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ECONOMIA

La Bolsa de Comercio de Rosario y su trascendencia en la vida de los argentinos y argentinas.

¿Quiénes le roban al pueblo argentino la soberanía sobre sus riquezas?

En la fría noche del 1 de abril, junto al río Paraná, con un viento sur que nos congelaba, pero con los corazones calientes por la tremenda emoción de estar acompañando en la vigilia por el 40 aniversario de la recuperación de Malvinas  a nuestros heroicos Combatientes en el Parque Nacional a la Bandera, junto a Manuel Belgrano, tuve una hermosa conversación con Brisa.

Ella es una adolescente de un barrio humilde de la ciudad de Rosario. Acompañada por su mamá y su novio Carlos, con ojos brillantes detrás de sus lentes, me dice: “estuve leyendo, me encanta leer, me devoro todos los libros”.

Expresando gran avidez por encontrar una explicación al mundo, a lo que nos pasa, hacia dónde vamos, ella me transmitía que le gusta mucho leer pero que hay que estudiar, me comentaba artículos que le habían gustado, que tiene un montón de libros, y necesidad de saber y entender.

Alguien que estaba a un costado dijo: “¿viste?, en un ratito pasaron tres barcos, se llevan todo”.

Carlos, serio, contó que está trabajando: “trabajo de albañil, soy peón”. Su mirada reflejaba también la necesidad de aprender y de construir un futuro.

A eso invita este artículo: ¡a dar respuestas a la necesidad de saber y entender de “tantas Brisas y tantos Carlos”!, quienes buscan explicaciones para abrirse camino, y a quienes nos debemos.

Tenemos la responsabilidad histórica de hacer “docencia patriótica”.

La Patria está herida. ¡Hay que liberarla!

¿Qué es la Bolsa de Comercio de Rosario? Su relevancia en nuestra vida cotidiana

 Si partimos del principio de la necesidad de “conocer para defender”, nadie puede tener plena conciencia de cambiar algo o modificarlo si no lo conoce. Como dijo Don Ata: “… para el que mira sin ver…la tierra es tierra nomás…”

¿Qué importancia tiene en la vida cotidiana de los argentinos y argentinas esta institución que nos resuena tan “indescifrable” y cuyas funciones en general desconocemos?

¿Por qué si su función es tan relevante en nuestra vida cotidiana permanece “oculta” para las grandes mayorías?

¿Qué importancia tiene para los “ciudadanos de a pie” conocer el rol de la Bolsa de Comercio?

La Argentina es un país dependiente, oprimido, disputado por varias potencias imperialistas, y tiene una parte de su territorio insular y su espacio marítimo ocupado por el imperialismo inglés. La opresión imperialista y latifundista constituyen los principales pilares que sostienen la estructura de atraso y dependencia que hoy padecemos.

Hoy, la BCR es una entidad que nuclea a los más privilegiados del mundo por el crecimiento exponencial de los precios internacionales del trigo, maíz, soja, girasol, aceite, harinas y subproductos; del valor de la tierra; de la renta, los alquileres de los campos; del sector financiero; exportadores; por un lado.

Por otro lado, son los mismos que se han transformado en los grandes importadores de la inflación, “el peor de los impuestos”, que hace crecer la pobreza, rebaja los salarios, achica el mercado y el consumo internos.

En forma permanente repiten “hay que producir más para resolver los grandes problemas de Argentina”. Pero en este país producimos proteínas para 400 millones de habitantes. ¡Somos 45 millones y la gente tiene hambre!

Los precios son monopólicos de ganancias extraordinarias, en un país dependiente, que nada tienen que ver con los costos.

La ley fundamental económica del capitalismo monopolista es la fijación de precios que persigue como fin la obtención de altas ganancias monopólicas que exceden considerablemente la ganancia media. La obtención de estas altas ganancias monopólicas responde a la esencia del imperialismo y se asegura mediante un inusitado reforzamiento de la explotación de los trabajadores y el despojo de amplios sectores del campesinado, la industria, el comercio, etc. Y un avasallamiento y saqueo sistemático de los pueblos de los países dependientes como el nuestro, traducidos en distintos mecanismos de tributos, a través del trabajo del pueblo argentino.

