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Mantener a China al margen, excluir a las empresas estatales e ignorar los estudios ambientales: ¿qué hay detrás de la privatización del río Paraná por parte de Milei en Argentina?

Por André Lucena

Editado por: Rodrigo Gomes

Fuente: www. www.brasildefato.com.br

El gobierno de Milei renueva la privatización de la principal vía fluvial del país, ignorando los riesgos ambientales y geoestratégicos.

El principal corredor fluvial de Argentina ha sido privatizado. El pasado viernes (19), el país concluyó el proceso de concesión del canal Paraná-Paraguay, responsable del flujo de alrededor del 80% de las exportaciones argentinas hacia el Océano Atlántico. 

La nueva concesión fue otorgada a la empresa belga Jan de Nul, en asociación con la empresa argentina Servimagnus SA. Esta empresa europea también resultó ganadora de la licitación celebrada en la década de 1990 y, por lo tanto, ya operaba la vía fluvial. Jan de Nul es la misma empresa que, este mes, firmó un contrato por valor de R$ 617,9 millones para el dragado y profundización del canal de navegación del Puerto de Santos.

La mayor concesión a la empresa privada bajo el gobierno de extrema derecha de Javier Milei está marcada por acusaciones de manipulación de licitaciones, exclusión de empresas estatales —incluida una disputa geopolítica entre Estados Unidos y China— y falta de estudios de impacto ambiental. En medio de las cifras y los intereses creados, también aumentan las advertencias sobre los riesgos para la soberanía nacional.

El procedimiento fue suspendido por los tribunales argentinos tras la impugnación de la empresa brasileña DTA Engenharia, que alegó parcialidad y requisitos restrictivos en la licitación del gobierno de Milei. Finalmente, DTA fue excluida del proceso de licitación. La empresa incluso anunció que presentaría una propuesta por debajo del presupuesto mínimo establecido por el gobierno argentino, argumentando que no existían las garantías necesarias para la ejecución del proyecto.

Este tramo de carretera no solo transporta el 80% de las exportaciones argentinas, sino también casi la mitad del consumo mundial de proteínas vegetales y animales. Solo en la región hay sesenta terminales portuarias.

“Lo que estamos viendo es la rendición del derecho soberano de un país”, resume Fernando Míguez, presidente de la Fundación por la Paz y el Cambio Climático, en conversación con Brasil de Fato.

Luciano Orellano, representante del Foro por la Recuperación del Paraná, acusa al proceso de parcialidad. “Ninguna empresa podía ser estatal. Un ejemplo de ello es el rechazo a la empresa china. Exigían experiencia que solo tenía Jan de Nul, que ya estaba en funcionamiento. La idea era excluir al principal competidor, que era China. Además, el proceso de licitación se llevó a cabo sin estudios de impacto ambiental”, explica a Brasil de Fato.

La concesión abarca 1.635 kilómetros del canal, desde la confluencia de los ríos Paraguay y Paraná hasta el estuario del Río de la Plata. Además de profundizar el canal, el gobierno también pretende implementar nuevas tecnologías para combatir el narcotráfico a lo largo del mismo. Sin embargo, todo esto estará bajo la gestión del sector privado, que será responsable del cobro y la administración de los peajes.

A cambio, Jan de Nul promete reducir los costos logísticos en un 13,5%. Esto no sin obtener una ganancia significativa. Además del cobro de peajes, la empresa espera obtener beneficios del mantenimiento, el dragado y la señalización de los canales. Se prevé alcanzar unos ingresos anuales promedio de 628,2 millones de dólares estadounidenses.

A pesar de la ventaja competitiva, la victoria de Jan de Nul no fue sencilla. El proceso de licitación comenzó apenas en mayo pasado, tras la intervención de la Agencia Portuaria Argentina y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).

Anteriormente, en febrero, Milei había cancelado el proceso. El gobierno no estaba de acuerdo con la presencia de una sola empresa competidora, la belga DEME. En el nuevo proceso de licitación, la propia DEME criticó que Jan de Nul hubiera recibido una “ventaja estructural”. El motivo: uno de los criterios que le valió la victoria fue la experiencia técnica, condición que la empresa belga obtuvo tras décadas de operación en el río Paraná.

Sin embargo, la propia Jan de Nul se vio bajo sospecha de tener vínculos con entidades estatales chinas. En mayo, el presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, el republicano Brian Mast, escribió una carta al secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, advirtiéndole sobre supuestos vínculos entre la empresa belga y agencias estatales chinas.

Ante la tensión geopolítica, Jan de Nul tuvo que declarar públicamente que, al obtener la concesión en Argentina, no permitiría la participación de empresas chinas ni la “injerencia de estados externos”, comprometiéndose a adoptar “soluciones tecnológicas proporcionadas por empresas occidentales”, priorizando, en particular, las de origen estadounidense.

