Por Feliciano Ramos (*)
La Argentina hoy, como nunca, está de rodillas ante el imperio opresor y voraz. Un gobierno de ocupación hace sufrir, con sadismo, al pueblo hasta el extremo soportable y más allá. El verso de los gobiernos neofascistas de que suframos hoy en aras de un mañana mejor es una mentira que se repite sobre un pueblo que, sorprendentemente, lo cree reiteradamente, como si fuera un mantra. Una mentira infantil, idiota, fácilmente desechable, se cree, se sufre y hasta se acepta, sin remedio, hasta el suicidio.
¿Quién les dijo que para estar bien mañana hay que estar mal hoy?
Es difícil entender cómo una idea tan absurda puede llegar no solo a creerse, sino también a aceptarse. Los países se desarrollan aumentando el bien común, no restringiéndolo. Y más cuando, como siempre se hace, se ajusta al pueblo, a los de abajo, mientras que a los de arriba los subsidiamos y les bajamos impuestos. Es una constante de este tipo de gobiernos, que se repite sin remedio y sin resultados.
La pregunta es: ¿cómo el pueblo votante no advierte lo que está siempre cantado? Es que la mayoría de los argentinos están distraídos en sus propios problemas y piensan, por un lado, que “gobierne quien gobierne, yo tengo que ir a trabajar”, lo que no es tan así. ¿Cuántos habrán votado, si no, su propio despido? Y, por otro lado, tienen aversión a la política y no quieren saber nada de temas políticos, sin saber que la política les puede cambiar la calidad de vida para bien o para mal.
En este sentido, es posible comparar al argentino de bien que trabaja, no cree en la política y cree que la política no lo alcanza, con el habitante del litoral argentino al que no le importa lo que pasa en su río y no llega a conectar la canilla de su hogar con el río mismo, bebiendo de ella o tomándose unos mates con el agua del río sin saber que es posible que esa agua contenga glifosato y otros pesticidas.
Agrotóxicos que penetran las napas si tomás agua de pozo y que, si tenés la suerte de tener “agua corriente”, son llevados a los ríos —donde están las tomas de agua de las ciudades— a través de las lluvias que “lavan” los campos sembrados y fumigados y van a parar a riachos que desembocan en los ríos Paraná, Uruguay o Río de la Plata, o tal vez desemboquen en el mismo río.
¿No sabemos o no queremos saber? Pretendemos vivir una vida ermitaña, ajena a las decisiones políticas y a la corrupción dentro de una sociedad. Islas humanas que trabajan y luchan, como las buenas personas que son, pero que no se vinculan con la idea de que vivimos en una sociedad “conectada” a las decisiones de los vecinos de al lado, pero mucho más a las de los poderosos políticos y económicos que pretenden lucrar sin importar si te enferman o no, si te dañan o te matan.
El individualismo solo le sirve al poderoso y un pueblo unido hace temblar al poder.
De este individualismo se sirvieron —y lo alentaron— las dictaduras y los gobiernos “democráticos” de entrega, cipayos y traidores a la patria, fueran del color político que fueran. Por eso, en el gobierno de Menem, que prometía revolución productiva y salariazo, se dio la mayor entrega jamás vista en la Argentina. Tanto es así que hubo otro país antes y después de Menem: de un país poderoso, industrial, con astilleros, marina mercante, puertos propios y una importante red de ferrocarriles estatales, pasamos a estar de rodillas ante el imperio, llamando “relaciones carnales” a lo que claramente fue una violación de la soberanía de un país, una lisa y llana entrega cipaya.
Hoy el pueblo argentino y la patria toda sufren, con dolor, una nueva y remixada etapa de entrega, llevada adelante por un gobierno de ocupación.
¿Cuál es la diferencia entre la entrega de los 90 y esta nueva y cruel entrega del país?
La enorme diferencia es que, en la década de los 90, el gobierno cipayo pudo entregar el país solapada y secretamente, y se aseguró de que durante décadas el pueblo se mantuviera ignorante de esta entrega. La mayor entrega ocultada fue la del comercio exterior argentino y la del río Paraná, entre otras.
Hoy la población sabe, está enterada. Desde hace una década, los que luchamos por un país soberano hemos destapado una gran olla: la del saqueo, la del gran robo del río Paraná y sus puertos y, con ello, el robo de la esperanza y del futuro. El río Paraná para unos pocos y, a su vera, la pobreza para muchos. La olla del saqueo está destapada. Muchos saben que la Argentina sangra por las barrancas del río Paraná, y muchos más lo sabrán y lo contarán. Ya nunca más estará oculta la entrega.