No solo expropian a los trabajadores, sino a las burguesías nacionales a las que si les rige la ley de los costos y la tasa de ganancia media y algunos son condenados a la ruina. Esto en un país en donde reina el monopolio de la tierra, del comercio, de la banca.

Está presidida actualmente por Miguel Simioni, junto a referentes provenientes históricamente del sector financiero especulativo y de las cámaras que agrupan a las agroexportadoras.

Consejo Directivo

La BCR es una entidad que (además de las múltiples funciones que tiene) es un eje económico, financiero, parasitario, que cristaliza la renta terrateniente, y está directamente asociada a la “timba financiera”. Es el órgano, no el único, más importante que tienen la oligarquía, el imperialismo, y la burguesía intermediaria en la ciudad. Y como si esto fuera poco, es una usina ideológica que se nos presenta permanentemente como productivista, desarrollista, para sostener un modelo por el que todos los años batimos los récords de crecimiento, desarrollo, innovación, inversión, exportación, pero que lejos de igualar, desiguala: ¡cosechas récord y pobreza récord!

Para mitigar los efectos del modelo que ellos mismos impulsan, presentado con el eufemismo de la «responsabilidad social empresaria», han creado el Banco de Alimentos de Rosario, una institución que realiza diferentes actividades de ayuda social, y que incluso durante la pandemia, el estado municipal, delegó en ésta gran parte de las acciones en el territorio.

Los rosarinos somos testigos de cómo funcionarios de todos los niveles, repiten como “loros” y obscenamente las “bondades” del modelo y rinden exámenes frente a las autoridades de la BCR. Tal, el caso del gobernador Perotti, que asiduamente es invitado y participa activamente de los eventos organizados por la BCR.

Cabe recordar sobre esta entidad, que los argentinos y santafesinos sabemos que fue a través de esta institución, que su ex presidente Alberto Padoán, de la empresa Vicentín (asociada a la anglo-suiza Glencore, hoy llamada Viterra) cometió la mayor estafa a los argentinos y a los chacareros, a través del Banco Nación, una “impune” estafa millonaria.

Son quienes, también, buscan profundizar para Argentina un modelo con una economía agroexportadora, subordinada, dependiente, y de extrema especialización, y una integración al mercado mundial de carácter unilateral. Todo se reduce, en lo fundamental, a la extracción de productos primarios y a un escaso desarrollo industrial, solo con la excepción de aquello que necesita tomar lo mejor de la ciencia (genética animal y vegetal, semilla, fertilizante, químicos, agroquímicos, siembra directa, etc.), pero que entierra toda posibilidad de un desarrollo nacional industrial, autónomo, independiente, con centro en el mercado interno.

Por ello, han apoyado públicamente el acuerdo del gobierno argentino con el FMI, que legitima la estafa macrista y condena a la Argentina a seguir pagando y aplicando recetas de ajuste, con una pérdida total de autonomía e independencia de nuestro país, que se condensan en las visitas trimestrales pactadas con los funcionarios del Fondo, que auditarán permanentemente el cumplimiento de las metas acordadas.

El Estado ha delegado, en lo fundamental, la posesión y organización de la riqueza en nuestro país, la producción y su distribución, la planificación de la economía real, y los trazos estratégicos, que están hoy en manos del sector privado, principalmente extranjero. Basta visitar la página oficial de la BCR para corroborar esto.

Tienen una palanca fundamental para influir sobre la soberanía monetaria,  teniendo en cuenta que uno de cada tres dólares que entra al país viene a Rosario y pasa por sus manos. Suben y bajan el dólar cuando quieren y devalúan nuestra moneda.

Es imposible eludir su intermediación en el blanqueo y lavado de dinero, si tenemos en cuenta que un tercio de la cosecha se comercializa en negro.

En la Bolsa de Comercio conviven distintos sectores.