Impactos ambientales, riesgo para la soberanía

Luis Alberto Romero, argentino, conoce el río Paraná como pocos. Pescador de profesión, a mediados de la década de 1990 tomó la iniciativa de organizar una travesía en remo de más de mil kilómetros a lo largo del río para advertir a las familias ribereñas sobre los riesgos de la privatización de la vía fluvial argentina, iniciada durante la administración del expresidente Carlos Menem (1989-1999).

Tres décadas después, Romero vuelve a denunciar la explotación desenfrenada del río Paraná. Si Menem parecía insuperable a la hora de entregar activos argentinos al capital extranjero, Milei llevó el afán de reducir el Estado argentino al mínimo a otro nivel.

En una entrevista con Brasil de Fato, Romero lamenta que el río Paraná “haya estado sufriendo durante tanto tiempo”.

“En 30 años, la pesca ha ido en declive. Los peces son cada vez más pequeños. Hemos perdido 250 variedades de peces debido a esta pesca insostenible. La contaminación ha empeorado y muchos peces han empezado a aparecer muertos. La contaminación y el sobrecalentamiento han ido en aumento”, afirma.

Actualmente, existen más de 50 grandes represas hidroeléctricas en la cuenca del río Paraná. Para las familias, las consecuencias podrían ser únicamente la pérdida de cosechas y medios de subsistencia.

“Antes, la gente solía pescar en la ribera del río. Hoy, casi no queda nadie. El gobierno no ha definido la evaluación de impacto ambiental”. Fernando Míguez también advierte sobre los riesgos ambientales de privatizar la vía fluvial argentina.

Míguez explica que el drenaje excesivo en los llamados “humedales” del río —un ecosistema de transición entre los entornos terrestres y acuáticos— provoca erosión.

“Hay contaminación por peces. El intenso tráfico marítimo trae animales ‘exóticos’ a bordo. Estos animales se asientan en lugares que no son sus hábitats naturales. En otras palabras, terminan actuando como depredadores del ecosistema, causando daños a peces, caracoles y algas. Todo el mundo acuático del río Paraná termina sufriendo el ataque de la contaminación”, analiza.

En 2021, por ejemplo, el nivel históricamente bajo del río Paraná causó problemas con el suministro de agua potable y las actividades pesqueras en las comunidades locales, mientras que los animales acuáticos murieron al retroceder el río, algo que se pudo observar en los bancos de arena.

Ante esta situación, la fundación argentina está preparando una denuncia ante la Corte Penal Internacional. «Se trata de un acuerdo multimillonario, una concesión fraudulenta». El grupo ha presentado una demanda ante los tribunales argentinos. En el documento inicial —al que tuvo acceso Brasil de Fato— la organización advierte del riesgo de pérdidas superiores a los 7.000 millones de dólares para el Estado argentino a lo largo de los años. También se mencionan los posibles daños ambientales, dado que implica la profundización artificial del cauce del río.

Luciano Orellano sostiene que las vías fluviales tienen una “importancia primordial en asuntos geopolíticos”, lo que impulsa los intereses estratégicos en la ruta fluvial del país vecino.

“En un mundo multipolar, que tiende a la bipolaridad, una potencia como Estados Unidos tiene que controlar las vías fluviales. La seguridad energética fundamental del mundo reside en América Latina”, señala.

En los últimos meses, sectores de la oposición argentina han denunciado que el ministro de Economía, Luis Caputo, supuestamente favoreció los intereses de Washington en el proceso de licitación. El ministerio se limitó a afirmar que el proceso de privatización del río Paraná era legítimo, ya que había sido “validado por todo el sector privado y productivo del país”.

Según Orellano, “esto no es solo un problema regional, ni siquiera puramente comercial. Esto no ocurre en ningún otro lugar del mundo. Los barcos deben adaptarse a los ríos. No se puede poner un barco de 80.000 toneladas en tierra firme. Eso implica alterar el curso natural de uno de los ríos más importantes del mundo”.

Según él, “al realizar un drenaje más rápido y profundo, se acelera el curso del río y su propia descarga. Con la crisis climática y la sobreproducción de energía, hay una mayor necesidad de agua. Y, con menos agua, la situación empeora”. Orellano es autor del libro Argentina Sangra por las Barrancas del río Paraná, publicado en el país vecino por la editorial Ágora.

Mientras los intereses privados se intensifican en torno a las aguas del río Paraná, Orellano afirma que las protestas en remo contra la privatización continuarán. “Hay que saber para defenderse”, resume.

El pescador Luis Romero recuerda que, en la historia de Sudamérica, los ríos fueron cruciales en los procesos de colonización.

“Hay gobiernos que se venden. Entregan el territorio y a su gente, condenándolos a un futuro incierto y lleno de dolor. Las futuras generaciones sufrirán mucho si esto continúa”, dice a orillas del río en el islote Curupí, en la provincia de Entre Ríos, desde donde piensa seguir remando.

Historia neoliberal

La vía fluvial Paraná-Paraguay es un sistema de navegación que atraviesa cinco países sudamericanos (Argentina, Bolivia, Paraguay, Uruguay y Brasil), extendiéndose a lo largo de casi 3.500 kilómetros. En el caso de Argentina, las banderas internacionales se alternan en los buques que navegan por esta vía desde hace algún tiempo.

