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Las escuelas técnicas en la Argentina: financiamiento, abandono estatal y proyecto de país

Por: Carolina Di Fiori (*)

Las escuelas de educación técnico profesional han sido, históricamente, uno de los pilares del desarrollo productivo argentino. No solo forman técnicos y técnicas con saberes específicos, sino que encarnan una idea de país basada en el trabajo, la industria nacional, la soberanía tecnológica y la movilidad social. Sin embargo, en la actualidad atraviesan una situación crítica producto del desfinanciamiento, el abandono y la falta de compromiso tanto del gobierno nacional como de los gobiernos provinciales, en nuestro caso el de Santa Fe.

Desde sus orígenes en las escuelas de artes y oficios del siglo XIX, la educación técnica estuvo ligada a los momentos en que la Argentina apostó al desarrollo industrial. Su mayor expansión se dio a mediados del siglo XX, especialmente durante el primer peronismo, cuando el Estado impulsó un modelo productivo basado en la industria nacional, el trabajo y la integración entre teoría y práctica.

La creación del CONET y la expansión de las escuelas técnicas respondieron a una necesidad concreta: formar trabajadores calificados para sostener un proyecto de país industrializado. En esos períodos, la educación técnica no fue un gasto, sino una inversión estratégica.

Por el contrario, cada vez que el país giró hacia modelos de valorización financiera, apertura indiscriminada de importaciones y subordinación externa, las escuelas técnicas fueron atacadas, vaciadas o relegadas.

La dictadura iniciada en 1976 significó un quiebre profundo: desindustrialización, endeudamiento externo y destrucción del aparato productivo. En ese contexto, las escuelas técnicas perdieron centralidad, presupuesto y sentido social.

Durante la década de 1990, las políticas neoliberales profundizaron este proceso. La privatización de empresas estatales, el cierre de fábricas y la Ley Federal de Educación fragmentaron el sistema educativo. Las escuelas técnicas quedaron bajo responsabilidad provincial sin los recursos necesarios, obligando a docentes y comunidades educativas a sostenerlas con enorme esfuerzo. Los gobiernos provinciales no se hicieron cargo de su financiamiento.

A pesar de ello, las escuelas técnicas resistieron. Resistieron en los talleres deteriorados, en la falta de insumos y en la convicción de que la educación técnica seguía siendo una herramienta de dignidad y futuro.

La sanción de la Ley de Educación Técnico Profesional N° 26.058 en 2005 representó un punto de inflexión. Reconoció a la educación técnica como estratégica, creó el INET y estableció un Fondo Nacional específico para garantizar financiamiento mínimo y obligatorio.

Ese fondo permitió durante años mejorar infraestructura, equipar talleres, actualizar tecnologías y capacitar docentes. No fue un privilegio: fue el reconocimiento del rol clave que cumple la educación técnica en el desarrollo nacional.

Hoy, ese marco legal está siendo deliberadamente desmantelado.

El proyecto de Presupuesto Nacional 2026 propone eliminar el artículo que garantiza el financiamiento obligatorio de la educación técnica. Esto implica la eliminación práctica del Fondo Nacional para la Educación Técnico Profesional y el vaciamiento del INET.

Esta decisión afecta a más de 1,4 millones de estudiantes y a miles de instituciones en todo el país. No se trata de un error administrativo ni de una medida neutra: es una definición política que expresa una vez más el desprecio del gobierno nacional por la educación pública, el trabajo y la producción.

Hablar de “ajuste” mientras se condena a las escuelas técnicas a talleres sin insumos, máquinas obsoletas y docentes sin formación continua es una forma de violencia institucional. Es una falta de respeto hacia estudiantes, docentes y comunidades que sostienen estas escuelas incluso en las peores condiciones.

Si bien el ajuste se define a nivel nacional, el gobierno provincial de Santa Fe no puede ni debe correrse de su responsabilidad como ya ha hecho. La educación técnica tiene una presencia histórica y estratégica en la provincia, ligada a la industria metalmecánica, agroindustrial, energética y tecnológica.