Si bien en la BCR se expresa en lo fundamental lo que hemos dicho, en forma hegemónica, esto de ninguna manera niega que conviven distintos sectores de la pequeña y mediana burguesía, algunos de gran burguesía, profesionales e intelectuales, no reaccionarios, que nada tienen que ver con los Padoán y lo que hemos descripto.

Los dueños del río Paraná controlan todos los eslabones. Controlan puertos, comercio, trazos, y la mal llamada hidrovía, entre tantas funciones. Para hacer una mención y dar un ejemplo, en el famoso proceso licitatorio de la mal llamada hidrovía, en su momento, el Estado le delegó a la BCR la conformación del pliego para la licitación.

Si estos pivilegiados “dueños de todo”, que se ubican siempre como los “salvadores” a quienes deberíamos rendirles “pleitesía” porque son quienes, según dicen ellos, “nos dan trabajo”: ¿Por qué crece tanto la desocupación en Argentina? ¿Por qué no se resuelve por los años de los años la desocupación estructural que padecemos? ¿Para quiénes son entonces las extraordinarias ganancias?

Si los precios de la tierra, del maíz, trigo, soja, son los más altos desde el año 1914, ¿por qué semejante “privilegio” se transforma en inflación galopante y en un verdadero infierno para los trabajadores que producen, para la producción nacional, para el mercado interno?

Con semejante aumento del precio del trigo ¡tendríamos que estar comiendo pan “gratis”!

Entonces… ¿quiénes le quitan el plato de sopa caliente a nuestros hijos?

 

¿Quién gobierna?

Cabe preguntarse: ¿quién gobierna este país y esta provincia?; ¿cómo es la articulación entre el poder formal y el poder real?; ¿cuál es la expresión política de esta articulación?; ¿lo hacen en armonía o hay una disputa voraz entre ellos?; ¿cuáles son sus órganos y usinas ideológicas?; ¿cómo operan sobre la formación en y desde los sectores académicos?

Las respuestas ante la pregunta “¿quién gobierna?” suelen reducirse a expresiones tan amplias que no se sabe bien de qué se trata. Escuchamos mucho hablar de “populismo versus neoliberalismo”, “la derecha”, “el imperio”, borrando las categorías que definen claramente a los enemigos de la clase obrera y el pueblo y borrando las roscas de dominación: los terratenientes, la burguesía intermediaria, el imperialismo (que opera además como factor interno). Ausentes y  borradas del vocabulario están también las “clases sociales” y  la “lucha de clases”.

Así como muchas veces se confunden los conceptos de Estado y Gobierno, del mismo modo se confunden el poder real y el poder formal, ideas fundamentales para desarticular y entender quién gobierna.

El poder real tiene sus voceros. Sectores políticos, empresariales, académicos, son el soporte sin el cual este estado de dependencia es imposible de sostener, construyendo una “cultura de la dominación”.

Con este objetivo operan desde su formación la Bolsa de Comercio, la Fundación Libertad, etc. Influencian e instalan sectores académicos de la universidad, de la diplomacia internacional, y se asientan en los formadores de la opinión pública a quienes escuchamos hablar una y mil veces sobre el “crecimiento y el progreso de la producción”. Lo que no dicen es “para qué” ni en “beneficio de quiénes” son ese crecimiento y ese progreso.

Quienes detentan el poder real se apropian de la extraordinaria labor y de los logros de nuestros científicos, investigadores y profesionales, además de desactivar permanentemente y atentar contra los mecanismos estatales que deberían garantizar las usinas de una ciencia y un conocimiento autónomos en favor del pueblo y de la patria.

Un claro ejemplo fue cuando el entonces presidente de esta entidad,  Alberto Padoán, retó públicamente al ex gobernador Miguel Lifschitz por no hacer bien “los deberes” (llámese ley de ART, plan Circunvalar, Belgrano Cargas, etc.). Esto expresa claramente esa famosa e intrincada articulación entre lo público y lo privado, por la cual los argentinos y los santafesinos tenemos que financiar la logística del saqueo.

