Por Dulio Lacuadra (*)
El martes 30 de Julio, las autoridades de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), a cargo del “libertario” Martín Porro, mediante un simple aviso en el sistema de gestión estatal, notificaron el despido de más de 60 trabajadores del área, número que puede llegar a 170 en estos días. Frente a la ocupación pacífica y las diferentes medidas de protestas de los trabajadores y sus sindicatos, la respuesta oficial fue el accionar de la Gendarmería en la sede central, la intimidación, los golpes y respuestas vacías en la red social X por parte de algunos funcionarios políticos. Esto no es una medida aislada, no es un reajuste por números deficitarios, no es solo crueldad, es parte de una política sostenida, planificada, y de magnitudes profundas, de destrucción del Sistema Científico-Tecnológico argentino y un plan de subordinación estratégica a los Estados Unidos y al capital foráneo.
Este artículo busca humildemente dar algunos elementos que ayuden a ubicar la magnitud y la peligrosidad de lo que estamos viviendo y algunas pistas para contribuir a la defensa de la soberanía científica y técnica argentina.
Conocer para amar, amar para defender, una breve reseña de la CNEA
La CNEA fue creada el 31 de Mayo de 1950, por decreto N° 10.936/50, bajo la primera Presidencia de Juan Domingo Perón. Si bien el objetivo central se enmarcaba en desarrollar y dominar la energía nuclear con fines pacíficos, el primer peronismo buscaba orientar desde el Estado un proyecto de industrialización en el que el desarrollo de la energía atómica constituyera un eslabón inicial para el logro de la independencia científica-tecnológica de nuestro país. Se emprendió la promoción de la geología y la minería nuclear, la explotación y el procesamiento del uranio, el desarrollo de la metalurgia y la producción y utilización de radioisótopos centralmente. Otro aspecto clave a tener en cuenta fue que la Argentina buscaba desarrollar investigación e innovación también en materia de Defensa de los recursos propios, de las capacidades instaladas y del territorio continental e insular del país, en un mundo dominado por las disputas entre las dos superpotencias de la época: la URSS y los EE.UU.
La creación de la CNEA se suma a algunos hitos conquistados en materia de independencia científica-tecnológica, como lo es la Universidad Pública heredera de la Reforma Universitaria de 1918, la creación de la Universidad Obrera Nacional (actual UTN) en 1948, la Ley de Gratuidad de la Enseñanza Universitaria de 1949, la constitución del CONICET en 1958, entre otros. Hitos que con fuertes disputas sentaron las bases del Sistema Científico-Tecnológico Argentino que tanto orgullo genera.
En estos 76 años del organismo, hemos avanzado en controlar y desarrollar las operaciones de las tres centrales nucleares argentinas; ATUCHA I, ATUCHA II y EMBALSE. Se posiciona como un área que no solo investiga y diseña reactores nucleares, sino que también es clave en el desarrollo de la salud, con investigaciones sobre medicina nuclear, produce los radioisótopos que se usan en el mercado nacional para el diagnóstico y tratamientos de enfermedades como el cáncer. Posiciona a la Argentina, junto a Brasil y Sudáfrica, como los únicos tres países del hemisferio sur que desarrollan energía eléctrica por vía nuclear. Según un informe del observatorio CEPA, administra dos grandes empresas que son superavitarias: ATUCHA, que depende de Nucleoeléctrica Argentina, con números positivos por $90.304 millones de pesos en 2025; y la DIOXITEK, que produce pastillas de uranio y que generó $19.204 millones de pesos; empresas estatales que nos ubican competitivamente en el mundo en materia de energía nuclear. Hoy la Argentina domina el ciclo completo del combustible nuclear (solo 11 a nivel mundial lo han logrado) y exporta tecnología de primer nivel, incluyendo reactores y servicios de ingeniería de altísima complejidad
Vemos un largo camino en la defensa del desarrollo soberano, de fuertes convicciones de que nuestro país puede crecer, industrializarse y, por qué no, autoabastecerse energéticamente. No fue un camino fácil, ni lineal, siempre estuvo condicionado por los distintos proyectos estatales en pugna en diferentes momentos de la historia. El ataque actual del Gobierno de Milei, nos recuerda los intentos de la dictadura genocida en desfinanciar, los intentos de Menem y Cavallo en vender su infraestructura, en todos los intentos de esos gobiernos en torcer el rumbo y los objetivos que la habían originado allá por los años 50.