Sin embargo, frente al retiro de fondos nacionales, el gobierno provincial no ha garantizado una política clara y sostenida para compensar el desfinanciamiento. La falta de inversión suficiente en infraestructura, insumos y actualización tecnológica reproduce desigualdades entre escuelas y degrada la calidad de la formación. Ya sabemos que el gobiernos e Santa Fe ataca a la docencia y no invierte en la educación publica, mucho menos en la educación técnica a cargo, históricamente, del gobierno nacional.

Aceptar pasivamente el ajuste nacional o limitarse a administrar la escasez también es una forma de abandono. Gobernar es priorizar, y cuando la educación técnica no es prioridad, el mensaje es claro: el trabajo y la producción no están en el centro del proyecto político.

La provincia de Santa Fe ocupa un lugar central en la estructura productiva del país. Su entramado industrial y agroindustrial, metalúrgico, metalmecánico, automotriz, agroexportador, lácteo, energético y tecnológico, requiere de manera permanente técnicos y técnicas formados en escuelas públicas. Las escuelas técnicas santafesinas no son un complemento del sistema educativo: son una pieza clave del desarrollo provincial.

Históricamente, estas instituciones estuvieron vinculadas al crecimiento de polos industriales en Rosario, el cordón industrial del Gran Rosario, Santa Fe capital, Rafaela, Reconquista, Venado Tuerto y muchas otras localidades del interior. Allí, la escuela técnica fue y sigue siendo una vía concreta de inserción laboral, arraigo territorial y movilidad social.

Sin embargo, esta realidad productiva contrasta con las políticas actuales del gobierno provincial. Frente al retiro del financiamiento nacional, Santa Fe no ha desarrollado una estrategia integral que garantice el sostenimiento y fortalecimiento de sus escuelas técnicas, como así tampoco exigirle al gobierno nacional su financiamiento. La inversión provincial resulta insuficiente para cubrir la falta de insumos, la actualización tecnológica de talleres, el mantenimiento edilicio y la formación continua de docentes.

Esta situación revela una contradicción profunda: una provincia que se presenta como productiva y moderna, pero que no invierte de manera decidida en la formación de los trabajadores que esa producción necesita. Administrar el ajuste nacional sin confrontarlo ni compensarlo implica aceptar un deterioro progresivo de la educación técnica.

La falta de una política provincial fuerte para la educación técnica no solo perjudica a estudiantes y docentes, sino que también debilita el entramado productivo santafesino. Sin técnicos formados en condiciones dignas, las industrias dependen cada vez más de tecnología importada, mano de obra precarizada o capacitación privada inaccesible para amplios sectores.

Defender la educación técnica en Santa Fe es defender la industria provincial, el empleo local y el desarrollo con inclusión. El Estado provincial no puede desentenderse ni esconderse detrás del ajuste nacional: tiene la responsabilidad política de priorizar la educación técnica como política estratégica.

En este contexto, resulta especialmente preocupante el avance de iniciativas impulsadas desde el sector privado, como los programas de capacitación para escuelas secundarias promovidos por la Bolsa de Comercio de Rosario, entre ellos “El Río Educa”. Estas propuestas, presentadas como aportes educativos, dejan en claro un corrimiento del rol del Estado y una concepción según la cual deben ser las instituciones privadas las que definan qué, cómo y para qué se enseña en relación con la producción.

Este desplazamiento no es un detalle menor. Cuando la formación vinculada al mundo productivo queda en manos de actores privados, el conocimiento deja de pensarse como un derecho social y pasa a responder a intereses sectoriales y coyunturales. La información y los contenidos que se transmiten no son neutrales: están atravesados por una mirada sesgada, oportunista y funcional a un modelo económico específico, que prioriza la rentabilidad y la lógica del mercado por sobre el desarrollo integral, la soberanía productiva y el interés colectivo.

La escuela técnica pública no puede reducirse a un espacio de capacitación a demanda de los sectores concentrados de la economía. Su función es mucho más amplia: formar trabajadores críticos, con capacidad de comprender los procesos productivos, cuestionarlos y transformarlos en función de un proyecto de país justo, industrializado y soberano. Delegar esa función en instituciones privadas implica renunciar al sentido emancipador de la educación y profundizar la dependencia económica y cultural.