La intermediación y los mecanismos para garantizar la dependencia

 La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) es el epicentro de gran parte de las operaciones de compra y venta de granos de la zona núcleo de Argentina, siendo el Gran Rosario el área donde se han concentrado, de un modo singular, una cantidad de terminales portuarias y de plantas agroindustriales que posibilitan un nivel de comercialización y procesamiento entre los más importantes del mundo.

Fundada en 1884, la BCR es la entidad que agrupa a los principales referentes del agronegocio de la Argentina y ha sido, principalmente en las últimas décadas, la cara visible de los intereses de este sector ante la opinión pública. No es casual que esto suceda en la ciudad de Rosario.

Hay que tener en cuenta el papel “satelital” de la misma respecto al mercado de Chicago (EE.UU) que es donde se forman los precios internacionales de los granos, en torno a los cuales oscilan los locales. Esto es expresión de la profundización de la dependencia desde la dictadura y consecuencia de la “apertura” de la economía, la desregulación y la libre circulación de capitales.

Es además un centro financiero de relevancia nacional, que ha desarrollado múltiples mecanismos de especulación: mercados a futuros (no solo de los granos sino del dólar), contratos de cobertura, descuento de cheques de pago diferido, fideicomisos financieros, emisión de obligaciones negociables, etc., a través de los cuales una parte importante de la renta proveniente de la producción agropecuaria es convertida en créditos orientados a pymes y grandes empresas, y otra parte directamente orientada a la especulación inmobiliaria y financiera. No es casual que esté cada vez más cerca de concretarse la conformación de un “banco propio”, que sería el corolario lógico de todo este proceso.

Según informa la plataforma web,  concentra en su sede cuatro mercados, dos cámaras arbitrales, un tribunal de arbitraje general, que se suman a 28 entidades adherentes y participantes vinculadas a la cadena agroindustrial y al mercado de capitales, el mercado físico de granos de la Bolsa de Comercio de Rosario que concentra negocios por el 40% de la producción argentina de soja, maíz, trigo y sorgo y es el principal centro de comercialización física de soja a nivel mundial.

Más de doscientas firmas operan en los cuatro mercados institucionales.

El Mercado a Término de Rosario “Matba Rofex” registró en el anteúltimo año más de 51 millones de contratos, divisiones financieras y agropecuarias.

El mercado ganadero de Rosario “Rosgan” lleva rematadas cerca de un millón y medio de cabezas desde su creación en 2008.

Se realizan más de 3.500.000 ensayos al año en el complejo de  nueve Laboratorios de la Bolsa de Rosario. Esta es una breve síntesis del volumen de operaciones que dan cuenta del peso específico de esta institución en la vida económica de nuestra región.

Siendo supuestamente una asociación civil sin fines de lucro, se ha convertido en un fuerte inversor financiero a partir de las ganancias que ha venido acumulando con el tiempo a través de las sociedades colaterales. La mayoría de sus inversiones, según su último balance, están colocadas en inversiones dolarizadas, varias de ellas en el exterior.

En el año 2019 hicieron su paso por la BCR, acompañados por diversos funcionarios argentinos (nacionales, provinciales y municipales), funcionarios y diplomáticos de países extranjeros como el embajador y el vice primer Ministro de la República Popular China y la Comitiva Oficial: el CEO y directivos de COFCO; representantes de Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte; los embajadores de Italia (junto a un grupo de empresarios y emprendedores italianos de diversos rubros, entre otros); la Unión Europea, Suiza; Finlandia; Holanda; Australia; Venezuela; integrantes del Banco Central de Uruguay; etc.

Su desarrollo y creciente peso en la vida política de Santa Fe la ha trasformado en un enclave de paso obligado para dirigentes y funcionarios de todos los niveles del Estado. En una interminable procesión los “representantes del pueblo” rinden pleitesía frente al establishment, en una obscena muestra de capitulación de los políticos que se someten a su poder. El poder formal toma nota de las prioridades que impone la agenda del poder real.

