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Agrotóxicos: matar al mensajero

Se llama Virginia Aparicio, es científica e investigadora del INTA de Balcarce, provincia de Buenos Aires. Trabaja en una investigación donde se comprobó la presencia de un combo de glifosato y otros pesticidas en la población de Argentina. En el estudio científico en cuestión, se detectó que el 86 % de las personas analizadas contenían en sus cuerpos un combo de agrotóxicos, entre ellos glifosato.

La científica encontró más de 200 agrotóxicos en muestras de suelo, agua y sedimento, pero también en la sangre, heces y orina de animales y humanos. El INTA le frenó la investigación para que no muestre cómo nos están envenenando.

La científica dice:

“Nosotros hicimos un aporte científico fundamental para el desarrollo de la investigación en ciencias médicas toxicológicas, que tienen que ver con la exposición de los individuos a mezclas de productos en forma crónica. Esa es la veta de investigación que se está demandando a nivel mundial porque hay una asociación entre algunas enfermedades, como el cáncer, el Alzheimer y el Parkinson, con la exposición a plaguicidas, pero en concentraciones bajas y en tiempo prolongado durante tu vida.

Entonces, la idea era ver cuáles de los 206 plaguicidas que se pudieron medir estaban distribuidos en las matrices y en qué combinación. En Argentina no hubo muestras que no tuvieran mezclas de plaguicidas.

Y los voluntarios que participaron de la propuesta eran 73 personas que se dividieron en tercios. Un tercio eran productores agropecuarios que usaban plaguicidas, como es nuestro sistema de manejo, y productores agroecológicos, pero también vecinos de productores que estarían, para nuestra forma de verlo, representando a los poblados y consumidores de alimentos que vivían en ciudades como Tres Arroyos, Balcarce, Necochea, Tandil, Mar del Plata, que no tienen contacto con el sector productivo, salvo el alimento que consumen, el aire que respiran y el agua que beben.

El tema de los plaguicidas en Argentina es un tema muy tenso de tratar y, sobre todo, desde el INTA, porque tenemos como muy metido en la cabeza, en el mundo agrario, que no se puede producir si no es con el agregado de plaguicidas que maten especies que compiten o dañan nuestro cultivo. Es un tema muy tenso.

Ya antes, cuando coordiné proyectos en INTA, proyectos nacionales, tuve censuras de libros, suspensión de reuniones, pero nunca había llegado al punto de hacerme un sumario.

Somos muchos empleados del Estado en el INTA y en otras instituciones que tenemos un profundo amor por ser servidores públicos. Entonces hacemos un trabajo importante, interesante y que no lo puede hacer ninguna otra institución privada, porque esto se trata de la salud pública y ninguna empresa va a pagar para trabajar y monitorear y diagnosticar cuánto plaguicida hay en el ambiente si es la empresa que los produce.

Entonces, la defensa de nuestro pueblo está en manos de nuestros servidores públicos y yo me siento un servidor público”.

La superioridad del INTA, funcionarios que responden al Gobierno, la quiere castigar duramente por hacer bien su trabajo. La quieren castigar expulsándola del instituto (INTA), exonerándola e inhabilitándola para que no pueda seguir trabajando como científica.

Que esta brutal y cruel censura no quede impune; quieren tapar el daño que generan los agrotóxicos en animales y personas.

Un combo de 206 agrotóxicos en animales y personas que vivimos en Argentina, pero también presencia de agrotóxicos en frutas y verduras y, además, en carne vacuna y otras carnes: alimentos que consumimos los argentinos, pero que también se exportan al mundo.

Estamos exportando al mundo carnes y productos agrícolas plagados de agrotóxicos.

En esta avaricia de los megamillonarios por ganar más y más, sin detenerse y sin responsabilizarse por las consecuencias, no solamente están enfermando a la población argentina, sino también al mundo que compra nuestros alimentos plagados de plaguicidas.

El alimento que te enferma

La mundialmente famosa carne argentina incluye un combo de agrotóxicos que comen y beben durante toda su vida los vacunos.

La soja, con la que en China alimentan a los cerdos, contiene un combo de agrotóxicos, y se sabe que estos los incorporan al alimentarse. Así también pasa con las demás exportaciones de alimentos.

Nada ni nadie se salva; al respirar, al consumir vegetales, frutas y carnes, incorporás un combo de más de 200 agrotóxicos en tu cuerpo.

El agua que te enferma

Al abrir la canilla de tu hogar para llenar la pava y cebarte unos matecitos, estás consumiendo un combo de agrotóxicos. Al llenar la olla para cocinar, al bañarte, al limpiar tu casa, al lavar los utensilios de cocina o tu ropa, todo lo hacés con agua potable que contiene un combo de más de 200 agrotóxicos.

¿Cómo permanecer indiferentes ante esta cruel realidad que nos quieren ocultar?