Es importante reconocer la fuerte inversión presupuestaria estatal de algunos gobiernos en estos veinte años. Sin embargo, hay que destacar también a los miles de estudiantes, técnicos, licenciados, doctores, que formados en un profundo entramado de Universidades Públicas e Institutos Superiores han contribuido con sus producciones e investigaciones a robustecer y a disputar el sentido, el para qué y el para quién de la ciencia y la técnica argentina en general y de la energía nuclear en particular. Hoy lo que buscan es doblegar, colonizar y subordinar, pese a que todos sus trabajadores, los protagonistas, siguen enfrentando los despidos y el desmantelamiento. Allí está la clave.
Un ataque al plan nuclear argentino
Según un informe del Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación (CIITCI), desde que asumió Javier Milei, el presupuesto de la CNEA se redujo un 45,4% y su inversión en bienes de capital descendió un 53,4%. A esto se suman los casi 389 despidos y renuncias en la gestión de Mieli (más del 10%)
El gobierno “Libertario” con decretos, despidos y paralización de proyectos estratégicos como el CAREM busca desmantelar el plan nuclear argentino, una inversión de 76 años de historia. Impulsan dos mecanismos: por un lado, entregan a los Estados Unidos y empresas privadas áreas claves del organismo, activos como el uranio o reactores patentados por INVAP, y por otro lado, despidos y una política sostenida de empobrecimiento y precarización del personal, casi empujándolos a la renuncia. En un mundo dominado por la guerra y la dificultad en recomponer las tasas de ganancias de los grandes monopolios internacionales, los hechos ocurridos en el organismo tienen que ser analizados prestando atención al rol que cumple nuestro país en la geopolítica actual, la lucha global entre las potencias por el poder energético y el relanzamiento del sector nuclear a escala global. Todo esto está en juego.
En el mes de mayo el gobierno habilitó que privados internacionales y nacionales puedan recorrer las instalaciones de la CNEA en la búsqueda de activos nucleares que les interesen para futuras iniciativas privadas, poniendo a disposición el Procedimiento de Acceso Preliminar de la comisión. Hace unos días nos enteramos del ingreso a la Argentina de Meitner Energy (60% en manos de un magnate iraní que vive en los EE. UU. y financista de Elon Musk), fundada en 2024 en Delaware, tierra donde se radican muchas OFFSHORES. Con la excusa del ingreso de dólares, Meitner Energy dispondrá del uso del reactor RA-10 patentado por INVAP con dinero del Estado y de ahora en más las ganancias serán giradas a la casa central en los Estados Unidos. El plan resulta claro, habilitan al capital extranjero no solo a llevarse el personal argentino, sino a llevarse el ciclo del combustible nuclear entero, desde la investigación de la ubicación del uranio hasta la explotación de una mina. Se abre la puerta para que se lleven las 33.000 toneladas de uranio que hay en nuestro país. Prueba de ello son las declaraciones del Secretario del Tesoro de EE. UU. Scott Bessnt, que decía lo siguiente: “Argentina es rica en Uranio, están comprometidos con la entrada de empresas privadas estadounidenses”.
Así, lo que costó varias generaciones de esfuerzo colectivo en interés de todos los argentinos va a ser apropiado, privatizado y excluido del dominio común por un puñado de empresas privadas (nacionales e internacionales) bajo el impulso del gobierno libertario.
Defendamos el Sistema Cientifico Tecnologico Argentino que supimos conseguir
Nuestro Sistema Científico Tecnológico y de Innovación es un orgullo nacional. Con tensiones y disputas hemos formado premios nobel, desarrollado innovación y tecnología de punta a escala global y les ha dado sentido de pertenencia a miles de jóvenes que dan sus primeros pasos en la universidad o en la investigación. Pese a los intentos de la dictadura, el menemismo o Mauricio Macri, hemos resistido muchos embates no con pasividad, sino con mucho protagonismo de sus trabajadores, de las y los que hacen ciencia y futuro todos los días.
Está conformado por un conjunto de organismos públicos, universidades, centros de investigación, empresas estatales y entidades privadas que producen conocimiento científico, desarrollan tecnología, promueven políticas públicas integrales que estructuran estrategias y políticas de desarrollo e innovación. Sus principales componentes son los organismos nacionales de ciencia y tecnología, como CONICET, CNEA, INTA, INTI, CONAE, Instituto Nacional del Agua, Instituto Antártico Argentino, entre otras. No solo son instituciones prestigiosas, son la trinchera de lucha de miles y miles de estudiantes, técnicos, becarios doctorales y posdoctorales, docentes-investigadores universitarios, entre otros, que se han formado por muchos años y que han elegido disputar el conocimiento y la producción en un sentido soberano.