Así, sin personería electoral y sin los avales para participar en las elecciones, la Bolsa de Comercio de Rosario se ha constituido en los hechos en el principal “partido político” de la Provincia de Santa Fe. Es, además, un centro financiero de peso nacional, realidad coherente con el predominio del capital financiero en la Argentina y en el mundo,  del que emanan los principales trazos de las políticas públicas. Expresa así las prioridades de las minorías que aplicarán los gestores políticos de turno en funciones de gobierno nacional, provincial y municipal, siempre en nombre de las mayorías para las cuales las urgencias “permanentemente podrán esperar”.

El Estado, en un proceso que se inicia con la dictadura militar en 1976, ha delegado las palancas estratégicas de la economía a los sectores más concentrados de ella, en nombre de garantizar “la libertad y fluidez de los mercados”. La ley de entidades financieras de la dictadura en 1977, la ley de Actividades Portuarias y los decretos de desregulación del transporte fluvial y marítimo de 1992, entre otros, constituyen el conjunto  normativo que le ha quitado al Estado los instrumentos para poder ejercer la soberanía plena sobre su moneda y entregar a un puñado de empresas monopólicas extranjeras el control del comercio exterior de nuestro país.

No es un Estado “ausente” como suele afirmarse, es un Estado “presente”, pero al servicio de los intereses de las clases dominantes, que en cada medida va definiendo un modelo de país pensado para estos sectores.

Como consecuencia del abandono estatal del monopolio de la compra y la fijación de precios, que se supo detentar en el gobierno peronista de 1946-1955 durante varias décadas en Argentina mediante la Junta Nacional de Granos y organismos como el IAPI, la ya preexistente BCR se colocó en un lugar central en la comercialización, desarrollándose luego un proceso por el cual  decenas de miles de productores debieron vincularse con las fábricas o terminales portuarias de un modo que les permitiera lograr mejores condiciones de negociación, las “compras directas” por las agroexportadoras. En ausencia de una Junta Nacional de Granos y del monopolio del comercio exterior por el Estado, la Bolsa de Comercio entra en escena y de un modo más activo nuclea a un conjunto de intermediarios (corredores y cooperativas de primer y segundo grado), quienes concentran numerosas órdenes de venta de bajo volumen de producción, efectuando las operaciones con las agroexportadoras, en un volumen tal que les permite obtener precios más competitivos, y también concentra al pequeño conjunto de los compradores en su enorme mayoría extranjeros. Esto ha permitido que hoy la BCR sea un factor de poder de peso a la que pocos políticos, académicos y productores agropecuarios se  atreven a contradecir. A tal punto ha llegado esta situación que en el marco de las elecciones presidenciales de 2019, elaboró “El Plan de Asuntos Públicos”, un detallado plan de prioridades que fue entregado a los candidatos, en donde se afirma: “La Mesa Ejecutiva de la Bolsa de Comercio de Rosario ha definido un conjunto de temas estratégicos para el campo argentino y la agroindustria, con el objetivo de que los mismos puedan ser tratados y debatidos con las autoridades nacionales, provinciales y municipales, otras organizaciones de la sociedad civil y gobiernos extranjeros; en el convencimiento de que la búsqueda de consensos y una óptima complementación público-privada es el camino más conveniente y razonable para generar las decisiones estratégicas que van a permitir potenciar el desarrollo económico y social de nuestro país.” Lo notable de esta formulación es que pone a los protagonistas internos en el mismo plano que los “gobiernos extranjeros”, lo cual es una prueba contundente de su sumisión a los dictados de los intereses imperialistas.

Un capítulo especial del programa presentado lo constituye el apartado referido a “Infraestructura de Transporte e Inversiones”, en donde se plantea la necesidad de avanzar en la futura reglamentación del Open Access en los ferrocarriles de carga, el vencimiento de la concesión de dragado y balizamiento de la vía navegable troncal desde Puerto Santa Fe al Río de La Plata y el mejoramiento de la red caminera secundaria y rural.