En 1996, Menem, interesado en la apertura de la economía argentina, impulsó la primera privatización de ese tramo. Su objetivo era permitir la entrada de grandes buques al río Paraná y la carga de mercancías en sus puertos.

Animado por el clima económico favorable del país, que aún disfrutaba de los beneficios de la paridad peso-dólar —una medida que posteriormente condujo a la histórica crisis económica de 2001—, el gobierno de entonces otorgó la concesión a la empresa belga Jan de Nul, que operaba en asociación con la empresa argentina Emepa, a través del consorcio Hidrovía SA.

La situación se mantuvo hasta 2021. Con la expiración de la concesión, el gobierno de Alberto Fernández [2019-2023] retiró formalmente la vía fluvial de las manos del consorcio Hidrovía SA y transfirió el control de la vía fluvial a la Administración General de Puertos (AGP), en un esquema transitorio.

En la práctica, sin embargo, la transición no alteró la ingeniería operativa existente. Si bien AGP asumió la administración, el cobro de peajes y la coordinación del sistema, los servicios de dragado y balizamiento continuaron realizándose mediante contratos de emergencia y temporales. Jan de Nul, el antiguo concesionario, permaneció en la operación.

El modelo provisional se prolongó durante años sin que se completara una nueva licitación a largo plazo. Fue precisamente esta brecha la que Milei acaba de cerrar, transformando la transición en una nueva concesión privada y volviendo a colocar a Jan de Nul en el centro de un acuerdo multimillonario.

En los últimos treinta años, empresas extranjeras como Bunge, Cargill, Louis Dreyfus y Viterra se han convertido en figuras destacadas a lo largo del río Paraná. Para estos grupos, no solo se ha facilitado la navegación, sino también el tránsito por los puertos, que son de propiedad privada y carecían desde hace tiempo de una regulación más estricta.

A principios de 2025, Milei disolvió la AGP, despidiendo a casi el 80% del personal de la agencia y acusando a la entidad de ser una “nido de corrupción”.

A pesar de estar exentas de la supervisión estatal, las empresas no pudieron evitar las condiciones naturales del río: el exceso de barcos en un canal estrecho provocaba que las embarcaciones encallaran con frecuencia. Por lo tanto, fue necesario ensanchar el río.

El año pasado, Milei, empresa vinculada al sector exportador, celebró un nuevo acuerdo de dragado. Una de sus cláusulas prevé profundizar el canal de 11,9 metros (36 a 39 pies) en cinco años. A pesar de este beneficio, algunos empresarios exigen una excavación aún mayor. Por lo tanto, el acuerdo contempla la posibilidad de ampliar la medida en el futuro, sin ofrecer más detalles.

En 2026, la concesión del Canal Paraná-Paraguay representó una victoria política muy necesaria para Milei. Esto se debió a que, al llegar al poder en diciembre de 2023, el entonces combativo candidato prometió privatizar la petrolera estatal YPF, Aerolíneas Argentinas e incluso el Banco de la Nación Argentina.

Pero tuvo que frenar su ímpetu. De lo contrario, no habría podido aprobar —como lo hizo en julio de 2024— la Ley Marco (conocida como Ley Ómnibus), que permitió la desregulación. Sin embargo, seguía siendo necesaria una privatización a gran escala, algo que se convertiría en una especie de sello distintivo del gobierno.

Citado

En una carta, DTA Engenharia informó que había presentado una denuncia ante la Fiscalía General de Argentina por presunta manipulación de la licitación. La empresa brasileña declaró que cotizó una tarifa base de US$3,59 por tonelada para una de las etapas de la operación, por debajo de la tarifa mínima (US$3,80) estipulada en la licitación.

La razón aducida fue “no ser cómplice de la mala conducta de la administración pública, entendiendo que se trata de una ‘mala práctica’ de la autoridad, que sirve a intereses concertados con las empresas y, por lo tanto, merece ser investigada debido al riesgo de perjuicio para la administración pública”.

Brasil de Fato contactó a la empresa Jan de Nul y al Ministerio de Economía argentino, pero no recibió respuesta al momento de la publicación. El espacio queda abierto para cualquier comentario adicional.

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ECONOMIA

La deuda pública

 

Por Sergio Arelovich (*)

Si hubo y hay un factor DETERMINANTE QUE CONDICIONÓ Y sigue CONDICIONANDO la autonomía en la acción de los gobiernos desde el retiro de la dictadura hasta hoy, ese factor es la deuda.

