guerra de independencia. Una de las grandes victorias militares del General Manuel Belgrano, a quien habitualmente nos lo presentan como abogado y militar improvisado. Se desprecia su estudio perseverante de temas militares y se deja casi de lado al Belgrano economista, ya que a la historia oficial no le hacen gracia los proyectos de Belgrano, algunos con plena vigencia, en este aspecto: desarrollo de industria propia, creación de una marina mercante propia y una fuerte industria naval.

En este breve y provisorio ensayo, discuto ese concepto de militar improvisado. Discusión necesaria porque no se tomó en cuenta la opinión más que autorizada de San Martín que lo consideraba lo mejor que teníamos y sus palabras quedaron casi en el olvido.

Tras la victoria en la batalla de Tucumán, donde tuvieron rol protagónico paisanos armados precariamente, Belgrano en poco tiempo reorganiza el ejército, le da disciplina militar y parte hacia el norte, hacia Salta, tratando de que el avance sea lo más rápido e inadvertido posible.

Cuadro: Batalla de Tucumán, de Francisco Fortuny

Pio Tristán, el General en jefe del Ejército realista del Alto Perú, comete varios errores. El principal es subestimar a su rival. Está seguro que el único acceso a Salta es el Portezuelo, al este de la ciudad. En consecuencia, se ocupa en fortificar y hacer inexpugnable esa entrada. Tenía órdenes de guarnecer el fuerte de Cobos a pocas leguas de Salta pero no lo hace. Tristán está seguro que el ejército patriota no puede avanzar en temporada de deshielo y  lluvias, con ríos desbordados y precarios caminos  hechos lodazales.

Plano de la Batalla de Salta

Se equivoca. El ejército, conducido por Belgrano, avanza pese a todo, supera el río Pasaje (por algo lleva este nombre) gracias a  viejos conocimientos de Belgrano por su actividad en el Consulado y por la acción efectiva de baqueanos que conocen el río y la zona. Toma la desguarnecida Cobos y sabiamente, escucha a quienes conocen la zona. José Apolinario “el Chocolate” Saravia, le informa de un sendero que cruza los cerros y lleva al norte de la ciudad de Salta.

Una avanzada del ejército establece escaramuzas en el Portezuelo para engañar a los realistas. Mientras tanto, por la noche, en medio de la lluvia y por senderos de cabras, el ejército con todo su armamento, esquiva el Portezuelo y se le aparece a Tristán por el norte, por donde no lo esperaba: “¡Ni que fueran pájaros!” dicen que exclamó. Esa situación, impidió a Tristán recibir refuerzos y le cortó la retirada.

Tras la victoria, quedó rendido ante las armas de la patria todo el ejército realista. Un hecho casi inédito en nuestras guerras de independencia. Belgrano hace sepultar juntos a los caídos, rindiendo homenaje a vencedores y vencidos y, contra la opinión de sus oficiales o la mayoría de ellos, deja a los prisioneros con vida y libres,a cambió de jurar no volver a tomar armas contra la patria. Y no solo eso, acepta la invitación a cenar de Tristán en la casa donde se alojaba. Muchos dicen que fue un gran error de Belgrano, ya que un obispo los liberó de su juramento. Es cierto que muchos de los vencidos volvieron a combatir para el rey, pero la mayoría de ellos se mantuvieron fieles a su juramento.

Tras la rendición, Tristán pretendió entregar a Belgrano su espada, tal como se acostumbraba, pero el jefe patriota se lo impidió, y en presencia de todos, lo abrazó. La promesa de no volver a luchar contra la Patria fue suficiente para Belgrano, quien dejó ir a su enemigo, en contra del consejo de sus oficiales y de su gobierno.

Rendición del Gral. Pío Tristán

Frente a las críticas que esa decisión suscitó, en una carta enviada a Feliciano Chiclana, el general afirmó:

“Siempre se divierten los que están lejos de las balas, y no ven la sangre de sus hermanos, ni oyen los clamores de los infelices heridos; también son esos los más a propósito para criticar las determinaciones de los jefes: por fortuna, dan conmigo que me río de todo, y que hago lo que me dictan la razón, la justicia, y la prudencia, y no busco glorias sino la unión de los americanos y la prosperidad de la Patria”.