En este mismo sentido, ya en el 2016, y estimulada por los nuevos vientos que soplaban tras la asunción del presidente Mauricio Macri, la BCR presentó, en conjunto con el Gobierno de Santa Fe, un ambicioso “Plan de mejoras de infraestructura de U$S 420 millones para el Gran Rosario”, que con la excusa de reducir el impacto de la logística de carga sobre el tránsito, el medio ambiente y la economía regional, buscaba una reducción significativa de los costos operativos de las empresas del complejo agroexportador. Un video explicativo detallaba con precisión milimétrica cada una de las obras viales y ferroviarias necesarias de implementarse, sin aclarar de dónde  provendrían los recursos para financiar las obras, y ahí sí debía volver a aparecer el Estado, para garantizar los recursos o los subsidios necesarios en beneficio de “todos”. De este tipo de estudios surgirán en los años anteriores el Plan Circunvalar, las más de 1.000 publicaciones referidas al estudio de la hidrovía, y un sinnúmero de seminarios sobre el transporte fluvial, congresos de Innovación, workshops y conferencias sobre las principales producciones de la zona, que irán pavimentando el “consenso” sobre la necesidad de avanzar con estas obras, presentadas como indispensables para el desarrollo y el crecimiento, que son solo instrumentos para, de un modo cada vez más eficiente, garantizar la provisión de materias primas, rol que las grandes potencias del mundo han asignado a la Argentina.

El rol de la Bolsa de Comercio es un buen ejemplo que demuestra el peso que posee el “factor interno” en la cadena de la dominación extranjera. El saqueo de nuestros recursos por parte de las potencias imperialistas no sería posible sin el entramado de influencias y presiones que ejercen en las sombras este tipo de entidades sobre el poder político.

Hay que tener en cuenta que del lado de la oferta juegan, entre otros, los terratenientes y grandes burgueses agrarios, cuyos intereses también se expresan en la BCR. Muchos de sus dirigentes son terratenientes, además de sus funciones como corredores, exportadores, etc., como sus ex presidentes Padoán (Vicentín, y propietarios de campos),  Boglione (aceitero y terrateniente), etc. Los terratenientes son los principales vehiculizadores de la subordinación a los imperialismos.

La conformación de este sector de la burguesía, que denominamos intermediaria, cuyo comportamiento político solo puede explicarse a partir de los negocios que teje para poder quedarse con una parte importante de la plusvalía generada en todo el proceso de la producción agropecuaria, que abarca desde los obreros rurales hasta los obreros que producen maquinarias agrícolas e insumos químicos, es parte del margen o  “tributo” que el imperialismo está dispuesto a resignar para que le sean aseguradas las condiciones del ejercicio de su hegemonía sin interferencias.

Pero para que las prioridades de una minoría logren consenso, es preciso contar con el aval de voces autorizadas en el tema. Allí juega un papel clave el staff de profesionales de la BCR que garantiza la producción de conocimientos específicos indispensables para hacer realidad este modelo de país pensado para los de arriba y los de afuera.

Para ello la entidad  cuenta con un plantel de profesionales de primer nivel que elabora informes (1.670 informativos semanales publicados desde hace más de 30 años) y analizan día a día las variables de la economía para orientar las decisiones en cada momento y definir al detalle los planes de gobierno. Son la “mano de obra especializada” con la que cuentan para dictar cursos y programas de capacitación con el objetivo de formación y especialización en los temas sobre los que es necesario debatir para poder instalar y construir sus “necesidades impostergables”.

Pero no solo es en el ámbito de las cuestiones económicas y académicas donde la BCR pisa fuerte. Como todo organismo que pretende incidir en la formación de la opinión pública, el trabajo ideológico y cultural es una herramienta indispensable. Para ello cuenta con una agenda permanente, que garantiza que más de 4.000 personas visiten anualmente el museo que aloja en su sede y asistan a los más de 300 espectáculos que tuvieron lugar allí de forma abierta y gratuita a la comunidad desde hace más de 25 años.