Como paso preliminar hay que precisar de qué deuda estamos hablando. Para definirlo con precisión, hablamos de la  DEUDA DE CARÁCTER FINANCIERO DE LA ADMINISTRACIÓN CENTRAL DEL ESTADO NACIONAL

Esta larga descripción nos hace saber:
  1. que hay deuda NO financiera del estado nacional, la llamada flotante, que se compone de deudas comerciales con proveedores, deudas salariales y contribuciones patronales, deudas con beneficiarios de jubilaciones y pensiones, deuda CON provincias y municipios.
  2. que hay deuda DE los estados sub nacionales, sea financiera o flotante
  3. que hay deuda PRIVADA sea de empresas como de hogares
  4. que hay deuda estatal no registrada, como la emergente del fallo de la justicia federal en relación al financiamiento universitario
La deuda sobre la cual hablo tiene a su vez un conjunto heterogéneo de condimentos, tales como:
  1. MONEDA de emisión y de pago: pesos, pesos ajustables, dólares, euros, yens, yuanes, derechos especiales de giro que es la moneda de cuenta del FMI
  2. JURISDICCIÓN para resolver los conflictos entre las partes: nacional, New York, Londres, Tokio, etc
  3. TIPO DE ACREEDORES: INTRAESTATAL con otras agencias del estado nacional, eventuales con provincias y municipios corporizada en avales por los contratos en moneda extranjera; con ORGANISMOS bi o multilaterales de crédito tales como el FMI, la CAF, el BID, el BIRF; TENEDORES PARTICULARES de letras y bonos, TENEDORES CORPORATIVOS de letras y bonos como Black Rock, Vanguard u otros buitres.
  4. Lugar de RESIDENCIA DE LOS ACREEDORES: en el país o en el extranjero. Esto define si es deuda interna o externa, no la moneda ni los tribunales intervinientes sino el domicilio del acreedor.
  5. Tipos de INTERÉS: fijo, variable, cero, capital ajustable, capitalizable.
  6. GARANTÍAS o cláusulas de aseguramiento públicas u ocultas
  7. GRADOS DE EXPOSICIÓN a comportamientos parasitarios corporativos.

La incidencia que ha tenido y sigue teniendo la deuda financiera de la administración central del estado nacional y de los sub nacionales en la construcción de los procesos de ejecución presupuestaria, precisan:

  1. un menú de abordaje teniendo en cuenta la MULTIMENSIONALIDAD que mencioné.
  2. revisar y ponderar los ANTECEDENTES propios e internacionales de salvataje, quita y esperas en materia de deuda estatal.
  3. asumir que será necesario operar en DOS PLANOS: a) un conjunto de propuestas para abordar la situación actual orientada a DESAGIAR el stock de deuda, REESCALONAR vencimientos a cargo del estado nacional y b) un nuevo tipo de ASEGURAMIENTO SOBERANO para operar hacia el futuro en materia de deuda. A esto puede agregarse la posibilidad de resarcimiento a partir de la definición de responsabilidades.
  4. aceptar que todo proceso de investigación y/o de cuestionamiento de los procesos de endeudamiento abrirá una VENTANA DE INEVITABLES CONFLICTOS frente a lo cual la suma de voluntades y la calidad de su articulación será clave.

En los foros que participo ligados al problema de la deuda, he propuesto la necesidad de crear y dar sanción legislativa a la puesta en marcha de un código de fondo, así como existe el civil-comercial, el penal, el aduanero, el minero, el aeronáutico, el alimentario. Un CÓDIGO DE DEUDA que tenga aplicación tanto al sector estatal como al privado.

No me voy a referir al alcance, contenido y características de ese CÓDIGO porque excede la temática de esta mesa. Es claro que sería utilizable para lo que ocurra de ahora hacia adelante.

Entonces … ¿QUÉ HACER CON EL STOCK DE DEUDA?

  1. Definir una política de transformación de la deuda intraestatal en otro tipo de concepto. Por ejemplo: la deuda con el fondo de garantía de sustentabilidad (FGS) es hija del proceso de privatización de la administración de los aportes de trabajadores y trabajadoras desde julio de 1994, al crearse las AFJPs. Al privatizar la administración de los aportes de los trabajadores, ANSES entró en un cono de déficit que obligó al estado nacional a buscar financiamiento. La fuente principal fueron los fondos que acumuló el entonces llamado fondo de jubilaciones y pensiones administrados por la AFJPs. Desde ese momento el tesoro nacional PAGÓ INTERESES POR FONDOS QUE LE FUERON SUSTRAÍDOS fruto de la privatización. A fines de marzo de 2026 el FGS tenía un conjunto de activos financieros valuados en 112 billones de pesos, equivalentes a unos 76 mil millones de dólares. Entre tales activos financieros había títulos públicos en manos del FGS que sumaban -a esa fecha- 87 billones de pesos, esto es el 67% de todos los activos del FGS. Esto forma parte de la deuda financiera. Ratifico que esto es una deuda ficticia porque se originó en el desfinanciamiento de ANSES fruto de la creación de las AFJPs. Tal deuda debe ser anulada y reelaborada como compromiso de asistencia del tesoro a ANSES para el pago de beneficios previsionales. La arquitectura jurídica para desarmar esto no es sencilla ni inmediata pero tampoco imposible.
  2. Suspender todos los compromisos de pago con el sector privado, con bi y multilaterales de crédito, con otros actores no intraestatales. En forma concomitante iniciar un programa de investigación de TODOS los contratos de deuda con tales acreedores.
  3. La investigación debería tener diversas instancias, por ejemplo: una en el plano administrativo de la administración nacional, otra en el Banco Central, otra en la Comisión Nacional de Valores, otra a cargo de la justicia, finalmente otra en organizaciones de la sociedad civil. En relación de la deuda externa privada contraída con empresas vinculadas, deuda intrafirma, debe concentrarse la revisión en dos cuestiones centrales: la tasa de interés en comparación con alguna tasa internacional de referencia y la verificación que la deuda cancelada alguna vez ingresó al país.
  4. De resultas de la investigación surgirán contratos que merecerán ser aceptados o rechazados. En el caso de los aceptados no significa que deban serlo en su totalidad. La revisión debería alcanzar la evaluación de las tasas de interés aplicadas, los cargos, comisiones y otro tipo de costo no financiero. Ni la aceptación ni el rechazo deben inhibir la posibilidad de iniciar acciones de repetición.
  5. Finalizado el programa de revisión se estará en condiciones de elaborar un esquema de quitas, esperas, refinanciaciones y resarcimientos.
  6. Diseñar una estrategia de defensa soberana de nuestra reserva internacional, comenzando por la repatriación del oro, diversificando activos, disminuyendo la participación de activos en dólares, sustituyéndolos por otras monedas y definiendo criterios soberanos de localización de tales reservas.
  7. Construir un procedimiento para inhibir o dificultar la cesión de títulos públicos por un plazo determinado. Esto es para construir un pasivo con nombre y apellido inamovibles.

