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HISTORIA SOBERANÍA

Martín Güemes y el Encuentro de Guayaquil

Por Sergio Juan Coppoli

Hace 201 años, camino a las Higuerillas, a su agonía, marchaba Güemes en su  última cabalgata.

Hoy, en 2022, a 200 años del encuentro de San Martín y Bolívar en Guayaquil, pienso que Güemes fue el participante ausente de aquel encuentro.

La “historia oficial” sostiene que Güemes fue defensor de la frontera norte,  un caudillo que encabezaba a sus gauchos en una estrategia defensiva, porque San Martín dejó de lado la vía del Alto Perú para llegar a Lima.

Esta historia oficial “oculta” la misión de Güemes en el plan sanmartiniano.   No fue defensor de la frontera norte; esta era el río Desaguadero, al norte del  Alto Perú, límite con el Virreinato del Perú, y la declaración de Independencia  no fijaba límites a las Provincias Unidas de Sudamérica. Estaba sí, a cargo de  una táctica defensiva de guerrillas que abarcaba Salta del Tucumán y el Alto   Perú y al que había contribuido Belgrano designando algunos de sus mejores oficiales como gobernadores: Warnes, Álvarez de Arenales, Ortiz de Ocampo.  Un sistema de guerrillas cuyos héroes, no se iban a limitar a lo defensivo.

Por el llamado camino real, transitaron los ejércitos del rey y los ejércitos patrios durante la guerra de independencia.

Quienes dejaron de lado el proyecto de la “patria grande”, lo definieron defensor de la frontera norte para crear un país agroexportador, con centro  en el puerto de Buenos Aires, con tierras en pocas manos, asociados a los ingleses y dando la espalda a las provincias al norte de Córdoba.

Güemes, decisivo en Suipacha, primera victoria patriota, tuvo desavenencias   con Castelli y Monteagudo y después con Belgrano. Enviado a Buenos Aires,  se conoció con San Martín en casa de los Escalada, sus lejanos parientes. ¿Qué hablaron entre ellos? Poco se sabe. Pero cuando San Martín reemplaza  a Belgrano, vencido en Vilcapugio y Ayohuma, llega en compañía de Güemes.  

Esta historia tiene aspectos conocidos: San Martín pide dejar el Ejército del Norte y ser nombrado gobernador de Cuyo. En Córdoba se reúne con Pueyrredón y logra apoyo a su plan de llegar a Lima vía Chile y el Océano Pacífico y dejar a Güemes encargado de esa línea defensiva. Después pide por Belgrano al mando del Ejército del Norte, es lo mejor que tenemos, dice.

En su breve paso, San Martín hace construir el recinto fortificado de La Ciudadela para dar seguridad a la fábrica de fusiles y el parque de artillería  existentes en Tucumán y para instruir militarmente a oficiales y soldados. Hay aspectos  desconocidos y ocultados: La Ciudadela, es lo que el Plumerillo  para el Ejército de Los Andes. El Ejército del Norte debía estar preparado para  pasar a la ofensiva sobre el Alto Perú e ir hacia Lima. San Martín nunca dejó  de lado la vía del Alto Perú para llegar a Lima.

Aunque nunca estuvieron reunidos los tres, San Martín ha hablado con Belgrano y Güemes, y Belgrano volcó su experiencia en el Alto Perú.

Entre Buenos Aires y Lima, la distancia es enorme, mayor a la existente entre  París y Moscú. Hay que atravesar pampas, montañas, mesetas y vencer  a los  mejores ejércitos  realistas. Ejércitos que ya han vencido las expediciones patriotas y ahora reforzados por tropas vencedoras de Napoleón. Se puede  confiar en una táctica de guerrillas que San Martín conoce pero no es su fuerte. La conocen, y se mueven en ella como pez en el agua: Güemes, Padilla, Azurduy, Warnes, Muñecas, Arenales.