No hay país industrializado sin técnicos. No hay soberanía tecnológica sin formación técnica pública y de calidad. No hay desarrollo con inclusión si la educación se subordina a la lógica del mercado y del recorte.

Las escuelas técnicas no solo enseñan oficios: enseñan a pensar, a producir, a transformar recursos en valor agregado. Enseñan que el conocimiento aplicado es una herramienta de independencia.

Como advertía Manuel Belgrano, los países que se limitan a exportar materias primas sin transformarlas están condenados a la dependencia. Desfinanciar la educación técnica es profundizar ese destino.

En Santa Fe, como en el resto del país, la situación actual de las escuelas técnicas no es casual ni inevitable. Es el resultado de decisiones políticas que, tanto desde el gobierno nacional como desde el provincial, han optado por el ajuste, el desfinanciamiento y la falta de planificación estratégica.

Defender las escuelas técnicas es defender el trabajo local, la industria provincial y la posibilidad de un desarrollo autónomo. Es exigir que el Estado, en todos sus niveles, respete a estudiantes y docentes, garantice recursos y asuma que la educación técnica no es un gasto, sino una inversión indispensable.

Sin educación técnica no hay industria. Sin industria no hay desarrollo. Y sin desarrollo, Santa Fe y la Argentina pierden futuro.

(*) Docente de la EETP N°697
Agrupación docente La Mariano Moreno
Ex secretaria del nivel técnico de Amsafe Rosario

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Escuela de Aprendices o Escuela Nacional Fluvial, una forma distinta de estudiar

Por Feliciano Ramos (Capitán Fluvial dragador) (*)

Terminados mis estudios primarios, y porque entré a la primaria con cinco años, me tocó ingresar a la Escuela de Aprendices Nº 2 Rosario a los doce años de edad.

En pocos días me fui dando cuenta de que esta era una escuela distinta a todas las escuelas secundarias. La construcción misma era distinta, y su estructura edilicia y su estructura educativa. Su construcción baja en bloques, hoy se llama construcción en seco.

Ubicada en 27 de Febrero y Avenida Belgrano, dentro del Puerto de Rosario, y en propiedades anexas a  la Dirección Nacional de Vías Navegables (DNVN), era una escuela que fue seguramente construida por los mismos trabajadores del Ministerio de Obras Publicas (MOP), hoy DNVN. Se notaba en su edificio y en los mismos muebles escolares: largos bancos de maderas y largos escritorios escolares donde podían cómodamente ubicarse tres alumnos.

Patio Escuela de Aprendices Nº 2 –  4to año Maquinas, año 1969, “mi curso”

¡Nada de camisas, ni chombas con el emblema del colegio, ni sacos! En esta escuela se concurría con camisa (celeste o blanca), corbata azul y pantalón vaquero (u otro cualquiera) pero encima siempre un mameluco gris, color que te acompañaría durante toda la vida laboral en la DNVN.

El principal motivo por el cual los alumnos ingresaban a esta escuela era el económico, porque en la Escuela de Aprendices Nº 2 te pagaban. Sí, cobrabas un sueldito, un sueldito que en mi caso me servía para el colectivo, material de estudio y alguna cosita más. No era mucho en valor monetario, pero era trascendente y apreciable para un estudiante de bajos recursos y vital para los de nulos recursos. Por eso la gran mayoría de los alumnos eran hijos de trabajadores de la DNVN o hijos de pobres, quienes sin esa posibilidad que les brindaba la escuela, probablemente no ingresarían a ningún establecimiento de estudios secundarios.

El horario se extendía desde las 7 hs de la mañana hasta las 17,30 hs de la tarde. Por este motivo, anexo a la escuela funcionaba un comedor gratuito donde se almorzaba muy bien, otro valor importantísimo para un estudiante de pocos recursos económicos. Los alumnos almorzábamos después de que se retiraban del inmenso comedor los trabajadores terrestres del MOP, hoy DNVN. Era hermoso ver la marea humana de trabajadores yendo apurados al comedor, que ocupaban toda la calle del puerto (como una manifestación de hoy).