Pero vamos a lo principal: Belgrano mostró su generosidad, no su ingenuidad y mostró su notable visión política. Las tropas realistas avanzaban castigando la rebelión, fusilando, incendiando, torturando y vejando. Belgrano muestra a los pueblos de América que la actitud de las fuerzas patriotas es bien distinta.  Dejó claro con estas actitudes y en cartas a Tristán y Goyeneche, su determinación de luchar por la independencia de estas tierras y su ánimo pacificador entre americanos. Mostró además su disposición a ganar simpatías para la causa independentista. Recordemos, que en este período de las guerras de independencia, la inmensa mayoría de los integrantes de las tropas del rey eran americanos, como el propio Saturnino Castro, Tristán y el mismo Goyeneche.

Por otra parte, muchos de los vencidos en Salta, retomaron las armas, pero para el lado de los patriotas. Algunos fueron parte de la insurrección del Cusco a la que dio impulso Belgrano durante su expedición al Alto Perú, un hecho a investigar. Finalmente, Saturnino Castro, uno de los perjuros y vencedor de Belgrano en Vilcapugio, fue fusilado cuando intentó encabezar un alzamiento contra los realistas. La visión política y militar de Belgrano era amplia y profunda.

(*) Sergio Coppoli. Psicólogo. Miembro de Foro por la recuperación del Paraná.

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BANDERA CULTURA HISTORIA

13 de febrero de 1813: “Un juramento ante una bandera soberana”

Por Sergio Juan Coppoli (*)

La Asamblea del año XIII se formó con los objetivos de declarar la independencia y dar a estas Provincias Unidas una constitución. No hizo ni una cosa ni la otra. Esto, junto al rechazo de los diputados artiguistas, son las principales críticas que se le pueden hacer.

En favor de la labor de la Asamblea, podemos destacar  medidas de gran importancia como la acuñación de una moneda propia sin la imagen de Fernando VII; el establecimiento del Escudo, diseñado sobre el sello de la propia Asamblea y el Himno compuesto por Vicente López y Planes y Blas Parera; la abolición de la Inquisición y de los instrumentos de tortura. También derogó toda forma de servicio personal de quienes pertenecían a los pueblos originarios, tales como la mita y la encomienda y además, estableció la libertad de vientres.

Y lo más importante: la Asamblea asumió la soberanía en nombre del pueblo y no de Fernando VII.

En consecuencia, las autoridades políticas, militares y religiosas debían jurar y manifestar fidelidad a la “asamblea soberana” y no al rey, aún cautivo de Napoleón. La máscara de Fernando VII caía para no volver a levantarse.

 

El Ejército del Norte al mando de Belgrano, jura obediencia a la Asamblea del Año XIII

El Ejército Auxiliar al Alto Perú, al mando de Belgrano, tras la victoria en Tucumán avanzaba hacia Salta, donde libraría otra batalla decisiva. Ya no estaba el primer Triunvirato y su secretario Rivadavia, que habían ordenado la destrucción de la bandera, recelosos de la independencia y temerosos de la reacción española e inglesa. Belgrano había prometido esconderla y enarbolarla cuando un triunfo importante lo permitiera y Tucumán había sido esa victoria esperada. Antes de cruzar el Río Pasaje, el 13 de febrero de 1813, el General Belgrano hizo formar las tropas y prestar juramento de fidelidad. Para ello volvió a izar la bandera azul celeste y blanca, creada por él a orillas del Paraná, en el humilde y patriótico caserío del Rosario, casi un año antes. Desde entonces, desde ese 13 de febrero, nuestra bandera proclama a las naciones del mundo que ya no tenemos el amo viejo y que nuestra decisión es no tener amo alguno. Proclama nuestra soberanía, una soberanía a sostener, defender y recuperar con la firmeza y valentía de entonces.

El 20 de febrero de 1813, la bandera creada en las barrancas del Paraná  flameó en Salta, triunfal por vez primera en el campo de batalla.

(*) Sergio Coppoli. Psicólogo. Miembro de Foro por la recuperación del Paraná.

 

Bibliografía:

  • “Martín Güemes El héroe mártir” de Luís Oscar Colmenares – Ediciones Ciudad Argentina – Buenos Aires – 1998 – Págs. 49/51

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