No son menores tampoco los vínculos que la BCR ha ido tejiendo con  la Universidad Nacional de Rosario, no solo en la formación de dichos profesionales, sino porque además en los últimos años ha creado carreras específicas sobre estas temáticas. Tal es el caso de la carrera de Especialización en Política y Gestión de las Infraestructuras, que se dicta en dicha alta casa de estudios, en la cual el Rector de la Universidad Nacional de Rosario hasta el año 2019, el arquitecto Héctor Floriani, es el responsable junto al ingeniero Juan Carlos Venesia del Instituto de Desarrollo Regional (IDR), que desde hace varios años trabaja en la difusión de estas iniciativas y es uno de los gestores de los Encuentros de Transporte Fluvial que se realizan en la sede de la BCR cada año.

La Bolsa y las agroexportadoras: no todo es un lecho de rosas…

Como dijimos al inicio de esta nota, esta entidad se ha constituido en el principal vocero de los intereses de los terratenientes, del capital financiero, del puñado de empresas del complejo agroexportador, dando sobradas muestras de su poder de lobby sobre los gobiernos de turno. Además, al hacerlo, ha permitido que los principales CEOs de estos monstruos invisibles puedan mantener el perfil bajo y el desconocimiento público que los caracteriza. Ese es el aspecto principal de su comportamiento. Sin embargo, existe una diferencia entre los mercados de bienes o productos de consumo industriales manufacturados, la mayoría como oferta monopólica, y los mercados de materias primas o commodities.

En el primer caso existen unos pocos productores que ofrecen diferentes productos a distintos precios, a un mercado compuesto por miles o millones de compradores. En cambio en el mercado de commodities, la relación de proporción entre oferentes y compradores es inversa: decenas de miles de productores agropecuarios ofrecen a un número relativamente pequeño de compradores de cereales y oleaginosas que actúan como oligopolio, productos que salvo excepciones son similares y sin diferencias notorias. Por lo tanto, esta situación de oferta atomizada y demanda concentrada obliga a que ambas partes negocien sus precios y sus operaciones en mercados concentradores.

Al negociar la mayor parte de la oferta disponible en un mismo ámbito, los mercados concentradores de la BCR ofrecen a los compradores un lugar en el cual comprar un importante volumen de granos y, a los vendedores, una mejor capacidad de negociación al concentrar la oferta atomizada de cereales y oleaginosas. Es así como esta se presenta como el mercado físico de granos natural para la formación de precios en Argentina. Cuando los monopolios “compran directo” a los productores, puentean a los acopios locales (privados y cooperativas), que son los que luego comercializan la producción en la Bolsa a través de corredores.

Todo lo mencionado hasta aquí funcionará en la medida que no existan operaciones directas entre los productores y los puertos, es decir, sin que nadie intente pasar por encima de la intermediación de la Bolsa de Comercio porque, de hacerlo, se dificultará la fijación de los precios de referencia, se “perjudicará” el negocio de la intermediación y por lo tanto se reducirán los dividendos de la actividad.

Lo mismo sucede en relación a la intervención de sus Cámaras Arbitrales y sus Laboratorios, que diariamente analizan la calidad de los granos que se comercializan.

Ahora bien, en este mundo supuestamente regido por las leyes de la oferta y la demanda, la intervención de la Bolsa de Comercio también puede leerse como un obstáculo, como una interferencia que sería deseable eliminar para apropiarse de una porción mayor de la plusvalía  y maximizar ganancias por parte de los monopolios de exportación. Es así que, por momentos, esta contradicción secundaria en la guerra de rapiña, toma mayor relevancia, sobre todo cuando las comercializaciones “en negro” ganan terreno y su fiscalización no es factible ya no solo para el Estado, sino también para la propia BCR.

 

 

Luciano Orellano, miembro del Foro por la Recuperación del Paraná, de la Mesa Coordinadora de Defensa de la Soberanía Nacional sobre el río Paraná y el Canal Magdalena y autor del libro “Argentina sangra por las barrancas del río Paraná”

 

7 respuestas en “La Bolsa de Comercio de Rosario y su trascendencia en la vida de los argentinos y argentinas.”

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