La misión de la escuela era preparar alumnos en las especialidades de a bordo de tripulantes de Máquinas, de Cubierta, y en las especialidades técnicas terrestres como carpintería, herrería-calderería, calderas y motores, electricidad, confección de planos,  etc. En las especialidades de a bordo egresabas con el título de Conductor de máquinas navales de 500 caballos Indicados y de patrón menor en cubierta (hoy Conductores de máquinas navales y oficiales fluviales respectivamente).

Por lo general en horas de mañana cursabas las materias de estudio y a la tarde concurrías a los talleres de la propia escuela: carpintería en 1er año, herrería en 2do año, y los años superiores hacías la práctica en talleres y barcos de la DNVN.

Podría escribir mucho de la materias y la vida escolar, pero mucho más importante es relatar todo lo que representaba poder estudiar, prepararte tu futuro, un futuro laboral ya sea en los buques, talleres y oficinas técnicas de la hoy DNVN, o de la inmensa oferta laboral  que había en ese entonces, ya sea en ELMA, La Flota Fluvial del Estado, o en los buques tanques de YPF, etc.

No se le negaba el futuro al pobre. Recuerdo que un alumno, luego compañero en la DNVN, mencionó varias veces que gracias a la Escuela de Aprendices conoció el pan, nunca antes había comido pan y lo comió por primera vez en el comedor de la escuela. Con el testimonio de este compañero se resume y abarca todo, desde el ejemplo de estar todo el día en la escuela, estudiar, almorzar, trabajar, aprender y hacer gimnasia, sin tener tiempo para nada más que tu futura formación profesional, que era cierta y la percibías. Era un futuro laboral que hoy no lo tiene ningún estudiante de secundario ni  universitario. Las cosas buenas en el país se fueron destruyendo sistemáticamente y la Escuela de Aprendices Nº 2 no fue la excepción.

No solo había en Rosario escuela de aprendices, sino también en Paraná, Corrientes, Concepción del Uruguay, y en la ciudad de Buenos Aires, la que está hoy en manos de la Armada con el mismo nombre, la Escuela Nacional Fluvial. Ignoro si también en Bahía Blanca y Quequén había escuela de aprendices, presumo que sí, en cada distrito de la DNVN había una escuela de formación profesional.

No sé qué matrícula tenía el colegio, pero los cursos estaban llenos en los primeros años y luego se iban dividiendo en especialidades, haciéndose grupos mas chicos, como se aprecia en la foto de arriba, de mi curso 4to año Máquinas, y en la foto de más abajo de un curso en los primeros años.

Tengo los mejores recuerdos de ese humilde y gran establecimiento escolar, pero si hay algo que siempre tengo presente entre esos recuerdos, es la “máxima” escrita en el cartelito sobre la puerta por la que entrabas del patio de los recreos a las aulas, que en la primera foto de mi curso puede observarse. Y en ese cartel, que no podías dejar de ver al entrar al aula después de la formación para izar la bandera argentina y de los recreos, decía: “Serás lo que debes ser y si no, no serás nada”. Un gran mensaje para un joven aprendiz, pero también para toda una nación.

 

(*) Feliciano Ramos.  Capitán Fluvial. Ex Alumno Escuela de Aprendices Nº2 – Rosario. Miembro del Foro por la recuperación del Paraná

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La Bolsa y la mala educación

La Bolsa de Comercio de Rosario, el Ente Administrador del Puerto de Rosario (ENAPRO), y de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA), con el aval del Ministerio de educación de santa Fe,  anunciaron esta semana la puesta en marcha de un programa llamado “El río educa” para “educar a los niños y niñas de Santa Fe” sobre el río Paraná y el complejo agroexportador.

¿Pueden quienes quieren mantener el río privatizado y para provecho de unos pocos enseñar sobre un bien común como el Paraná? ¿Que pueden compartir sobre biodiversidad de nuestro delta quienes a diario lo contaminan y propician su devastación para ampliar un modelo productivo que los beneficia? ¿El estado provincial avala la tercerización del conocimiento en manos de estas instituciones?