Hoy los argentinos sabemos que con la destrucción de los Ferrocarriles Argentinos, la Marina Mercante Argentina, la extranjerización de los puertos y de los ríos Paraná, Uruguay y de la Plata, se pone a la patria de rodillas y a merced del saqueo organizado. Lo sabemos y luchamos para recuperar lo que es nuestro, cosa que, desde Menem hasta hoy, ningún gobierno trató de hacer. Ningún gobierno trató de revertir esta entrega: la prolongaron, la continuaron y, en algunos casos, la profundizaron, como ahora. Pero ahora los argentinos gritamos fuerte: “La Patria no se vende, se defiende”.
¿Qué harían en otros países con los funcionarios y políticos jinetes de la entrega, de la traición a la patria?
También la Justicia fue y es cómplice de esta entrega. Por ejemplo, hemos denunciado reiteradamente las graves irregularidades en la licitación del dragado del río Paraná a 44 pies. Se denunció públicamente y ante la Justicia la falta de un estudio ambiental previo; los estudios apócrifos que pretendieron instalar como válidos; la cartelización de la licitación, excluyendo ex profeso a algunas empresas con pretextos infantiles; y el direccionamiento de la licitación hacia la empresa belga Jan De Nul.
Se colocó un piso en los pliegos de la licitación —como lo manifestó la empresa competidora DEME, que sostuvo que podía cotizar más bajo— para que nadie pudiera cotizar por debajo del piso de JDN. Con eso y con la incorporación de una carpeta técnica —que la única que puede presentar es JDN porque hace más de 35 años que está instalada en el país—, se direcciona la licitación directamente hacia esa empresa.
Creo que una contratación directa sería más disimulada que esta licitación trucha, a la que debemos impugnar y cuya anulación debemos pedir, sin importar el estado en que se encuentre.
Mientras tanto, las embarcaciones de la recientemente suprimida Dirección Nacional de Vías Navegables, en la isla Demarchi, están siendo saqueadas, y sus motores, desarmados y robados. Incluso la draga 256-C Capitán Núñez, la reparada draga 261-C Córdoba y la draga 32-C. Me parece raro porque, cuando estaba de capitán de la draga 261-C, la Prefectura pasaba vigilando por agua y por tierra varias veces al día. ¿Cómo no pueden ver el robo y el saqueo al patrimonio de todos los argentinos?
Esto no es casual: está pensado, organizado y provocado. Ya desde la década de los 90 la DNVN venía sufriendo el vaciamiento y la desinversión. Este gobierno cruel despidió a todos los tripulantes de la ex DNVN. Ahora, sin los trabajadores embarcados que mantenían y cuidaban las embarcaciones del Estado, estas no solo son saqueadas, sino que también se hunden por falta de atención del personal, por abandono y desidia, en el lugar más vigilado por agua, tierra y aire de CABA.
Se hundió el dique flotante más grande del país y también embarcaciones auxiliares del dragado (chatas barreras). ¿Casualidad o plan de destrucción de la última flota del Estado?
Hay rumores de que la adjudicataria de la licitación trucha de dragado del río Paraná quiere quedarse con los predios de la ex Dirección Nacional de Vías Navegables en la provincia de Entre Ríos: Distrito Paraná Medio (Paraná) y Río Uruguay (Concepción del Uruguay). El predio de Capital Federal (la isla Demarchi) ya lo tiene en usufructo gratuito desde la década del 90, donde utiliza, sin control, muelles, oficinas y galpones. Lo mismo ocurre con Emepa (exsocia de JDN), hoy Servimagnus, que también utiliza balizadores, muelles, oficinas y galpones, todos del Estado, o sea, de todos los argentinos.
Pregunto: ¿no deberían pagar las empresas JDN y Servimagnus por lo que usan gratuitamente del Estado? O, si no, ir a alquilar a otro lado y dejar lo del Estado para el Estado, no para privados. Personalmente, estoy cansado de ver cómo las empresas, extranjeras o no, usan gratuitamente bienes del Estado y se enriquecen con ellos. Se espantan de los planeros, pero ellos son planeros VIP.
El Estado vaciado y saqueado, y las empresas extranjeras que destruyen y se adueñan de todo gracias a los cómplices, cipayos y traidores argentinos.
Ganancia para pocos, pobreza para el pueblo.
“Peor que el gringo que nos compra es el criollo que nos vende”
22-8-26
(*) Feliciano Ramos
Capitán Fluvial
Miembro del Foro por la Recuperación del Paraná.
