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SOBERANÍA ENERGÉTICA VACA MUERTA

Vaca Muerta: ¿oportunidad para el desarrollo nacional o para profundizar la dependencia?

Juan Manuel Ramos analiza la renta petrolera, la disputa geopolítica por los recursos energéticos y los caminos posibles para la Argentina.

El ingeniero eléctrico y docente de la Universidad Nacional del Comahue dialogó con Severo Van Kruijssen en Voces por la Soberanía. La entrevista plantea una disyuntiva: aprovechar Vaca Muerta para industrializar el país o profundizar un modelo de exportación de materias primas.

Una oportunidad histórica para la Argentina

Vaca Muerta aparece habitualmente en las noticias por los récords de extracción y exportación. Para Juan Manuel Ramos, sin embargo, la cuestión central es qué proyecto económico se construye a partir de esa riqueza. Su potencial permitiría generar empleo, fortalecer la industria y mejorar las condiciones de vida de la población.

“Representa, podemos decir, si se quiere, una oportunidad histórica para la Argentina de poder cambiar o avanzar en modificar esa estructura […] de exportador, solo de productos primarios.”

Ramos destacó el papel de la recuperación del control estatal mayoritario de YPF en 2012: según explicó, la petrolera asumió inversiones, riesgos y aprendizaje tecnológico que hicieron posible la explotación no convencional a gran escala. Considera que ese proceso muestra la importancia de las decisiones soberanas en el desarrollo energético.

Producir más no significa desarrollar más

El crecimiento de la extracción no fue acompañado al mismo ritmo por la capacidad de refinación. Por eso, una proporción creciente de la producción puede destinarse a la exportación sin procesamiento local.

“Hoy crece muchísimo más rápido la producción que la capacidad de refinación.”

La pregunta, entonces, no es solo cuánto petróleo se produce, sino cuánto valor agregado, trabajo y capacidad industrial se genera en el país. Ramos contrapone un modelo centrado en exportar hidrocarburos con otro que priorice su transformación y el abastecimiento de la producción nacional.

¿Quién se queda con la renta petrolera?

Ramos presentó un estudio de distribución de ingresos basado en el supuesto de un barril exportado a 100 dólares. Estimó unos 22 dólares de inversión, extracción y transporte por barril y señaló que, luego de impuestos y regalías, alrededor de 55 dólares quedarían en manos de las operadoras. Según su cálculo, de la renta restante después de costos, aproximadamente el 70% corresponde a las empresas y el 30% al Estado nacional y las provincias.

“El 70% de la renta queda en manos de las operadoras y el 30% restante entre Estado nacional y Estado provincial a través de impuestos.”

Es una estimación del estudio expuesto por el entrevistado, no una medición verificada de la totalidad de los yacimientos. Ramos sostuvo que recuperar una mayor proporción de esa renta permitiría financiar obras, viviendas, escuelas y centros de salud. También destacó que, aunque YPF tiene una participación relevante en la explotación, coexisten empresas y accionistas privados nacionales y extranjeros.

Vaca Muerta en la disputa entre las grandes potencias

Para Ramos, el futuro de Vaca Muerta debe analizarse en el marco de la competencia internacional por la energía y los recursos estratégicos, particularmente entre Estados Unidos y China. Señaló que representantes estadounidenses han expresado interés en los hidrocarburos argentinos por razones de seguridad nacional y cuestionó la orientación del gobierno de Javier Milei.

“Yo creo que con esta línea, con esto que empuja el gobierno, […] [Vaca Muerta pasa] a ser parte de una pieza fundamental en la estrategia de guerra de Estados Unidos.”

Se trata de una interpretación política del entrevistado sobre el lugar de Vaca Muerta en la geopolítica mundial. Su advertencia apunta al riesgo de que las decisiones sobre el recurso respondan prioritariamente a necesidades externas antes que a las del país.

La riqueza petrolera y las condiciones de vida

Ramos mencionó las carencias de infraestructura y servicios en localidades neuquinas vinculadas a la explotación, como Añelo y Rincón de los Sauces. Cuestionó la distancia entre la magnitud de la riqueza extraída y los beneficios que perciben las comunidades cercanas. Planteó que un programa energético nacional debería vincularse con empleo, universidades, tecnología, infraestructura y servicios públicos.

Energía accesible para la industria nacional

Otro eje de la entrevista fue el precio de la energía para el mercado interno. Ramos recordó experiencias de precios diferenciados, como el llamado barril criollo, y sostuvo que disponer de energía accesible puede reducir costos en numerosas cadenas productivas.

“No es posible […] una industria sin seguridad energética y sin energía barata.”

También advirtió que los ingresos por exportaciones no equivalen automáticamente a divisas disponibles para el desarrollo, porque parte puede salir nuevamente del país mediante utilidades y dividendos de compañías extranjeras.

La soberanía energética como decisión política

Ramos recuperó la experiencia histórica de YPF y de Enrique Mosconi para destacar que los avances estratégicos del sector energético estuvieron vinculados, a su juicio, con decisiones de control nacional. Su planteo final devuelve la discusión a una pregunta política: quién decide el destino de los recursos y al servicio de qué proyecto de país.

La existencia de una riqueza energética extraordinaria no garantiza por sí sola industrialización ni bienestar. El desafío es convertirla en una herramienta de desarrollo nacional, en lugar de limitarla a la extracción y exportación de materias primas.

Juan Manuel Ramos es ingeniero eléctrico, docente de la Universidad Nacional del Comahue e integrante del Movimiento por la Recuperación del Petróleo.

Mirá la entrevista completa  realizada por Severo Van Kruijssen para Voces por la Soberanía en el siguiente link:

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