Hace mucho tiempo venimos advirtiendo que La Bolsa de Comercio de Rosario, además de concentrar el poder económico de la provincia y el país, es la usina ideológica que genera la producción intelectual para justificar el saqueo en la Argentina.

Con un trabajo sostenido sobre los profesionales en formación moldea los programas de las Universidades públicas, como la Universidad Nacional de Rosario y la Universidad del Litoral, principales objetivos de esta usina de los monopolios agroexportadores y los grandes propietarios de la tierra.

Con cursos, becas y hasta una Diplomatura en Gestión de Puertos y Vías Navegables en la UNR, se impone la visión de La Bolsa, Jan de Nul (la empresa belga que tiene hace 25 años el dragado del Paraná) y las empresas privadas del rubro por encima de cualquier visión crítica basada en los intereses de los argentinos y argentinas.

Por otro carril, desde la entidad, influyen sobre los grandes medios de comunicación intentando generar consensos y aceptación sobre el rumbo económico que intentan impulsar en el país, las obras que consideran necesarias y las políticas económicas que quieren o que rechazan, siempre para su propio beneficio.

No hay otra manera que trabajando sobre las ideas de la sociedad de que este rumbo, que va demostrando a cada paso su grosera inequidad y perjuicio para las grandes mayorías, pueda ser aceptado.  En este último tiempo redoblan esfuerzos por blindar sus ideas para explicar lo inexplicable: como crecen la producción y el ingreso de divisas a niveles inusitados, record de las últimas décadas, mientras 9 de cada 10 trabajadores no sobrepasa la línea de la pobreza y crecen la desocupación y el hambre.

Pero esta semana cruzaron una línea que es escandalosa.

Quienes pugnan por mantener privatizado el rio y el comercio exterior en manos de monopolios extranjeros para sostener el saqueo, impedir el efectivo control de lo que circula por nuestras vías navegables, y en última instancia impedir la soberanía plena de la Argentina, se proponen como educadores de nuestros pibes y pibas sobre el Paraná.

¿Pero por qué quieren educar a nuestros hijos e hijas sobre el Paraná?

En primer lugar parece una respuesta a la fenomenal movilización, que estos últimos años, desarrollan miles de militantes; intelectuales; periodistas y referentes políticos, sociales y sindicales rescatando la concepción de soberanía tan pisoteada en nuestro país.

Libros, conferencias, charlas, videos y encuentros siembran soberanía, hacen docencia patriótica advirtiendo la necesidad de recuperar lo nuestro, hoy en manos de unos pocos monopolios extranjeros y sus socios locales y socializar así la felicidad entre nuestro castigado pueblo.

La educación de los poderosos, a diferencia de la educación popular nacida de las entrañas de las mayorías, tiende a conservar las cosas como son. A que no haya grandes transformaciones. Educan para sostener un rumbo que sòlo a ellos favorece.

Lo hacen, por supuesto, presentándose como grandes benefactores desinteresados. Como escribía el gran Eduardo Galeano  en “Patas Arriba: Escuela del Mundo al Revés”:

“En estos tiempos neoliberales, los derechos públicos se reducen a favores del poder, y el poder se ocupa de la salud pública y de la educación pública, como si fueran formas de la caridad pública, en vísperas de elecciones”

El programa acordado entre las entidades esta semana se llama “El Río Educa” y contempla visitas de los estudiantes de primaria y secundaria al museo de la Bolsa para conocer la historia de la institución, de sus mercados y del comercio de granos en la región, una charla informativa en la nueva terminal fluvial y un viaje en barco para “conocer desde el río lo que es el puerto de Rosario, la vía navegable troncal, la zona de humedales y el puente Rosario Victoria, desde donde dónde podrán ver el polo agroindustrial más importante del mundo”

Según Miguel Simeoni, presidente de la BCR, “creemos que a través de esta iniciativa, cuando los alumnos conozcan lo que es la Bolsa, los mercados y puedan ver el trabajo que se hace en el puerto con las embarcaciones, podrán compartir con sus familias los conocimientos y generar un circulo virtuoso de información”

¿Qué pueden enseñar sobre los humedales y la conservación de nuestro ambiente quienes diariamente arrojan miles de litros de desechos sin control a nuestro Paraná como mostramos en el documental “Los 100 caños, enemigos ocultos del Paraná”?