No es nuevo el ataque o la saña con nuestras instituciones estatales, lo que es novedoso es la magnitud y la rapidez de las políticas de deterioro, desmantelamiento y subordinación. Seamos claros y que no nos confundan, esto no es un ajuste o una “readecuación presupuestaria”, Vivimos un ataque por áreas y por etapas al sistema en general. En estos tres años de mileísmo los despidos, la reducción presupuestaria, las renuncias y la entrega de áreas claves a extranjeros, fueron moneda corriente. Asistimos a despidos en CONICET, INTI, INTA, AGENCIA I+D+i (con su práctica destrucción) y ahora CNEA; el deterioro del salario docente en Universidades Nacionales e Institutos y el congelamiento de becas estudiantiles; hasta se niegan a aplicar la Ley de Financiamiento Universitario. Canalladas si las hay. Nos enteramos de un día para otro cómo quieren dejar sin becas a 379 becarios posdoctorales y dar de baja cientos de concursos de cargos técnicos y profesionales que están en proceso.
Este es el objetivo de Javier Milei: cortar un circuito y destruir un sistema que intentó, pese a la incapacidad de ir a fondo en determinados momentos, modelar el desarrollo tecnológico del país a través de la interacción entre el Estado, el sistema nacional de ciencia y técnica y el aparato productivo nacional. Los paladines de la libertad generan las condiciones materiales y culturales para una nueva fuga masiva de cerebros a las potencias centrales, y avanzan en reducir la infraestructura técnica y tecnológica al servicio de una estructura productiva reprimarizada y sin industria. Lo que funciona se vende, lo que permite multiplicar se subordina a los de afuera, y lo que nos genera autonomía se regala. Esto es lo que está detrás de las mentes brillantes del mileísmo.
Otra Argentina es posible
Como venimos exponiendo, frente a nosotros tenemos un plan claro que viene por todo lo nuestro, que nos quiere llevar por delante. Sin embargo, acá hay un pueblo que ha escrito páginas gloriosas, que ha resistido y ha luchado mucho. Somos herederos de la reforma del 18, de las puebladas del 60 y 70, de la resistencia a la dictadura, de la defensa de la patria en Malvinas, de la lucha contra la Ley de Educación Superior, del arancel de López Murphy, y lo seremos ahora con las luchas que forjaremos en el presente. Millones en todo el país han salido a las calles para defender a las Universidades Nacionales, a sus profesionales, sus investigaciones, y a sus estudiantes. Frente a los despidos, las y los trabajadores se organizan y no se dan por vencidos, por eso es importante que nos solidaricemos, que acompañemos y que convoquemos a todos y a todas a defender nuestra ciencia, nuestras universidades y nuestra técnica
Somos conscientes de la ofensiva reaccionaria que vivimos, que a veces las noticias nos angustian y que el plan es a fondo. Sin embargo, no nos rendimos, porque de esta situación se sale convocando a toda la comunidad científica y universitaria en particular, y al pueblo en general, a que sean partes de la construcción de un “Nuevo Plan de Desarrollo Científico y Tecnológico”. Un plan que nos permita reconstruir la patria luego de la pesadilla de Milei, pero por sobre todo nos permita pensar que Argentina necesitamos, donde la SOBERANÍA política y económica sean los principios que vertebran el desarrollo futuro.
Necesitamos avanzar en un nuevo Estado con protagonismo popular que diseñe y ejecute políticas de desarrollo, que invierta sostenidamente en la infraestructura científica y tecnológica, apoyándose en un entramado productivo que demande innovación para la producción a escala local, regional y nacional. Por eso es clave defender y avanzar en el control de nuestros recursos estratégicos y de las capacidades en ciencia y técnica nacionales. En nuestras universidades, organismos específicos, agencias nacionales e institutos está la masa crítica que necesitamos, la que construye ciencia y soberanía tecnológica todos los días, depende de si los convocamos, de si los escuchamos y de si les damos el lugar a que protagonicen.
Hay que estar a la altura de la historia, buscamos construir una propuesta superadora a los embates y estamos obligados a tener la decisión valiente de cambios estructurales, de animarnos a recuperar soberanía. Ese es el pequeño desafío que tenemos, no somos pocos, somos muchos.
(*) Miembro del “Foro por la Recuperación del Paraná, Ciudad de Santa Fe