¿Qué hacer hacia adelante en materia de deuda?

Mucho para revisar, en principio construir una política eficiente de control cambiario, un programa de exteriorización de tenencias existentes fuera del sistema financiero. No hablo de blanqueo sino un conjunto de medidas de desestímulo a la tenencia fuera del sistema. Medidas comerciales, fiscales, penales. Esto asociado a un programa de defensa de la moneda nacional que entre sus capítulos tendrá uno vinculado con regulaciones en precios y en costos, otro sobre el régimen aduanero. En la transición hacia un nuevo régimen, debe existir regulación en torno de la residencia del acreedor, moneda de emisión, jurisdicción ante litigios.

Para terminar …. algo de información

Cuando se publican los informes de deuda se lo hace exhibiendo los saldos adeudados en concepto de capital y en el caso de operaciones ya vencidas se agregan los intereses por la mora. No se registra como deuda el conjunto de servicios de intereses por las operaciones en situación de pago normal, esto es a vencer. Esto es importante porque las obligaciones los incluyen. Por tanto, el peso de la deuda incluye tanto capital como intereses no vencidos a cancelar.

Al mirar la DEUDA DE CARÁCTER FINANCIERO DE LA ADMINISTRACIÓN CENTRAL DEL ESTADO NACIONAL uno encuentra un poliedro que ofrece todas sus caras, su multidimensión. La tarea inicial es:

  1. Determinar cuánto tiene como acreedora a otras agencias del estado nacional, es decir cuánto pesa la intraestatal.
  2. Descomponer las obligaciones en pesos de las que utilizan otros signos monetarios.
  3. Ver la residencia de los acreedores.
  4. Analizar qué tribunales intervendrían frente a litigios entre las partes.
  5. Evaluar la sostenibilidad de la estructura de vencimientos por capital e intereses.
  6. Analizar los grados de exposición en materia cambiaria fruto de las crecientes tenencias de títulos en pesos, en parte en manos de residentes y en parte en manos de extranjeros. Ante alarmas devaluatorias, las corridas serían inevitables y por su magnitud, imposibles de ser atendidas.

Con esta primera disección podemos empezar a imaginar estrategias para cada tipo de caso. La última información disponible es al 31 de mayo de 2026. Lo que dice esa data es –por ejemplo- lo siguiente:

  • Deuda intraestatal: 44% aproximadamente
  • Deuda en moneda local: 336,6 billones de pesos. Al 30/11/2023 era de 57,2 billones de pesos. El crecimiento lo fue muy por encima de la inflación. Una parte está en manos de no residentes en el país. Esta parte de la deuda exhibe con impudicia el efecto inicial del carry trade.
  • Deuda en moneda extranjera expresada en dólares: 240 mil millones de dólares mientras que al 30/11/2023 era de 264 mil millones de dólares. La baja está explicada centralmente por la cancelación de deuda el pasado 27 de mayo de 2026 que el tesoro nacional tenía con el Banco Central, utilizando los dividendos que este giró al tesoro. Si dentro de este segmento de deuda en moneda extranjera vemos la contraída con el FMI, la deuda saltó de 41 a 58 mil millones de dólares, habiendo pagado sumas extraordinarias en concepto de intereses.
  • Residencia: 33% aproximadamente está en manos argentinas.
  • Legislación aplicable: el 64% de la deuda, ante reclamos entre partes, se dirimirá en tribunales argentinos.