La noche del 7 de junio se reúne con su hermana Macacha mientras el partido de la mal llamada Patria Nueva conspira. Allí, en  una emboscada, Güemes es herido de muerte. Los realistas, los que  añoraban la colonia, odiaban los impuestos para sostener la guerra y despreciaban el fuero gaucho, fueron los responsables.

Güemes agonizó diez días y fallece el 17 de junio de 1821.

El 12 de Julio de ese mismo año San Martín entraba en Lima pero Güemes no   pudo acudir a la cita y, tras su muerte, el partido de la “patria nueva”  firma un armisticio con los realistas.  San Martín, en inferioridad de medios, abandonado por una Buenos Aires que preparaba el nacimiento de la deuda externa con la Baring Brothers y los ingleses, fue a la entrevista con Bolívar en Guayaquil. Güemes no llegó a Lima, no estuvo en Guayaquil, y a la guerra  de independencia la finalizó Bolívar en el mando.

 

(*) Sergio Coppoli. Psicólogo. Miembro de Foro por la recuperación del Paraná.

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HISTORIA RIO PARANÁ SOBERANÍA

Sobre mares, ríos, puertas a la tierra y “soberanía”…

Por Sergio Coppoli*

“Del mar los vieron llegar mis hermanos emplumados,

eran los hombres barbados de la profecía esperada…”

Así comienza  “La maldición de Malinche”, canción de Gabino Palomares.

Los Invasores siempre llegaron por mar a nuestras tierras.

Vinieron por mar… Pero se encontraron con los grandes ríos navegables y por  esos ríos se internaron en tierra americana. Cuando llegaron a la  desembocadura del Paraná en el Atlántico, lo nombraron Mar Dulce. Después fue Río de la Plata, ya que por sus aguas pensaban llegar a la ciudad  de los césares, construida en plata, oro y piedras preciosas.

No había ciudad de los césares ¡pero había un Potosí!

Juan de Garay decidió abrir “puertas a la tierra”, puertos que permitieran llegar a ese Potosí y su mineral de plata, y fundó Santa Fe para que ese puerto permitiera unir  Asunción con el Potosí. Después fundó Buenos Aires para que esa puerta a la tierra también fuera una “puerta al mar” por donde llevarse las riquezas  rapiñadas.

Vinieron por mar… Tanto aquellos que supuestamente “descubrieron” nuevas tierras y las invadieron, en nombre del rey, como la task force inglesa que vino para usurpar nuevamente Malvinas.

Vinieron por mar… Tanto aquellos que venían buscando especias y metales preciosos para nutrir la avidez europea y el capitalismo naciente, como los  que ayer venían a traer sus manufacturas y llevarse nuestras materias primas en un negocio fabuloso para los poderosos de la tierra. Para ello pretendieron y pretenden hacerse dueños de puertos, ríos y barcos. Para que el negocio, de las potencias que mandan, sea más “completito”.

La guerra del Paraná, con hitos en la Vuelta de Obligado el 20 de noviembre  de 1845, en una derrota gloriosa de las fuerzas criollas, y en la Angostura del  Quebracho el 4 de junio de 1846, con una victoria decisiva de las fuerzas  comandadas por Lucio Mansilla, aseguró durante un tiempo el dominio  nacional sobre ríos y puertos. San Martín, con toda razón, equiparó estas acciones con la “guerra de independencia”.

Hoy, nos encontramos nuevamente en lucha por el dominio nacional de ríos, puertos, mares, barcos y astilleros. Una nueva etapa en esta larga lucha,  también equiparable con la guerra de independencia y la guerra del Paraná.

Soberanía es el dominio nacional sobre nuestras tierras, nuestros puertos, nuestros ríos, y nuestros mares. Y por una flota nacional, fluvial y marítima, que los navegue.

 

(*) Sergio Cópolli. Integrante del Foro por la recuperación del Paraná. Psicólogo.

 

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