Los agrotóxicos no son los únicos contaminantes a los que estamos expuestos en Argentina.

Un análisis preliminar de muestras de granizo recogidas en la localidad de Funes, provincia de Santa Fe, detectó micropásticos, distintos elementos químicos y metales. Las muestras fueron analizadas por tres laboratorios independientes, dos en Rosario y uno en Córdoba. Entre los elementos encontrados aparecen aluminio, arsénico, cromo, plata y zinc, aunque los resultados todavía no permiten establecer su origen ni su concentración.

También se planteó una posible vinculación con técnicas de siembra de nubes, pero la presencia de estas partículas no demuestra que hayan sido introducidas artificialmente. Para avanzar se necesitan nuevas muestras, controles y monitoreo del aire y de las precipitaciones.

Ni la lluvia se salva del manipuleo económico.

¿Estamos tan mal que no reaccionamos ante una actividad económica que hace megamillonarios a pocos, pero que enferma a la totalidad de la población?

Los responsables de esta actividad económica de un país agroganadero y glifosato-dependiente no viven en el país, sino en Europa, pero los que vivimos y enfermamos en el país somos millones. Jueces, fiscales y presidiarios; empresarios y trabajadores; los dueños de la mansión y la servidumbre; los gobernantes y el pueblo: todos tenemos y convivimos con el combo de más de 200 agrotóxicos en el cuerpo, y todos enfermamos y morimos. Nadie se salva, y menos solo.

Hay que cambiar esta matriz productiva contaminante. Hay una pandemia nacional donde no existe una vacuna, sino un cambio de paradigma. ¡Hay que hacer algo y ya!

Los funcionarios de este cruel Gobierno ya hicieron algo: quieren “matar al mensajero”, creyendo torpemente que con eso se extingue el mensaje o el combo de más de 200 agrotóxicos en la población.

El periodista y productor agrícola Pedro Peretti, en el documental Argentina sangra por las barrancas del río Paraná, manifiesta, con la autoridad que tiene en la materia, que ya no hay casas con familias viviendo en el campo, que la zona agrícola está desierta de las casas habitadas que solíamos ver. Esto es por la concentración de tierras y la explotación sojera.

Se debe hacer una reforma agrícola similar a la que se hizo en Estados Unidos. No se puede seguir concentrando la tierra: la tierra es para el que la trabaja.

Hay una gran parte de la población a la que no le llega la verdad, que vive conectada a su propio ombligo, ve los mismos canales de TV que siempre le ocultan la realidad; una sociedad que consume el opio que la aleja de lo realmente importante de lo que pasa, que la vuelve pasiva, individualista, indiferente, pero que, sin saberlo, también es perjudicada por esta realidad que no se molesta en descubrir.

La masa indiferente favorece al opresor, al que te perjudica mientras te muestra espejitos de colores. Hay que darse cuenta, despertar: la ignorancia tiene cura. La democracia no consiste solo en votar cada cuatro años.

Chorizo al glifosato

En la localidad de La Colina, partido de General La Madrid (provincia de Buenos Aires), el 26 de septiembre pasado se celebró el cumpleaños 115 de la localidad con la tradicional Fiesta del Chorizo a la Pomarola.

Pero esta vez, los 1.000 chorizos cocinados tuvieron un ingrediente adicional, ya que en la preparación fueron utilizados bidones (o baldes) que originalmente contenían GLIFOSATO, lo que quedó registrado en fotografías.

Para colmo, el intendente de La Colina explicó, increíblemente, que los envases eran “viejos”.

Parafraseando al inigualable Diego Maradona: ¿se puede ser tan pelotudo?

¿A quién se debería exonerar? ¿A la científica del INTA o a un intendente que permite que reutilicen un recipiente de agrotóxicos para cocinar?

Debería saber este intendente que un recipiente de agrotóxicos nunca debe reutilizarse y muchísimo menos para contener comida. Tanta ignorancia ya preocupa, más aún en un funcionario.

Para concluir, y sin cambiar el tema de los agrotóxicos, por esto es que antes de cualquier licitación u obra de dragado, por pequeña que fuera, se necesita un estudio previo y completo de impacto ambiental, hecho por científicos y especialistas de las universidades públicas.

Porque, como lo dijo la científica del INTA Virginia Aparicio: “La defensa de nuestro pueblo está en manos de nuestros servidores públicos y yo me siento un servidor público”.

Trataron y tratan de “colar” estudios apócrifos como ambientales; tratan de hacer estudios por tramos y por empresas privadas. Todo esto es más trucho que la misma licitación de dragado, donde además hubo cartelización y direccionamiento a la empresa ganadora.

Si en el país hubiera una Justicia independiente del poder político y económico, la licitación ya estaría anulada.

02-10-2026

Feliciano Ramos
Capitán Fluvial
Miembro del “Foro por la Recuperación del Paraná”

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