(*) Economista

El presente texto fue presentado en el marco del “IV Encuentro Federal por la Soberanía”

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LUCHA AMBIENTAL SOBERANÍA

La extracción terrestre de arena en Ibicuy abre un debate que ya no puede ser ignorado

Por: Fernando Ramirez (*)

Comunicado de SICONARA (Rosario)

Desde el Sindicato de Conductores Navales de la República Argentina – Seccional Rosario observamos con profunda preocupación la información pública conocida en los últimos días respecto de las investigaciones judiciales vinculadas a la explotación de arena silícea en la zona de Ibicuy, provincia de Entre Ríos.

Las actuaciones judiciales en curso, iniciadas hace varios años, exponen denuncias sobre presuntos impactos ambientales derivados de la extracción intensiva de arena en los humedales del Delta del Paraná, incluyendo el uso de grandes volúmenes de agua subterránea, la modificación del relieve natural y la posible afectación de un ecosistema de enorme valor ambiental.

Será la Justicia quien determine las responsabilidades que pudieran existir y si las explotaciones cumplen con toda la normativa vigente.

Sin embargo, desde SICONARA Rosario queremos señalar que este conflicto también evidencia un problema productivo y laboral que venimos denunciando desde hace tiempo.

Mientras miles de toneladas de arena destinadas a Vaca Muerta son transportadas diariamente por vía terrestre desde canteras ubicadas en Ibicuy, la flota argentina de buques areneros permanece con actividad reducida, afectando directamente el trabajo de marinos profesionales, conductores navales y tripulaciones altamente capacitadas para realizar esa misma tarea mediante el transporte fluvial.

La navegación comercial forma parte del desarrollo sostenible del país.

El sistema fluvial argentino dispone de trabajadores capacitados, embarcaciones especializadas y puertos preparados para integrar una logística más eficiente, con menor impacto sobre la infraestructura vial y con mayor generación de empleo nacional.

Por ello entendemos que resulta imprescindible abrir un debate serio acerca del modelo de abastecimiento de arena para Vaca Muerta.

Ese debate debe contemplar simultáneamente: la protección efectiva de los humedales; el estricto cumplimiento de la legislación ambiental; la preservación del empleo argentino; el fortalecimiento de la Marina Mercante Nacional; y el desarrollo de una logística fluvial integrada que aproveche las capacidades existentes en nuestro país.

SICONARA Rosario continuará impulsando propuestas que permitan compatibilizar el desarrollo energético nacional con el trabajo argentino, la protección ambiental y una política logística basada en la utilización de nuestros ríos, nuestros puertos y nuestros trabajadores.

No existe contradicción entre producir y proteger.

La Argentina puede abastecer a Vaca Muerta respetando el ambiente y generando trabajo para los trabajadores marítimos argentinos.

(*) Secr. Gral. Sindicato de Conductores Navales de la República Argentina (Seccional Rosario)

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RÍO PARANÁ SOBERANÍA

La Argentina acaba de entregar su propio Estrecho de Ormuz

La primera disputa en torno al Paraná es una disputa de sentido. Por eso insisto en hablar del río Paraná y no de la Hidrovía. No se trata de una cuestión semántica menor. “Hidrovía Sociedad Anónima” fue el nombre de la empresa creada en 1995 por la belga Jan de Nul y la argentina Emepa para administrar el dragado y balizamiento del principal corredor fluvial del país. Desde entonces, ese nombre fue desplazando al del río y, con él, una determinada concepción sobre su función, su administración y su propiedad.

Lo que está en discusión no es simplemente una vía de navegación. Está en juego el control de una infraestructura estratégica por donde circula cerca del 80% del comercio exterior argentino.

La reciente adjudicación de la denominada Vía Navegable Troncal constituye un nuevo capítulo de un proceso que comenzó durante el gobierno de Carlos Menem, continuó con sucesivas renovaciones de la concesión y perdió una oportunidad histórica en 2021, cuando el Estado nacional tenía la posibilidad concreta de recuperar el control sobre el Paraná y optó por no hacerlo.

Aquel año se anunciaron la creación de una empresa estatal de dragado y la conformación de un Consejo Federal con participación de las provincias ribereñas para administrar el sistema. Sin embargo, aquellas iniciativas quedaron en el camino y el país volvió a delegar una función estratégica en manos privadas.

Pero si bien la historia de la concesión tiene más de tres décadas, el contexto actual introduce un elemento nuevo y determinante: vivimos en un mundo atravesado por crecientes disputas geopolíticas. Las tensiones entre las grandes potencias ya no son una hipótesis académica sino una realidad visible en múltiples escenarios del planeta.

En ese marco, resulta imprescindible comprender que ningún país desarrollado deja en manos extranjeras el control de sus principales vías navegables. Estados Unidos administra el Mississippi a través del Cuerpo de Ingenieros del Ejército. China hace lo propio con el Yangtsé mediante organismos estatales. La razón es sencilla: quien controla la navegación controla información estratégica, comercio, logística y seguridad.

Por eso sostengo que la Argentina acaba de entregar su propio Estrecho de Ormuz.