¿Qué pueden explicar sobre el funcionamiento de los mercados quienes esta misma semana protestaban y rechazaban los controles de la AFIP y la Aduana por “burocráticos”  como hizo Ciara esta semana en su cuenta de Twitter, mientras se comprueba a cada paso las maniobras de evasión de impuestos y subfacturación de sus empresas? Son los que rechazan los pocos controles que todavía sostiene el estado en los enclaves coloniales en que se han trasformado los puertos de nuestra región.

¿Cuando dicen que enseñarán la historia de la institución, le contarán a nuestros pibes y pibas que Alberto Padoan era presidente de la entidad cuando estafó a miles de productores agrarios y al Banco Nación con Vicentin?

¿Cómo pueden explicarle a nuestros niños y niñas el trabajo que se hace en el río los que mienten sistemáticamente sobre la capacidad humana y técnica de la Argentina, en la fabricación y desarrollo de las dragas necesarias para hacer, por nosotros mismos, el trabajo que hacen los privados desde el menemismo?

Y es preocupante, aunque no inesperado, que esto se lleve adelante con el aval del Ministerio de Educación de la Provincia de Santa Fe. Ya en mayo se firmó un convenio entre la BCR y el Ministerio de Educación de Santa Fe para que estudiantes secundarios de escuelas técnicas y agro técnicas realicen prácticas profesionales. Y esto sigue la misma línea.

Y no es un problema en este caso de articulación público/privada, o de lo que puedan aprender los y las estudiantes del mundo productivo, sino que son instituciones que representan a quienes tienen intereses contrapuestos con los de la patria y los de las mayorías populares.

Como explica Paulo Freire en su “Pedagogía del oprimido” hablando de los mecanismos de dominación cultural que utilizan los poderosos en la educación:

“En verdad, toda dominación implica una invasión que se manifiesta no solo físicamente, en forma visible, sino a veces disfrazada y en la cual el invasor se presenta como si fuese el amigo que ayuda. En el fondo, la invasión es una forma de dominar económica y culturalmente al invadido. En la invasión cultural, es importante que los invadidos vean su realidad con la óptica de los invasores y con la suya propia. Cuanto más mimetizados estén los invadidos, mayor será la estabilidad de los invasores. Una condición básica para el éxito de la invasión cultural radica en que los invadidos se convenzan de su inferioridad intrínseca”

Es fundamental ante estos intentos de colonizar cada vez más temprano las cabezas de nuestro pueblo, avanzar en la educación liberadora, que tienda a transformar lo que hay que transformar para desarrollar nuestro proyecto colectivo de país. Una educación que además no solo sea de especialistas sino que se apoye en la vastísima experiencia de nuestro pueblo y los actores que han construido el entramado productivo que nos llevó a ser potencia en otros tiempos.

Los y las trabajadoras vinculados al sector de las vías navegables, pescadores, aquellos militantes que ponen el cuerpo para defender el ambiente agredido por estos monopolios a diario, intelectuales comprometidos con su patria, docentes que militan diariamente por una patria justa, libre y soberana y muchos actores más.

En ese protagonismo educativo reside nuestra esperanza y ante este avance de la pedagogía de los poderoros, de la maña educación, seguimos trabajando en alimentar la “contraescuela” que Galeano supo definir tan brillantemente.

“El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: así practica el crimen, y así lo recomienda. En su escuela, escuela del crimen son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación. Pero está visto que no hay desgracia sin gracia, ni cara que no tenga su contracara, ni desaliento que no busque su aliento. Ni tampoco hay escuela que no encuentre su contraescuela”

(Eduardo Galeano – El mundo patas para arriba)


Germán Mangione. Periodista, miembro del Foro por la Recuperación del Paraná y Soberanía Popular San Lorenzo y del Instituto Soberanía.

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