La comparación puede parecer exagerada, pero sirve para dimensionar la magnitud de lo que está ocurriendo. El Paraná constituye una arteria vital para la economía nacional y para la inserción internacional del país. Sin embargo, su administración vuelve a quedar subordinada a intereses ajenos a los argentinos.

Durante el proceso licitatorio quedó además en evidencia la dimensión geopolítica de la disputa. Empresas extranjeras compitieron no sólo por un negocio millonario, sino también por demostrar quién representaba mejor los intereses de Estados Unidos estratégicos en la región. Lo hicieron incluso con cartas publicas y visitas a la embajada yanqui. La discusión nunca estuvo centrada en qué modelo de desarrollo necesitaba la Argentina ni en cómo fortalecer la soberanía sobre sus recursos.

A esta situación se suma una preocupación ambiental de enorme gravedad.

La profundización del canal navegable de 34 a 44 pies permitirá el ingreso de embarcaciones oceánicas de mayor porte hasta los puertos del Gran Rosario. Sin embargo, esta decisión se adoptó sin que exista un estudio integral de impacto ambiental que permita anticipar sus consecuencias.

Los problemas derivados del dragado actual ya son visibles. La modificación de los flujos sedimentarios afecta cursos secundarios de agua, altera ecosistemas y genera dificultades en zonas de humedales y lagunas donde se reproduce gran parte de la fauna ictícola del río. Si estos efectos se registran con la profundidad vigente, resulta legítimo preguntarse qué ocurrirá cuando el canal alcance niveles nunca antes explorados.

Lo más llamativo es que en ningún otro lugar del mundo los ríos se adaptan indefinidamente a las necesidades de los barcos. La lógica habitual es exactamente la inversa: son las embarcaciones las que se diseñan en función de las características naturales de cada sistema fluvial.

En Argentina, en cambio, se pretende transformar profundamente el Paraná para reducir costos logísticos a un reducido grupo de grandes compañías exportadoras. Los beneficios económicos de esta decisión no llegarán a los productores ni a la sociedad en su conjunto. Quedarán concentrados en un pequeño núcleo de empresas que dominan el comercio exterior.

Lo verdaderamente preocupante es el silencio político que rodea esta discusión.

La soberanía sobre el Paraná debería ocupar un lugar central en cualquier proyecto nacional de desarrollo. Por allí salen las exportaciones, ingresan divisas fundamentales para la economía y circulan mercancías cuyo control resulta clave para combatir delitos complejos como el narcotráfico y el contrabando.

Sin embargo, el tema permanece ausente de gran parte del debate público.

Cualquier fuerza política que aspire a construir una estrategia de desarrollo para la Argentina deberá responder una pregunta elemental: ¿cómo piensa hacerlo sin controlar la principal vía de comunicación y comercio del país?

La reciente entrega de la administración del Paraná no es un asunto técnico ni una cuestión sectorial. Es una definición estratégica sobre el futuro argentino. Y como toda definición estratégica, sus consecuencias se medirán durante décadas.

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SOBERANÍA

20 de Junio en Rosario: Sede del “repudio a Milei” y del “IV Encuentro Federal por la Soberanía”

Desde tempranas horas de la jornada del sábado, sectores sindicales, sociales, y políticos, como público en general, se movilizaron hacia la Plaza Pringles, donde tuvo lugar un acto para manifestar un fuerte y claro repudio a la presencia de Javier Milei en los actos oficiales por el 20 de junio en el Monumento a la Bandera, compartido conjuntamente desde la proximidad del inicio del IV Encuentro Federal por la Soberanía.

La ciudad reflejó así su contracara programática a esta presencia en un notable y significativo contraste, con la confluencia de amplios sectores en el Encuentro, donde entre un sinnúmero de tareas, preparativos previos, un impactante despliegue y patriótico entusiasmo, sus organizadores esperaban y acompañaban la llegada de numerosas delegaciones de la región y de los distintos puntos de Argentina.               

Con sede en la Facultad de Ciencias Médicas (UNR), el IV Encuentro contó con la adhesión de más de doscientas organizaciones de todo el país, con la presencia de referentes académicos, sindicales, políticos, sociales, del empleo y la producción, de los pueblos originarios, estudiantiles, luchadoras y luchadores de todos los ámbitos, de la región y de una diversidad de provincias argentinas. Protagonizando el Encuentro, se destacó la presencia de integrantes de delegaciones de países hermanos de la “Patria Grande”: Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay.

En un contexto plenamente rodeado y embanderado con la “celeste y blanca” que lo enmarcaba todo, el Encuentro se inició con un acto de apertura, con la conducción  de Evangelina Codoni y Germán Mangione, donde se compartieron a viva voz las consignas y objetivos de la convocatoria, y un manifiesto repudio a la presencia de Javier Milei en la ciudad, coherente con su contenido real y programático sintetizado en las expresiones “¡la Patria no se vende, se defiende!”; “¡seamos libres de toda dominación extranjera!”; “¡fuera yanquis de América Latina!”.   

A la par que las banderas argentinas flameaban en manos de los presentes, se entonaron apasionadamente las estrofas de nuestro Himno Nacional.  

Luciano Orellano, del Foro por la Recuperación del Paraná y el Encuentro Federal por la soberanía, se dirigió al público presente, realizando en primer lugar lo que expresó como un “desagravio a Manuel Belgrano”, acompañado por una contundente semblanza de ese “gran revolucionario”: su obra, sus ideas, desvelos, propuestas, e ideales “¡más vigentes que nunca!”. Envió un especial reconocimiento a la lucha sostenida por el hermano pueblo de Bolivia. Caracterizando la actual situación de un mundo en disputa, con guerras en curso, donde “vienen por todo”, y particularmente en América Latina ante la feroz voracidad del imperialismo yanqui, apuntó: “… Si hay algo que sintetiza la declinación de nuestra soberanía es la falta de un ‘proyecto soberano’. El espíritu de este encuentro es la búsqueda de una Argentina de cara al futuro, de una segunda emancipación. La Argentina carece de un proyecto para su pueblo. Buscamos construir un consejo nacional, federal, de planificación estratégica integral, con soberanía y emancipador, un verdadero proyecto colectivo que parta del principio de defender y recuperar lo nuestro, de poner en valor nuestro potencial material y sobre todo el tesoro de los ‘recursos humanos’ que sí tiene la Argentina. Un proyecto industrial que ponga en valor al mercado interno, a las economías regionales, al trabajo argentino y al empleo. Necesitamos crear ocho millones de puestos de trabajo industriales…”

Sobre el cierre del acto de apertura, tuvo lugar un momento colmado de emoción, cuando los Ex Soldados Combatientes de Malvinas, referidos por los organizadores como la “reserva moral de la Patria”, tomaron a los presentes simbólico juramento a la bandera, como reafirmación del compromiso por la defensa de la Patria, que culminó con aquella frase de Belgrano: “juremos vencer a nuestros enemigos interiores y exteriores y la América del Sur será el templo de la unión, la libertad y la independencia” y el grito al unísono de los presentes “sí, juro, ¡viva la Patria!”.

Previo al paso a los paneles-talleres, un emotivo y multitudinario “banderazo” coronó la apertura.

Refieren sus organizadores que “la jornada fue enmarcada en el día de nuestra Bandera Nacional, que Manuel Belgrano enarboló por primera vez ‘en desobediencia’ sobre las orillas del río Paraná, que la vieron nacer aquel 27 de febrero de 1812”, afirmando que en el actual contexto nacional e internacional “la Patria está en peligro” y citando a José de San Martín, expresan: “cuando la Patria está en peligro todo está permitido, excepto no defenderla.”

Este IV Encuentro Federal por la Soberanía  integró en su funcionamiento alrededor de veinticinco paneles-talleres, aproximadamente ciento cincuenta panelistas, que entre más de un millar de participantes denunciaron, abordaron, pusieron en valor  sus conocimientos y sus prácticas, debatieron, y delinearon colectivamente propuestas para la integralidad de los  problemas que hacen a nuestra soberanía nacional, con el fin de “consolidar la ambicionada plataforma de construcción de un programa soberano, popular, nacional y democrático para el futuro de la Argentina”, planteada como uno de sus principales objetivos.

Afirman desde la organización: “en medio de las políticas de entrega, saqueo, dependencia extrema, sumisión nacional, con riesgo de desmembrar Argentina al servicio de los grandes intereses extranjeros, el Encuentro es un lugar de intercambio de experiencias, de diagnóstico, pero sobre todo de una perspectiva liberadora, de futuro para el país, con una mirada de justicia social y soberanía nacional”.

Una “muestra soberana” con infografías en grandes paneles se visualizaba en el predio, con la intención de sus organizadores de “alumbrar en imágenes la entrega, el saqueo, la dependencia y extranjerización a la que sumergen y someten a nuestra patria, lo que se profundiza gravemente de modo acelerado en la Argentina actual en manos del gobierno de Javier Milei y todos sus funcionarios afines, como también infografías para visibilizar nuestras  riquezas, recursos y bienes comunes, nuestro patrimonio nacional, y las propuestas que harían posible otro rumbo para nuestro país y para la felicidad del pueblo”. Un stand con numerosa literatura complementaba este objetivo.

Luego de una exitosa y entusiasta jornada, desde este IV Encuentro Federal por la Soberanía reafirman la necesidad de la continuidad de este espacio que “ya hace historia y se viene fortaleciendo”, como la urgencia de multiplicar los esfuerzos por “profundizar y consolidar el rumbo de la más amplia unidad iniciado en las ediciones anteriores y reafirmado en esta edición 2026, como el único camino posible: ‘colectivamente’, con la necesaria e imprescindible unidad que nos exigen los tiempos que transitamos, en el sentido de un rumbo emancipador, que nos permita avanzar hacia la Argentina justa, libre y soberana que soñamos, donde en el trono de la vida cotidiana reine, definitivamente, la noble igualdad.”

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